fbpx
Connect with us

Ciencia

Así descubrimos qué pasa en las neuronas de las personas con autismo

Avatar

Publicado

el

El autismo afecta, al menos, al 2% de los niños en Estados Unidos, o lo que es lo mismo, a uno de cada 59. La enfermedad supone todo un reto tanto para los que la sufren como para sus padres o sus cuidadores. La situación se ve agravada por la ausencia de tratamiento médico debido, en gran parte, a que aún no hemos logrado comprender en toda su extensión cómo se desarrolla el autismo y cómo altera las funciones cerebrales.

Una de las principales razones por las que resulta tan complicado descifrar los procesos que provocan el trastorno es su elevada variabilidad. Pero entonces, ¿cómo podemos entender de qué manera el autismo cambia el cerebro?

Con la ayuda de una novedosa tecnología consistente en la secuenciación del ARN de células individuales, analizamos la química existente dentro de determinadas células cerebrales tanto en personas que sufren autismo como en individuos que no padecen ningún trastorno. Los resultados arrojaron diferencias considerables entre unos y otros que podrían ser el motivo de la enfermedad. Estas diferencias que parecen ser específicas del autismo, podrían resultar de gran utilidad para el desarrollo de nuevos medicamentos.

Trabajo como neurocientífico en el laboratorio de Arnold Kriegstein, investigador del desarrollo del cerebro humano en la Universidad de California, San Francisco. Desde la adolescencia me sentía fascinado por las similitudes entre el cerebro y los ordenadores.

Los procesadores conducen un flujo de información a través de elementos electrónicos interconectados llamados transistores. Al establecer conexiones entre estos pequeños componentes se crea un complejo mecanismo capaz de desarrollar funciones que van desde procesar pagos con una tarjeta de crédito hasta el pilotaje autónomo de una nave espacial. Si lo simplificamos hasta el extremo, el cerebro humano es, en muchos casos, como un ordenador. Posee células conectadas entre sí, las neuronas, que procesan y dirigen el flujo de información mediante un proceso llamado transmisión sináptica, en el cual una neurona envía información a otra.

Cuando comencé a dedicarme a la ciencia profesionalmente me di cuenta de que multitud de enfermedades del cerebro humano se deben al funcionamiento defectuoso de determinados tipos de neuronas, de la misma manera que un transistor puede no desempeñar correctamente su función dentro de un circuito impreso, ya sea por un error de fábrica o por el desgaste producido por el uso.

La importancia de los mensajes transmitidos por el ARN en la función cerebral


Todas las células de cualquier organismo vivo están compuestas por los mismos tipos de biomoléculas. Algunas, las llamadas proteínas, crean estructuras celulares, catalizan las reacciones químicas y llevan a cabo otras funciones dentro de la propia célula.

El ADN y el ARN, dos tipos de moléculas relacionadas entre sí, están compuestas por secuencias de tan solo cuatro elementos básicos y sirven para que la célula guarde información. El ADN almacena la información hereditaria a largo plazo, mientras que el ARN almacena datos recientes que indican el nivel de actividad de un gen y qué cantidad de una proteína determinada debe desarrollar una célula. Al elaborar un recuento del número de moléculas de ARN que transmiten el mismo mensaje, los investigadores pueden obtener una idea clara de los procesos que tienen lugar dentro de la célula.

En cuanto al cerebro, los científicos pueden medir el ARN de las células individuales, identificar el tipo de célula cerebral de que se trata y analizar los procesos que tienen lugar dentro de ella (la transmisión sináptica, por ejemplo). Al comparar los análisis de ARN de las células cerebrales de personas que no han sido diagnosticadas con ninguna enfermedad cerebral con aquellos realizados con pacientes con autismo, los investigadores podemos averiguar qué procesos son diferentes y en qué células ocurren.

Sin embargo, hasta hace poco no era posible la medición simultánea de las moléculas de ARN en una célula individual. En su lugar, los científicos podían llevar a cabo estos análisis a partir de una porción de tejido cerebral que contenía millones de células distintas. Existía, no obstante, una complicación notable: solo se podía acceder a la corteza cerebral de pacientes fallecidos.

