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Internacional

Lo que no se ve del incendio en las Amazonas

En el mejor escenario de prevención de incendios y de conservación de los bosques existentes, tardaremos décadas en recuperar la función ecológica que se ha perdido en las últimas semanas y, con ello, una parte de la capacidad del Amazonas de mitigar el cambio climático.

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Infobae

Lo que no vemos, no existe. Quizá sea un poco exagerado, pero por algo se dice “ver para creer”. Ha tenido que llegar el humo a Sao Paulo y oscurecer el cielo de la ciudad a las tres de la tarde el pasado 20 de agosto para creernos que el Amazonas se está quemando más de la cuenta en esta temporada de 2019.


Pero lo más grave no se ve. Hay muchos y muy importantes efectos de estos incendios. Las consecuencias no se reducen a las llamas y los árboles calcinados que aparecen en las fotos. Nadie puede ver a simple vista un proceso ecológico, del mismo modo que nadie puede observar el río más grande del planeta sin elevarse lo suficiente.

Pero el río más grande del planeta es en realidad invisible; es el río formado por la suma de las columnas de agua que cada árbol amazónico extrae del suelo y transporta a la atmósfera. Es otro río que no se ve, pero su estado influye profundamente en la salud del planeta y en nuestro propio bienestar.

Ese río invisible se genera gracias a la transpiración de billones de árboles. Cada uno de ellos moviliza hasta una tonelada de agua diariamente. Este fenómeno da lugar a un clima regional único, evita que la región sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y norte de Argentina se conviertan en desierto y regula el clima de toda la Tierra.

Imagen de satélite que muestra varios incendios en los estados brasileños de Rondônia, Amazonas, Pará y Mato Grosso (11 y 13 de agosto de 2019). NASA Goddard Space Flight Center/Flickr, CC BY

Vandalismo con consecuencias globales


Los incendios, provocados para deforestar, son la forma más rudimentaria, destructiva y barata de abrirse paso en el bosque. Se provocan a gran escala en todas las regiones tropicales del mundo, pero en el Amazonas se han batido récords este agosto.

Aunque la cautela científica sugiere que aún es pronto para afirmarlo con certeza, dos de estos récords resultan incuestionables:
- El número de focos de incendio, con más de 75 000 (se contaban 2 500 activos en el momento de escribir este artículo).
- La extensión afectada: más de 3 000 kilómetros cuadrados, el triple de lo que se ha quemado otros años.

Y la temporada de incendios continúa oficialmente hasta finales de septiembre, así que las cifras pueden aumentar.

Espesor óptico de aerosoles medidos a 550 nm en América del Sur, como estimador del humo de los incendios. En a) se muestra la media para los meses más secos y con mayor número de incendios (junio, julio y agosto) para el periodo 2001-2016 y en b) para el día 20 de agosto de 2019 durante uno de los incendios más extensos registrados en la Amazonía. Puede verse la gran extensión del humo que llega a Sao Paulo, a más de 2000 km de los focos principales y que cruza el Atlántico. Si se comparan las escalas, se aprecia que los valores de espesor óptico son mayores en 2019. Adaptado de Malavelle et al. 2019 (a) y del Copernicus Atmosphere Monitoring Service (b), CC BY

A la hora de buscar culpables, difícilmente se puede señalar a una sequía inusualmente severa. La de este año es normal. Más bien floja. El fenómeno de El Niño, que se asocia con los incendios más importantes en esta región, ha sido débil en el 2019. El hecho de que los focos se localicen principalmente en la periferia de las grandes masas boscosas termina de confirmar el origen humano de las llamas.

Quemar el bosque supone no solo eliminar los árboles, sino también destruir la fertilidad del suelo y eliminar miles de especies de animales, plantas, hongos y bacterias que cumplen una función biológica esencial. De hecho, todos estos organismos mejorarían el rendimiento de las plantaciones y pastos ganaderos que pudieran cultivarse tras el incendio.

