“Letras torcidas”: El perfil de Mariana Callejas que revela las sombras de la literatura y el terrorismo de Estado

El nuevo libro de Juan Cristóbal Peña, Letras torcidas, ofrece un acabo perfil de Mariana Callejas, una figura tan fascinante como perturbadora, que dividió su vida entre la literatura y el terrorismo de Estado. Callejas, quien lideró talleres literarios en la casa de Lo Curro, también participó junto a su esposo, Michael Townley, en atentados y asesinatos que marcaron los primeros años de la dictadura en Chile, como el asesinato del general Carlos Prats y el atentado contra Orlando Letelier.
El libro, publicado por Ediciones UDP, se estructura como una novela de no ficción, con testimonios inéditos, cartas y entrevistas que iluminan las contradicciones de Callejas: una anfitriona ejemplar y a la vez una activa agente de la DINA. Peña describe cómo la casa de Lo Curro fue simultáneamente un centro literario y un cuartel desde donde se planificaron acciones como la instalación de la bomba que mató a Letelier en 1976.
Vida paralela y decadencia literaria
La narrativa de Peña explora cómo Callejas manejó su doble vida: por un lado, madre de cinco hijos, y por otro, una pieza clave en las operaciones internacionales de la DINA. Peña destaca que la frustración de Callejas no provino de sus crímenes, sino del fracaso de su carrera literaria. “Su verdadera condena fue que su participación en la DINA truncó su carrera literaria”, explica Peña, quien revela la amargura que sintió Callejas al ser excluida del mundo cultural mientras sus antiguos colegas triunfaban.
Peña también revela cómo Manuel Contreras, jefe de la DINA, frecuentaba la casa de Lo Curro, y cómo Callejas mantenía su fascinación por la violencia, combinándola con su producción literaria. En sus talleres, solía escribir cuentos sobre guerrilleros y violencia política, una temática poco común en esa época.
Relación con la dictadura y la caída en desgracia
Letras torcidas ahonda en la motivación de Callejas para integrarse a la DINA y cómo la pareja Townley-Callejas disfrutaba de los beneficios que les otorgaba el régimen: viáticos, sueldos y viajes internacionales. Sin embargo, tras el fin de la dictadura, su implicación en los crímenes comenzó a pasarle factura. A pesar de su vinculación como coautora de varios asesinatos, Callejas solo pasó cinco meses en prisión preventiva y vivió el resto de sus días en un hogar de ancianos, donde falleció en 2016.
Literatura y violencia: dos caras de una misma moneda
Peña sugiere que Callejas nunca mostró arrepentimiento por sus acciones, y cuestiona si es posible separar la obra de un autor de su vida personal. El autor plantea que, aunque Callejas fue una buena escritora, nunca alcanzó la excelencia literaria. “El problema quizás fue que su escritura no detenía el tráfico”, comenta Peña, insinuando que la indiferencia del mundo literario hacia su obra fue una de sus mayores frustraciones.
El libro traza paralelismos con la película Zona de interés, que muestra cómo la vida cotidiana puede coexistir con actos de exterminio, una metáfora que Peña utiliza para reflejar la banalidad del mal en la figura de Callejas.