La última tecnología puede identificar las neuronas afectadas en el autismo


Ahora, los avances conseguidos en el ámbito tecnológico han permitido a nuestro equipo medir el ARN presente en el núcleo de una célula cerebral individual. Este contiene tanto el genoma como moléculas de ARN sintetizadas recientemente. Esta estructura permanece intacta incluso después del fallecimiento del individuo, por lo que puede ser extraída del tejido cerebral muerto (o post mórtem).

Neuronas en las capas externa (izquierda) y profunda de una corteza cerebral humana en desarrollo. Chen & Kriegstein, 2015 Science/American Association for the Advancement of Science, CC BY-SA

Al analizar los núcleos de las células individuales de los cerebros de individuos fallecidos con y sin autismo pudimos obtener un perfil del ARN de cerca de 100.000 sujetos.

Tras comparar la información extraída de determinadas células cerebrales de personas con la enfermedad y sin ella, descubrimos que algunos tipos de células específicas del autismo mostraban un mayor número de alteraciones que otras.

En particular, encontramos que algunas neuronas, concretamente las neuronas corticales (las encargadas de posibilitar el intercambio de información entre las diferentes regiones de la corteza) poseen una cantidad insólita de proteínas codificadoras del ARN en la sinapsis (los puntos de contacto entre neuronas en los que las señales son transmitidas de una célula nerviosa a otra). Estos cambios fueron detectados en regiones fundamentales para el desarrollo de las funciones cognitivas de orden superior, como las interacciones sociales.

Este descubrimiento significa que, en este tipo de neuronas, la sinapsis no funciona correctamente, lo que genera cambios en las funciones cerebrales. En nuestro estudio demostramos que las neuronas que poblaban la capa exterior de la corteza exhibían cantidades de ARN muy diferentes en comparación con las mismas células en personas sanas, lo cual se apreciaba aún con más claridad en pacientes autistas que padecían los síntomas más severos, como la incapacidad para hablar.

Los últimos resultados obtenidos revelan que la sinapsis neuronal en las capas externas de la corteza cerebral no funciona de manera correcta en muchas persona autistas. CI Photos/Shutterstock.com

Las células gliales también se ven afectadas en el autismo


Además de las neuronas directamente responsables de la comunicación sináptica, también observamos cambios en el ARN de otras células no neuronales, las llamadas glías. Estas juegan un papel importante en la regulación del funcionamiento de las neuronas, incluida la forma en la que envían y reciben mensajes mediante la sinapsis. Las células gliales también pueden tener una influencia decisiva en las causas del autismo.

¿Qué importancia tienen estos descubrimientos para el futuro tratamiento médico del autismo?

Tras interpretar los resultados, mis compañeros y yo entendemos que las partes del entramado sináptico esenciales para enviar señales y transmitir información en las neuronas de las capas externas de la corteza podrían estar deterioradas en muchas personas autistas, lo que explicaría el anómalo funcionamiento cerebral.

Si somos capaces de reparar dichos puntos o, al menos, ajustar las funciones neuronales para conseguir un funcionamiento cercano al normal, los pacientes podrían ver aliviados los síntomas en gran medida. Los estudios realizados servirán para la creación de medicamentos y terapias genéticas para determinados tipos de células del cerebro. Numerosos científicos, entre los que me incluyo, creemos que estos avances serán indispensables para el desarrollo de tratamientos del autismo en el futuro.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Ciencia

Los supermicrobios amenazan con ser más letales que el cáncer

La resistencia a los antibióticos se cierne como un peligro para nuestro estado del bienestar.

Avatar

Publicado

el

Dragana Gordic / Shutterstock

Si de algo puede presumir España es de ser uno de los países con personas más longevas. Cada vez hay más octogenarios con una excelente calidad de vida. Sin embargo, no siempre ha sido así. Hace un siglo la esperanza media de vida en Europa no llegaba a los 50 años. Muchas personas morían a edades tempranas por infecciones que hoy pueden prevenirse con vacunas o tratarse con antibióticos.

No obstante, este «milagro terapéutico» podría tener sus días contados. Porque la resistencia a los antibióticos se cierne como un peligro para nuestro estado del bienestar. Estos «supermicrobios» resistentes vuelven ineficaces a muchos antibióticos. Sin la ayuda de estos fármacos, los trasplantes y otras cirugías complejas, la quimioterapia contra el cáncer o muchas pruebas diagnósticas serían irrealizables debido a las complicaciones infecciosas que surgirían.