Prender fuego a todo eso es un acto de vandalismo. Y al igual que un vándalo que destruya el mobiliario urbano se queda sin un banco para sentarse, quienes queman el bosque se quedan sin funciones ecológicas clave que permitirían una producción más elevada y una mayor resiliencia ante perturbaciones, sean naturales o no.

Dada la magnitud de los incendios de los que hablamos y la contribución del Amazonas a los grandes ciclos globales, como el del carbono, el oxígeno y el agua, es un vandalismo de consecuencias planetarias. No en vano, el Amazonas produce la quinta parte del oxígeno que respiramos y captura la quinta parte del CO₂ que emitimos. Por el río Amazonas circula la quinta parte de las reservas mundiales de agua dulce.

Cambios en el bosque y en el clima


Incendios, Amazonas, clima y CO₂. Estos cuatro conceptos están estrechamente ligados. Los incendios cambian el bosque amazónico y la destrucción de este bosque modifica el clima. Los incendios emiten a la atmósfera el carbono almacenado durante largo tiempo en los árboles y en el suelo, favoreciendo el calentamiento global. Además, la desaparición de los árboles disminuye la capacidad de secuestrar el carbono por fotosíntesis, con lo que perdemos eficacia para mitigar este calentamiento global.

La deforestación generada por los incendios hace que llegue más radiación a las capas bajas del bosque. Como consecuencia, el suelo se seca, cambian las comunidades de animales y plantas y se produce menos transpiración. Se genera así un nuevo clima local debido a la deforestación que cambia a su vez el bosque.

El nuevo bosque afectado por los incendios transpira menos, mueve menos agua, produce menos compuestos volátiles que favorecen la lluvia en la atmósfera. Con todo ello, se genera un ciclo sin control que lleva al avance de la sabana donde antes había bosques. Este bosque alterado crece menos y, por tanto, fija menos carbono.

Ya se tienen evidencias de que la productividad del bosque amazónico y, por tanto, su fijación del carbono atmosférico, se han reducido a la mitad en los últimos treinta años. Varios estudios demuestran un importante avance de la sabana a expensas del bosque amazónico: en sesenta años se ha perdido ya la quinta parte de este bosque. Y este 2019 va a contribuir más de lo normal a esta tendencia negativa.

Productividad primaria bruta (GPP, a) y neta (NPP, b) de los ecosistemas terrestres, estimada en gramos de carbono por metro cuadrado y año para el periodo 2011-2013. Puede observarse la inmensa contribución del bosque amazónico a la productividad global del planeta. La productividad neta es algo inferior debido a las altas tasas de respiración, pero es igualmente notable. Adaptado de Malavelle et al., 2019/ Atmos. Chem. Phys, CC BY

El Acuerdo de París y la Agenda 2030


La recuperación del bosque amazónico es lenta y, en ciertas situaciones, el paso a la sabana es irreversible. Así que, incluso en el mejor escenario de prevención de incendios y de conservación de los bosques existentes, tardaremos décadas en recuperar la función ecológica que se ha perdido en las últimas semanas y, con ello, una parte de la capacidad del Amazonas de mitigar el cambio climático y regular el clima regional y planetario.

Va a ser más difícil cumplir con el Acuerdo de París y la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Hicimos los cálculos contando con un CO₂ almacenado en el Amazonas que estos incendios han puesto ya en la atmósfera. Hicimos los cálculos contando con un bosque amazónico grande y sano que fuera capaz de captar mucho CO₂ durante los próximos años.

Ahora, hay que rehacer esos cálculos. Y tocará hacer encaje de bolillos con nuestras emisiones. Si ya nos tocaba reducirlas mucho, y no parecía fácil, ahora toca reducirlas aún más si no queremos pasar de la barrera de los dos grados de calentamiento establecida como límite de seguridad en el Acuerdo de París. Cumplir la Agenda 2030 se nos va a hacer cuesta arriba con este colosal incendio que devasta un ecosistema que cada año funciona un poco peor.

