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Columna de Opinión

El Voto voluntario refleja la democracia

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Un debate que se da siempre cuando estamos en época electoral es sobre la obligatoriedad del ciudadano para ejercer su derecho democrático de escoger libremente el representante de sus ideales en las esferas públicas.

¿Es necesario que exista una ley que obligue a los ciudadanos a votar?, ¿La poca participación es una forma de manifestarse?, ¿La forma voluntaria es la más adecuada?

Si bien la mayoría de las posturas sobre el voluntariado del sufragio recae que el concepto del voto dentro de la democracia es sobre un derecho en vez de un deber, la baja participación de la ciudadanía rige en una forma de manifestación contra el mundo político. Un descontento que apela en gran parte a buscar estrategias de concientizar y acercar los partidos políticos a la gente y crear una democracia desde sus cimientos mucho más participativa.

Sergio Bitar ex ministro de los gobiernos de Allende, Lagos y Bachelet apeló dentro de un debate de La Tercera que el voto debe ser obligatorio porque “no puede existir una libertad sin responsabilidad”, además que según él “la mayor abstención ocurre en los sectores de menores ingresos”. Por el cual el voto obligatorio debe existir hasta que se tenga una sociedad madura y responsable.

Pondremos a prueba ambas declaraciones que son bastantes simples pero que se pueden contrastar con los datos y números, donde una vez más el concepto teórico en la política se pone a prueba con la realidad y práctica de estos pensamientos que se encarnan mucho en la base filosófica y en pocas veces en la realidad social, cultural y educacional de toda una sociedad.

Una fecha crucial e importante de analizar es el plebiscito del miércoles 5 de octubre de 1988, donde los chilenos debían escoger por la permanencia de Pinochet en el poder o su salida más una próxima elección electoral.

Según las encuestas de esos años las personas votarían más por la salida de Pinochet no por los abusos a los derechos humanos, sino por la mala distribución del dinero, el 20% de desempleados y una suerte de ironía por el auge económico que muy pocos lo podían disfrutar.

El 25 de febrero de 1987 se abrieron los padrones electorales, donde un 91% de los posibilitados a inscribirse lo hicieron en muy poco tiempo, lo que llamó la atención de muchos políticos y además del miedo que existía dentro del oficialismo en ese entonces.

Finalmente se llevó a cabo el plebiscito en 1988 con un aplastante NO que representaba un 55.99% de los votos, mientras que el SÍ fue apoyado por un 44.01% del universo de 7.435.913 personas lo que correspondía al 59,48% de la población total de Chile.

Ahora remontémonos al año 2009 donde ocurrió la elección presidencial entre Sebastián Piñera y Eduardo Frei Ruiz Tagle, donde luego de una primera vuelta Piñera obtuvo un 51.61% de los votos del 86% del padrón electoral.

Y finalmente revisaremos la elección de 2013, donde se encontró en disputa la elección de Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, donde Bachelet ganó con un 62.17% y con una participación del 41.98 por ciento de la ciudadanía.

 

Es Hora de Analizar


¿Cuál es la diferencia significativa entre estas tres elecciones?, por qué en tan solo 4 años entre la elecciones de 2009 y 2013, cayó un 45 por ciento la participación electoral. Y de qué forma nos sirve analizar el plebiscito como base de estas últimas dos elecciones.

Durante la historia electoral de Chile los patrones de participación se mantuvieron sobre un 70 por ciento a excepción de 1901 con un 56%, 1910 con 35% y 1920 con un 35%, siendo el de 1920 con la menor participación electoral, pero el cual se encontraba en una grave crisis estatal, además de casos de cohecho por parte de la Unión Nacional, lo que en cierta medida entregaba un resultado muy poco fiable y bajo un escrutinio sin confianza en las autoridades.

En 1988 la decisión que tenía su ciudadanía era muy completa y por cierto importante, un pueblo que debatía no solo el futuro que tendría el país, sino su vida. Este referéndum apeló a la emocionalidad y la búsqueda de identidad del país por el cual la mayoría de las personas se sintió apelada y llamada a participar, cual fuese su postura ideológica. Más aún cuando los ciudadanos de Chile tuvieron esta complejidad se creaba una suerte de “cooperación mutua” ya que pese a la existencia de dos bandos claramente marcados, ambos buscaban entregar su postura en una votación que se encontraba muy cercana a un régimen democrático.