¿El fin de un «milagro terapéutico»?


Diez millones de personas podrían estar en riesgo mortal por culpa de las infecciones por bacterias resistentes a antibióticos en el año 2050. Para hacernos una idea, esta mortalidad superaría a la causada por el cáncer (ocho millones de muertes anuales). Además, el coste de su tratamiento se dispararía, con una caída estimada del PIB mundial de entre el 1,2 y el 4%.

Ante esta situación, es fácil entender por qué la lucha contra las resistencias microbianas se ha convertido en un objetivo prioritario. La Organización Mundial de la Salud propone eliminar de una vez por todas el empleo innecesario de antibióticos. No en vano se estima que, en atención médica primaria, solo uno de cada cinco tratamientos con antibióticos es realmente necesario.

Microbios sublevados


Para entender por qué surgen resistencias hay que empezar por saber que un microbio resistente a un antibiótico adquiere una ventaja evolutiva sobre otros competidores.

Unas veces surgen por mutaciones genéticas aleatorias (y poco frecuentes) que se pueden transmitir a la descendencia.

Otras, los genes responsables de esta resistencia se adquieren del medio ambiente (transformación bacteriana), de bacterias afines (conjugación) o de virus bacteriófagos (transducción). La presencia de genes de resistencia en plásmidos (anillos de ADN extracromosómico) facilita también su propagación.

Por regla general, un tratamiento antibiótico correcto disminuye la selección de microbios resistentes. El problema surge cuando se le da un mal uso, por ejemplo consumiéndolo injustificadamente y sin prescripción médica (automedicación). O interrumpiendo un tratamiento antes de tiempo.

Por otra parte, el uso inadecuado de los antibióticos para el engorde de los animales, la depuración incorrecta de aguas residuales y residuos orgánicos, la manipulación sin garantías de los alimentos o la higiene deficiente, también aumentan la frecuencia de bacterias resistentes.

A este problema se suma el consumo de antibióticos caducados, falsificados o que no contienen la dosis suficiente. Los antibióticos fraudulentos son, con frecuencia, los únicos asequibles en los mercados de muchos lugares del planeta. Además de que Internet facilita la venta de estos productos engañosos.

Kateryna Kon / Shutterstock

Mueren más personas a manos de superbacterias que en accidentes de tráfico


La resistencia a los antibióticos es un problema global. Existen bacterias resistentes tanto en países muy industrializados (Estados Unidos o Japón), como en islas prácticamente deshabitadas (las Svalbard en el Océano Ártico), o incluso en tribus aisladas en las selvas de la Amazonia. En la diseminación y persistencia de estos supermicrobios intervienen muchos factores, como el cambio climático, la migración de poblaciones, el transporte de mercancías o la contaminación del medio ambiente.

El mayor consumo de antibióticos se observa en países con economías emergentes (India, China, Indonesia, Nigeria o Sudáfrica). En Europa son los países del Mediterráneo y del Este los que se llevan la palma. No parece que sea casualidad que casi la mitad de las infecciones en estos países estén causadas por microbios resistentes.

La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica ha estimado que, solo en 2018, las superbacterias resistentes a los antibióticos causaron infecciones a 180 600 personas, en 82 centros sanitarios, de las que 35 400 murieron. Si comparamos estas cifras con las 1 098 muertes en accidentes de tráfico notificadas por la Dirección General de Tráfico en 2019, ¡las superbacterias fueron 32 veces más letales!

Staphylococcus aureus MRSA CDC. Author provided

Últimamente a los supermicrobios clásicos, como Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae y otras enterobacterias multirresistentes, como Acinetobacter baumannii y Pseudomonas aeruginosa se han añadido unos cuantos nuevos. Como el bacilo de la tuberculosis, el parásito Plasmodium falciparum o los hongos Candida auris y Candida glabrata.

Lo preocupante del asunto es que estas infecciones requieren de tratamientos más prolongados y menos eficaces, con fármacos no exentos de toxicidad. Y también suponen una estancia más prolongada en el hospital, que continúa siendo su reservorio principal por la presencia de pacientes graves tratados con múltiples fármacos.