El incendio en abril de la catedral parisina de Notre Dame nos tuvo a todos en vilo. Nos apenó tanto que en pocas horas se organizaron donaciones y todo tipo de acciones que revelaban el poder de las imágenes del fuego para despertar conciencias. Los fuegos en el Amazonas nos quedan lejanos, se ven poco. De hecho, la vegetación tan húmeda quema mal y se ve más el humo que el fuego. Pero lo realmente preocupante es todo lo que estos incendios amenazan. Y eso no se ve.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Internacional

Soleimani y la peligrosa escalada de asesinatos estadounidense

Se trata del último y más avance dramático encuadrado en la guerra subsidiaria que continúan librando EE UU e Irán.

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El Gobierno de los Estados Unidos asesinó al general iraní Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds (el ala de élite de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán), en un ataque aéreo que tuvo lugar en las primeras horas del día 3 de enero.


Se trata del último y más avance dramático encuadrado en la guerra subsidiaria que continúan librando EE UU e Irán. Gran parte de este conflicto se ha desarrollado en territorio iraquí, incluido el ataque reciente a la embajada estadounidense en Bagdad, cuya responsabilidad, según la Administración Trump, fue de la República de Irán. Como respuesta, las autoridades iraníes, con el ministro de Asuntos Exteriores Javad Zarif a la cabeza, acusando al país norteamericano de cometer un acto de “terrorismo internacional” al acabar con la vida de Soleimani en lo que han calificado como una “escalada extremadamente peligrosa y estúpida ”.

Si bien es demasiado pronto para predecir las consecuencias de esta última operación, la eliminación del general iraní supone un paso más en la política de crímenes y asesinatos selectivos de los Estados Unidos, amén de establecer un precedente arriesgado en el marco de la política internacional.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos emitió un comunicado en el que justifica el ataque con drones afirmando que Soleimani estaba “planificando activamente ataques a diplomáticos estadounidenses y miembros de las tropas en Irak y en toda la región”. En la declaración se recuerda con especial énfasis que el Gobierno americano considera a la Fuerza Quds una organización terrorista extranjera, además de subrayar que la acometida se escuda en la protección de las tropas desplazadas y en la determinación por impedir futuros ataques.

Sin embargo, Soleimani era, fundamentalmente, un poderoso militar extranjero que, por otra parte, no suponía ninguna amenaza inminente para los ciudadanos estadounidenses (o, al menos, no se conocen detalles sobre tal cuestión). Estos dos puntos, el tipo de objetivo eliminado y la naturaleza de la presunta amenaza, han sido siempre elementos cruciales en cualquier decisión del Gobierno de los Estados Unidos referente a llevar a cabo un asesinato selectivo o un ataque preventivo.

La justificación de los ataques: de Reagan a Obama


Desde mediados de la década de los 70, una orden ejecutiva prohibió a los organismos gubernamentales estadounidenses llevar a cabo asesinatos. No obstante, aunque mantuvo dicho mandato, la administración Reagan se esforzó por crear el espacio legal y político que necesitaba para eliminar terroristas cuando lo creyera conveniente. El criterio de la CIA y el Pentágono en ese momento valoraba el uso de la fuerza contra el terrorismo como un asunto completamente distinto, por lo que quedaba exento de responder ante la prohibición firmada por el presidente Gerald Ford.

Un elemento esencial para la justificación del Gobierno de Reagan, como quedó claro en la Directiva de Seguridad Nacional 138, se apoyaba en la consideración de las medidas como preventivas y siempre desplegadas en defensa propia contra objetivos que supusieran una amenaza inminente para los intereses y las tropas estadounidenses.

En perspectiva, podemos observar como un importante precedente para el asesinato de Soleimani el hecho de que algunos miembros del Gabinete de Reagan defendieran que los objetivos no tenían por qué ser terroristas, sino que podrían dirigirse ataques contra autoridades de Estados que apoyasen el terrorismo.

