Francotiradores y drones: la nueva realidad para los trabajadores electorales en EE. UU.

A medida que se acerca el Día de las Elecciones en EE. UU., los trabajadores electorales enfrentan un clima de miedo e intimidación debido a los constantes reclamos infundados de fraude electoral. En lugares clave como el condado de Maricopa, en Arizona, las medidas de seguridad han sido intensificadas. Según Stephen Richer, responsable de las elecciones por correo en el condado, "no es algo que nadie disfrute". Francotiradores, drones patrullando y personal armado en la sede electoral son parte de los nuevos protocolos.
Amenazas y entrenamientos de seguridad
Los trabajadores electorales en Arizona y otros estados han sido sometidos a entrenamientos de tirador activo y prácticas de seguridad para defenderse de posibles ataques. Además, se han distribuido kits de trauma con torniquetes y vendajes para heridas de bala. Estas medidas son una respuesta a las amenazas que surgieron a raíz de los reclamos falsos de fraude electoral promovidos por Donald Trump desde 2020.
Amenazas y acoso
Las amenazas contra funcionarios electorales, como Richer, se han vuelto comunes. Richer ha recibido múltiples amenazas de muerte, al igual que otros funcionarios en todo el país. En algunos casos, se han presentado cargos contra personas que incitaron a la violencia. En Colorado y otros estados, los funcionarios electorales están utilizando chalecos antibalas y se han implementado radios en los centros de votación para comunicarse directamente con la policía.
El impacto en las elecciones
Las crecientes amenazas y el ambiente de intimidación han cambiado la forma en que los trabajadores electorales realizan sus tareas. Muchos de ellos han renunciado debido al miedo por su seguridad. En lugares como Arizona, el condado ha invertido millones en mejoras de seguridad, que incluyen cercas de hierro y cámaras de vigilancia en las áreas donde se almacenan las boletas.
El Departamento de Justicia ha acusado a varias personas de amenazar a trabajadores electorales, y algunos ya han sido sentenciados a prisión. A pesar de esto, los temores persisten, y muchos voluntarios están reconsiderando su participación debido a las preocupaciones de seguridad.