Y hace poco saltaron las alarmas porque están apareciendo resistencias a los llamados antibióticos de último recurso, como aztreonam, carbapenems, linezolid o vancomicina, que son a los que recurrimos cuando otros no funcionan.

«Una Salud»


La salud humana, la de los animales y la del ambiente están íntimamente relacionadas. Muchos supermicrobios habitan los intestinos de las personas y de los animales y se propagan por las aguas residuales o contaminan el suelo. Para preservar esta salud global hay que realizar un esfuerzo importante.

Necesitamos mejores técnicas de diagnóstico rápido para realizar un tratamiento antibiótico más apropiado y temprano. Los científicos se han lanzado a buscar dianas terapéuticas nuevas y alternativas que eviten la selección de mutantes microbianos resistentes. Además, la modificación de los antibióticos clásicos podría mejorar el espectro antibacteriano y disminuir el uso de otros antibióticos más recientes.

Pero no es una batalla que involucre solo a los científicos. A luchar contra los supermicrobios podemos contribuir todos. ¿Cómo? Aplicando el sentido común:

  • No automedicándonos
  • Evitando tomar antibióticos contra el resfriado y otras infecciones por virus
  • Siguiendo el tratamiento que nos aconseja nuestro médico hasta el final
  • No usando antibióticos caducados, de otras personas o de procedencia dudosa (Internet)
  • Actualizando nuestro calendario de vacunación
  • Preparando los alimentos de manera higiénica
  • Y, muy importante, lavándonos las manos con frecuencia.The Conversation

Guillermo Quindós Andrés, Catedrático de Microbiología Médica, Departamento de Inmunología, Microbiología y Parasitología, Facultad de Medicina y Enfermería, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Seguir leyendo

Ciencia

Mitos y realidades sobre la gripe y su vacuna

La OMS incluyó entre las diez principales amenazas a la salud en 2019 la amenaza de pandemia gripal, destacando el papel de la vacunación. Aún así, le seguimos poniendo pegas (infundadas) a la vacuna.

Avatar

Publicado

el

“La vacuna de la gripe me sienta fatal”. O “aunque me vacune, me resfrío igual”. O “ya no me vacuno porque un año lo hice y cogí más gripes que nunca” O, también, “es que la vacuna me produce gripe”. Son algunos de los tópicos que se escuchan cada invierno coincidiendo con la campaña de vacunación de la gripe. Tópicos en los que caen también algunos profesionales de la salud.

En muchos casos se debe a la habitual confusión entre gripe y resfriado. Y en otros, a que coinciden en el tiempo haber sido vacunado y contraer un catarro. O simplemente a que todo “lo malo” que sucede después de haber recibido cualquier vacuna puede ser erróneamente imputado a la vacunación, confundiendo consecuencia con secuencia.

También podrías leer: "¿Qué influye en la velocidad y calidad de las cicatrizaciones de heridas?"

Pero empecemos por el principio: entender de qué hablamos cuando hablamos de gripe. Se trata de una infección viral aguda de las vías respiratorias superiores (nariz, garganta, tráquea y bronquios) y, ocasionalmente, de las inferiores (pulmones). La infección evoluciona generalmente en una semana y normalmente se caracteriza por la aparición súbita de fiebre alta, dolores musculares, cefalea, malestar general, tos seca, dolor de garganta y rinitis.

Gripe vs resfriado

¿Y qué la distingue de un catarro o resfriado común? Para empezar que en el resfriado el inicio es progresivo. Y también que cuando estamos acatarrados suele haber congestión nasal, secreción nasal abundante y estornudos frecuentes. Pero ni rastro de fiebre o dolores musculares.

La gravedad es otra distinción importante. La mayoría de los afectados por gripe se recuperan sin tratamiento médico. Pero los niños pequeños, las personas mayores, los pacientes con enfermedades previas y las embarazadas, pueden sufrir complicaciones importantes, incluso mortales.

Con todo y con eso, lo más normal es que de la gripe uno salga sano y salvo. Lo que pasa es que, como todas las personas sufren varias infecciones gripales a lo largo de la vida, al final la enfermedad tiene un impacto importante en la salud mundial.