En este sentido, y aunque no existe un reconocimiento unánime, varias fuentes primarias y secundarias coinciden en que la administración Reagan intentó asesinar al líder libio Muamar el Gadafi mediante un ataque aéreo sobre su cuartel general y su casa, pero Gadafi sobrevivió al bombardeo. Los miembros del Gobierno estadounidense de la época negaron torpemente que el presidente libio constituyera un objetivo, pero esperaban, al igual que hace Trump en la actualidad, que el ataque funcionase como una medida disuasoria.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la persecución de terroristas y presuntos terroristas se convirtió en una prioridad de la política antiterrorista de Estados Unidos. Tanto es así que la cifra de ataques perpetrados con drones aumentó de manera considerable durante la primera legislatura de Barack Obama en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

En su segunda legislatura, sin embargo, Obama realizó un tardío y poco convincente esfuerzo por adaptar la política antiterrorista estadounidense a los estándares legales internacionales en el desarrollo de acciones en defensa propia. La iniciativa se fundaba, en parte, en la premisa de que los terroristas controlados suponían una amenaza inminente para Estados Unidos. Lo cierto es que la administración Obama le dio un significado un tanto vago al concepto de “inminente”, y la justificación legal sentó unos precedentes internacionales que otros Estados, como Turquía o Pakistán, no han tenido ningún problema en seguir.

Aun así, el ataque con drones que mató a Soleimani va más allá incluso de la política reciente desplegada por el país norteamericano, y parece demostrar algo que permaneció implícito a lo largo de los años en los que Reagan ostentó el poder. Las acciones ejecutadas por Estados Unidos han dejado claro que la prohibición de llevar a cabo asesinatos excluía a terroristas no de Estado que supusieran una amenaza inminente. Soleimani estaba al frente de la guerra subsidiaria no declarada entre Estados Unidos e Irán, y es la ausencia de declaración la que podría haber convertido a Soleimani en un objetivo legítimo (como fue el caso del general Yamamoto en la Segunda Guerra Mundial). Al ocupar un cargo militar extranjero, su asesinato parece chocar con la prohibición o, cuanto menos, desafiar la orden ejecutiva.

La estrategia de Trump


La justificación oficial del Departamento de Defensa es un compendio detallado de las acciones elaboradas por Soleimani en el pasado:

Durante los últimos meses, orquestó ataques a bases de la coalición en Irak (entre los que se incluyen la ofensiva del 27 de diciembre) que provocaron que varios miembros de las tropas estadounidenses e iraquíes sufrieran graves heridas y algunos de ellos fallecieran. Asimismo, el general Soleimani aprobó los ataques sobre la embajada de Estados Unidos en Bagdad.

De cualquier modo, no existen pruebas que demuestren la inminente amenaza que Soleimani supuestamente suponía. Esto puede parecer un asunto sin importancia, pero es la piedra angular que sostiene la justificación legal del ataque aéreo. Todo parece indicar que no fue asesinado por ser una figura amenazante, sino como represalia por los últimos acontecimientos y para evitar hipotéticos ataques en el futuro.

De hecho, Agnes Callamard, relatora de la ONU experta en ejecuciones extrajudiciales, ha expuesto que es muy probable que Estados Unidos haya procedido al margen de la legalidad en este caso.

El Gabinete de Trump se ha negado hasta el momento a desgranar y justificar su política de asesinatos selectivos, pero esta última operación socava aún más las leyes domésticas e internacionales, y lo que es peor: sienta un precedente peligroso para que se sucedan los asesinatos selectivos dentro del contexto internacional.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Dictadura 4.0: la prisión a cielo abierto de Argelia

Revisa las estrategias que tienen los candidatos políticos en las redes sociales con el fin de montar una realidad muy alejada de la verdad, para así acercar al votante a las urnas.