 

  • ¿Qué ocurrió entre 2009 y 2013?

Si bien la llegada del voto voluntario fue el 23 de enero del 2012, muchas cosas ocurrieron que de cierta forma complementaron y aumentaron considerablemente la no participación de la ciudadanía.

Claudia Heiss, Cientista política del Instituto de Asuntos Públicos, Universidad de Chile. Argumentaba que lo más importante dentro de la participación electoral no es darle la culpa al sistema, en cambio había que encontrar el verdadero síntoma, el cual se encuentra en los mismos políticos.

Durante los últimos gobiernos se empezaba hablar sobre la baja participación que estaba ocurriendo paulatinamente, la densa disputa entre derecha e izquierda, la ley del empate en el congreso y el legado del sistema binominal son partes fundamentales que alejaron a la ciudadanía a votar.

Más aún, el PNUD realizó en 2016 un estudio sobre la participación electoral llamado “Auditoria a la democracia” (PNUD), en el cual da a conocer las principales causas de la baja participación a la hora de votar y cuáles son los desafíos a considerar.

La ciudadanía opina que nuestro país (en una escala del uno al diez) es solo un 5 democrático, lo que emplaza directamente a nuestra red de transparencia que existe en nuestro Estado actualmente.

Otro punto a considerar es el funcionamiento democrático del Estado, donde un 40 por ciento de los encuestados dieron a conocer que cree que el funcionamiento es muy malo. Esto en base en su mayoría por la desigualdad social que existe, no se considera los derechos a los ciudadanos, existen casos de corrupción, hay una desconfianza e inseguridad de las instituciones.

Un 70 por ciento de los encuestados cree que ser mejor ciudadano es cuidar el medio ambiente sobre ir a votar (concepto que tiene un 38 por ciento).

Y quienes no van a votar son tres importantes puntos: Primero la política no le interesa, segundo porque cree que su voto no cambiará en nada las cosas y finalmente porque ningún candidato le gustaba.

Sumando la elección de poder ir a votar o no, más los casos de corrupción, la desconfianza que existe con el político y el gran coletazo del binomial terminó alejando considerablemente al electorado. Si hacemos una pequeña retrospectiva la culpa en su mayoría lo tiene el político y el gobierno, no la ley.

  • ¿Es necesario que exista una ley que obligue a los ciudadanos votar?

Analicemos la gráfica de EMOL, la participación internacional entre el voto voluntario y obligatorio es muy insignificante. La variación mayor ocurrió en 2010 con una diferencia de 10 por cientos entre estos conceptos, la variación fue aumentando entre 1990 a 2010 con el retorno al mundo globalizado y fuera de los regímenes factos de muchos países –especialmente Latinoamérica- lo que es un tanto preocupante.

En las últimas décadas hemos sido testigos de un sinfín destapes de corrupción, cohecho, problemas gubernamentales en todos los países. Puntos que recaen nuevamente en el mundo político que no solo afecta a Chile, sino a todo el mundo.

Bien decía Sergio Bitar que las libertades llevan una responsabilidad, por qué se debe estandarizar el voto como una forma obligatoria, si dentro del mismo hecho de no votar representa un acto de manifestación contra los órganos políticos.

 

  • ¿La poca participación es una forma de manifestarse?

Claudia Heiss habla de que una “representación requiere de una participación” y “lo contrario a la participación es una abstención”. Al menos en Chile, la baja participación en los últimos años no solo involucra las votaciones presidenciales, es más, las elecciones municipales son el mayor y claro ejemplo que la gente dejo de votar por múltiples factores.

En las últimas elecciones de 2016, un 35 por ciento de los habilitados para sufragar fueron a votar. Dentro de los puntos que  Heiss da a conocer es la poca credibilidad que existe con los políticos y además de la sobre reelección que existe en las elecciones municipales, incitando el “saldrá el mismo de siempre” bajando considerablemente la participación.