Así, la OMS ha estimado que cada año se registran en el mundo cerca de 1.000 millones de casos, de los cuales entre 3 y 5 millones son graves. Y los números dicen que entre 290.000 y 650.000 personas fallecen por causas respiratorias relacionadas con la gripe.

El resfriado común pueden causarlo cerca de 200 virus, mayoritariamente rinovirus y coronavirus, mientras que los virus responsables de la gripe pertenecen a la familia Orthomyxoviridae. La gripe humana está causada por los géneros Influenzavirus A y B y, esporádicamente, por Influenzavirus C.

Ambos se transmiten con facilidad de una persona a otra a través de pequeñas partículas expulsadas con la tos o los estornudos. Especialmente en situaciones de aglomeración y en tiempo frío.

Además, como los virus gripales dañan el epitelio respiratorio, puede haber complicaciones por infecciones secundarias, principalmente causadas por estreptococos y estafilococos.

Representación en 3D de un virus de la gripe. Naeblys / Shutterstock

Por qué es imposible erradicar la gripe

Gripe no hay una sino varias. La más omnipresente es la gripe A, cuyo principal reservorio natural son las aves salvajes migratorias. Aunque también infecta a aves domésticas (pollos, patos y pavos) y a numerosas especies de mamíferos terrestres y marinos, como cerdos, felinos, focas y ballenas. Sin olvidarnos, por supuesto, del hombre.

Además de ser ubicuos, los virus de la gripe A tienen varios “superpoderes” que nos lo ponen difícil a la hora de plantarles cara. Por un lado, su alta variabilidad genética, asociada a cambios en las proteínas de la cubierta viral. Cuando dos cepas de subtipos diferentes coinfectan a un mismo huésped, intercambian material genético que puede dar lugar a nuevos virus. Los virus gripales tienen capacidad además, de “saltar de especie”, es decir, virus que son propios de aves o de cerdos consiguen infectar y, a veces, propagarse en la especie humana.

Las constantes mutaciones dan lugar a nuevos virus que causan las epidemias estacionales de gripe por virus A y por virus B. Por eso, aunque existen vacunas antigripales con alta efectividad y seguridad para controlar la gripe, deben actualizarse y administrarse cada año. Y por eso también, la erradicación de la gripe es del todo imposible.

Soldado norteamericano se rocía la garganta para prevenir la gripe durante la pandemia de gripe Everett Historical / Shutterstock

La cosa se complica aún más cuando las mutaciones son tan grandes, el virus es tan “nuevo”, que pasamos de epidemia a pandemia (epidemia escala mundial). Durante el siglo XX se registraron tres pandemias por virus, fundamentalmente de origen aviar: la “española” (1918, subtipo A H1N1), la asiática (1957, subtipo A H2N2) y la de Hong Kong (1968, subtipo A H3N2). La pandemia de 2009 tuvo un origen porcino (A H1N1pdm).

El peligro es no vacunarse

¿Vacuna sí o no? Claramente, sí. La OMS no titubea en eso: la vacunación antigripal es la medida más efectiva para prevenir la aparición de la enfermedad y limitar su propagación en la población con mayor riesgo de complicaciones.

La vacunación reduce las enfermedades respiratorias y las muertes relacionadas con la gripe. Disminuye además las consultas médicas, las hospitalizaciones y el absentismo laboral.

Como mínimo, la vacunación se recomienda a las personas con alto riesgo de sufrir complicaciones en caso de padecer la gripe, a los mayores de 60-65 años y a las embarazadas. Y es ineludible cuando hablamos de personal sanitario, que se vacuna para proteger a los pacientes que trata, pero también para profesionales necesarios para que la sociedad funcione (fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y bomberos, entre otros). Sin olvidarnos de las personas que conviven con población en riesgo (los “convivientes”, en la jerga).

Cada año la OMS elabora recomendaciones sobre la composición de la vacuna a partir de la vigilancia realizada por la Red Mundial de Vigilancia de la Gripe. Porque sí, como hemos dicho antes, hay que vacunarse anualmente. La efectividad de la vacunación está relacionada con el grado de concordancia entre las cepas vacunales y las cepas circulantes salvajes. Por término medio la eficacia vacunal es de un 65%.