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Pixabay

La república islamista de Argelia celebró sus últimas elecciones presidenciales el pasado 12 de diciembre. El vencedor, Abdelmadjid Tebboune, ha reemplazado al anterior presidente del país, Abdelaziz Bouteflika.


A sus 82 años, enfermo y tras 20 años en el poder, Buteflika fue apartado de su posición en abril de 2019 vía un golpe de estado por el general y jefe de estado Ahmed Gaïd Salah. Este último falleció de un infarto el pasado 23 de diciembre.

Argelia es un régimen autocrático y militar que desde la primavera de este año se encuentra sumido en una revolución política y social, similar a las primaveras árabes de 2011.

Esta revolución liderada por la Hirak busca derrocar una duradera democracia de fachada personificada en una élite militar y política conocida como le pouvoir. Hasta abril de 2019, su mayor exponente fue Buteflika.

Se trata de una élite militar totalmente apartada de la realidad democrática, de su pueblo y sus gentes. Pretende hacer creer a la opinión publica occidental y a sus países vecinos que, en el fondo, lo que está intentando establecer es una democracia constitucional y parlamentaria apartada del régimen islamista militar. Pero nada más lejos de la realidad.

Los resultados de los últimos comicios han provocado numerosas protestas. Los manifestantes denuncian que Bouteflika solo perpetuará el gobierno de sus predecesores.

Control a través de la tecnología


Las intenciones son claras y evidentes: le pouvoir pretende mantener su hegemonía a toda costa y a través de cualquier medio.

Desde 2006 está manipulando y hackeando la arquitectura de la información en internet. El poder interviene y controla la Web 2.0 y 3.0, las tecnologías móviles como 3G y 4G, las redes sociales como Facebook o Instagram, YouTube, Vimeo, la prensa generalista y los mass media.

El estado de emergencia ha sido declarado en el país. Todos los movimientos son controlados, rastreados, geolocalizados, observados y monitorizados.

Le pouvoir ha encarcelado y asesinado a activistas, abogados e intelectuales que utilizan estos medios para denunciar las repetidas violaciones de los derechos humanos.

Estudio durante el Ramadán 2019


Durante el Ramadán de 2019, llevé a cabo un estudio de campo en Argelia, donde entrevisté a los principales actores de la revolución, activistas y abogados defensores de los derechos humanos tanto en la capital (Argel) como en la región autónoma del Kabyle.

Entre los entrevistados figuran la presidenta del Consejo Mundial Amazigh, Kamira Nat Said; el abogado y presidente de la Liga Argelina de Defensa de los Derechos Humanos (LADDH), Salah Dabouz y los activistas mozabíes bereberes Hammou Aksil Chekebkeb y Salah Abbouna.

Las respuestas fueron ecuánimes: “Argelia es una prisión a cielo abierto”, una “dictadura 4.0”, que apoya el islamismo radical. Un estado cómplice donde las violaciones de los derechos humanos a minorías como los amazigh o los mozabíes bereberes -considerados ciudadanos de segunda- y su patrimonio cultural son una realidad.

Dos jóvenes sunitas durante la violencia intercomunal entre árabes sunitas de rito Malikit y miembros de la minoría amazigh o bereber Mzab de rito Ibadi, en la región de Ghardaïa (julio de 2014). Miguel Oliveros/Ligue Algérienne pour la Defense des Droits de l'Homme, Author provided

En la tierra de sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, donde llevan comerciando como nómadas durante generaciones, el Gobierno autócrata, las fuerzas del ejército, la Policía y la Gendarmería son cómplices junto a los terroristas de ataques a mausoleos, negocios, propiedades, industrias y terrenos.