Entonces, ¿La poca participación es forma de manifestarse? Sí, la comunidad política ha destacado en los últimos años en sacar de la forma más simple sus conglomerados a flote y que mejor si hasta el sistema binominal potenció aún más esta estrategia.

El sistema binominal (hasta las elecciones parlamentarias de 2017) potenció que el sistema político quedara siempre en mano de los mismos y que nunca la ideología que marcaba el país en su momento quedara respaldada en el parlamento, ya que este sistema terminaba siempre haciendo un empate dentro de las coaliciones.

Esto aumentó el descontento de la sociedad, no le interese la política y que sienta que los candidatos no le llamen la atención y finalmente no exista ningún cambio importante en su vida o en el país.

En conversación con Seigi Miranda, periodista de La Cuarta, da a conocer que antes la gente no iba por el hecho del deber cívico, más bien era por “miedo a la multa”.

“El voto voluntario no es lo único que incide, actualmente la diferencia entre izquierda y derecha es ínfima”, esta poca diferencia aleja al electorado y crea la visión que todos son iguales ya que las “clases políticas están emparentadas“.

Según Miranda en las últimas elecciones el Frente Amplio trajo un nuevo aire a la política, ya que se aleja al concepto propio de la derecha e izquierda, haciendo una política mucho más atractiva que invita al electorado – en su mayoría más joven- a votar.

A diferencia del 2013 en 2017 aumentó un 8% la participación, que según Seigi Miranda se debió al recambio generacional que está ocurriendo en el último tiempo. “Quizás no es la mayor alza pero demuestra que una política más competitiva llama a la gente a votar”, argumentó.

 

  • ¿La elección voluntaria es la más adecuada?

En base a la gigante cantidad de datos que existen más la forma empírica de las elecciones tanto presidenciales, parlamentarias y municipales. Dan a conocer que la votación voluntaria es la más idónea pero perfectible.

Perfectible ya que requiere de un apoyo cívico fuerte y además de una democracia estable en un país. El apoyo cívico debe ir de la mano con la educación, en Chile en los últimos años se abogado por integrar nuevamente la clases cívicas dentro del currículo educacional, asignatura necesaria para hacer entender a las nuevas generaciones lo importante que es ser partícipe de la democracia, no tan solo con el acto de votar, también con la participación en diversos temas sociales y políticos de nuestra ciudadanía.

La democracia estable no se indica como responsable al Estado, sino a quienes integran los órganos del Estado y quienes son partícipes de la comunidad política.  La transparencia, competencia política, integrar un sistema que integre todas las ideologías existentes en el país, un método eleccionario que invite a todos a votar y que el acto de votar se ve reflejado en las votaciones y finalmente que los políticos se acerquen al electorado.

La transparencia en los dineros administrativos utilizados, que no solo exista la derecha e izquierda casi semejante, que el sistema demuestre que el voto vale y que no favorezca a las coaliciones, que la corrupción sea tratada como tal y no con eufemismos (donde gran culpa lo tiene la legislación y los medios de comunicación) y que el político no se apático y mire a la sociedad con desinterés, porque el valor del político es el que conoce a su sociedad y la defienda en las decisiones del país.

Además una de los puntos a defender la elección voluntaria es el desafío que origina para los políticos no tan solo a votar por ellos, en cambio también llamar al simple hecho de salir de sus casas para votar y darles a conocer porque su voto es tan importante. El voluntariado integra la concepción más grande sobre lo que piensa en la sociedad, porque nos apela a preguntarnos ¿Cómo fallamos como comunidad política? ¿Qué debemos hacer para remediarlo?.

“Una política cupular, poco permeable a la ciudadanía, generó por años la percepción de que lo relevante no se decidía en las urnas sino en otro lugar, a puertas cerradas”, argumenta Claudia Heiss.

Además  “es cierto que la ciudadanía no se agota en el voto. Los movimientos sociales, la opinión pública y las organizaciones sociales son también espacios cruciales para el ejercicio de ciudadanía. Pero también es cierto que la representación debe ser participativa si aspira a ser verdaderamente representativa. La representación requiere participación. Y lo contrario de la participación no es, como argumentan algunos críticos de la democracia representativa, la representación. Lo contrario de la participación es la abstención“.

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