Las vacunas de la gripe son seguras y bien toleradas. Las reacciones más frecuentes son dolor y enrojecimiento en el lugar de administración, que desaparecen en 1 o 2 días sin tratamiento. Más raramente hay febrícula, dolores musculares y malestar a las pocas horas de la vacunación, que también se esfuman espontáneamente.

Con todo y con eso, hay quienes no miran a estas vacunas con buenos ojos. La OMS ya incluyó entre las “10 principales amenazas a la salud en 2019” la amenaza de pandemia gripal, destacando la importancia de la vacunación, además de la vigilancia epidemiológica y los tratamientos antivirales. Pero además señaló que otra de las grandes amenazas es el rechazo o retraso en la aceptación de las vacunas, a pesar de estar disponibles en los servicios de salud.

Un problema que, dicho sea de paso, no solo afecta a la gripe. Los movimientos con desafección y rechazo a las vacunas, paradójicamente relacionados con los grandes logros conseguidos en la eliminación de numerosas enfermedades, nos sale cara. Porque está favoreciendo la reemergencia de algunas de ellas, como el sarampión, incluso en áreas geográficas donde había desaparecido.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Seguir leyendo

Ciencia

Cambios del eje terrestre pueden producir terremotos y erupciones volcánicas

Una nueva investigación sugiere que las fuerzas que tiran de la superficie de la Tierra a medida que el planeta gira pueden desencadenar terremotos y erupciones en los volcanes.

Avatar

Publicado

el

Una nueva investigación indica que los cambios del eje terrestre pueden desencadenar terremotos y erupciones volcánicas. Lo anterior, debido a las últimas observaciones a Monte Etna en Italia.


Durante los últimos meses, científicos han estudiado la actividad sísmica y las explosiones de magma en el sector. Los cuales han ido en aumento cuando el eje de la tierra se alejaba de su punto geográfico. Revisa el video de a continuación.

La causa de esto es porque el giro de la tierra no siempre se alinea perfectamente con sus polos. En cambio, estos a menudo giran como si estuviese en una cima - mirándose desde el espacio-, pero cada 6,4 años ocurre algo particular. Los ejes se alinean y la oscilación se desvanece por un periodo corto de tiempo, hasta que vuelve a la normalidad y comienza a girar en espiral.

También podrías leer: "Vehículo "Mars 2020" buscará vida y preparará terreno para misiones humanas"

Todo lo anterior tiene el nombre de movimiento polar, en consecuencia de cambios en el clima por las estaciones, el derretimiento de las capas de hielo o el movimiento de las placas tectónicas. A medida que fluctúa el movimiento polar, las fuerzas que alejan al planeta del sol tiran de la corteza terrestre, al igual que las mareas debido a la atracción gravitacional del sol y la luna.

Tanto así que la marea del movimiento polar hace que la corteza se deforme en el transcurso de las estaciones o años. Esta distorsión es más fuerte a 45 grados de latitud, donde la corteza se mueve aproximadamente 1 centímetro (0.4 pulgadas) por año.

"Es la primera vez que encontramos esta relación"


Es por ello que un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters de AGU sugiere que el movimiento polar y los cambios posteriores en la corteza terrestre pueden aumentar la actividad volcánica.

El geofísico del Observatio de París y autor del estudio, Sébastien Lambert, declaró que se siente a gusto con los resultados."Me resulta bastante emocionante saber que si bien el clima impulsa el giro de la Tierra, su rotación también puede conducir a los volcanes y la sismicidad".

Pese al hallazgo, estos no permiten pronosticar terremotos o actividades volcánicas, aunque sí nos aproximan a ellos. En el caso de las erupciones volcánicas pueden expulsar más lava cuando la distancia entre los ejes geográficos y rotacionales están en su punto máximo.

Pero los resultados apuntan a un concepto interesante. "Es la primera vez que encontramos esta relación en esta dirección desde la rotación de la Tierra hasta los volcanes", dijo Lambert. "Es un pequeño proceso de excitación, pero si acumula una pequeña excitación durante mucho tiempo, puede tener consecuencias medibles".

Seguir leyendo
Publicidad

Síguenos en Facebook

Copyright © 2019 Todos los derechos reservados para los contenidos y marca de El Rework.