Imagen fue tomada durante la violencia intercomunal entre los árabes sunitas de rito Malikit y miembros de la minoría amazigh o bereber Mzab de rito Ibadi, en la región de Ghardaïa en julio de 2014. Miguel Oliveros/Ligue Algérienne pour la Defense des Droits de l'Homme, Author provided

Las evidencias digitales de estas violaciones, difundidas en internet, son borradas de manera sistemática por el brazo cibernético del poder. El régimen ejerce un control absoluto sobre las tecnologías de la información y su libre flujo, una violación directa al artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).

Vehículo antibarricadas construido por la Societé Nationale de Vehicules Industrieles, fabricado originalmente en Argelia. Miguel Oliveros/Ligue Algérienne pour la Defense des Droits de l'Homme, Author provided

Piensen por un momento en lo difícil que es salvaguardar las imágenes y documentar estos procesos, en hacerlos accesibles y de carácter libre. En lo difícil que es enfrentarse sin estas pruebas a aquellos que apoyan la violación directa del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Por eso, les pido que tomen conciencia. Apoyen a los defensores de derechos humanos y activistas que usan las tecnologías en red y la cultura del compartir con el fin de ejercer la libertad de opinión y expresión en la era de las prisiones a cielo abierto y las dictaduras 4.0.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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¿Cómo será el Brexit tras la aplastante victoria de Boris Johnson?

A veces ha dado la sensación de que el primer ministro británico quería el puesto principal solo para ostentarlo. Pero ahora tiene por delante cinco años para ejercerlo.

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Boris Johnson llega al palacio de Buckingham para ser investido primer ministro. / HANNAH MCKAY

La victoria de los conservadores en las elecciones generales del Reino Unido es, a la vez, un momento decisivo de claridad y un presagio de incertidumbre. El primer ministro Boris Johnson convocó elecciones con la promesa de “hacer efectivo el Brexit” y, ahora que acaba de obtener la mayoría parlamentaria, está en condiciones de cumplir a rajatabla su promesa.

La forma del Brexit ya se ha definido en el acuerdo de retirada que Johnson negoció con la Unión Europea en octubre, según el cual el Reino Unido abandonará la unión aduanera y el mercado único y celebrará un acuerdo de libre comercio más adelante.

Según ha afirmado Johnson reiteradamente durante la campaña electoral, su acuerdo de retirada está “listo para el horno”, no le hacen falta más negociaciones, y solo necesita que el Parlamento lo apruebe. Salvo que se produzcan contratiempos de última hora, el Reino Unido abandonará la Unión Europea el 31 de enero de 2020.

Pero hasta aquí llegan las certezas. La principal promesa electoral del Gobierno se habrá cumplido tras solo siete semanas en el cargo, lo que deja por delante otros cinco años para gobernar. Parte de ese tiempo se rellenará negociando acuerdos de comercio con la Unión Europea y otros países.

Sin embargo, a los gobiernos se los juzga normalmente por sus programas nacionales, y, como demostró la campaña electoral, los votantes han manifestado su deseo de que se afronten problemas como la atención sanitaria, los servicios públicos y los impuestos. ¿Qué se puede esperar del Gobierno de Johnson después de enero?

Aparte de su política marcadamente personal sobre el Brexit, resulta difícil saber con certeza qué medidas va a proponer Johnson.

Más que en el caso de ningún otro político reciente, el ascenso de Johnson a la cima de la política británica se vio impulsado por la ambición personal, no por la ideología. En ocasiones ha dado la impresión de ambicionar el puesto más alto para tenerlo, en lugar de usarlo para conseguir logros. En consecuencia, sus posturas políticas han reflejado, en general, los altibajos de su carrera política, y no su visión de futuro a largo plazo.

El ejemplo más conocido fue cuando algunas personas pensaron que, en el referéndum de 2016, Johnson haría campaña a favor de permanecer en la Unión Europea, hasta que, para colmar sus aspiraciones de liderar el partido, resultó conveniente defender la salida de la Unión. Dimitió del gabinete de Theresa May por oposición a la política de la primera ministra relativa al Brexit y votó dos veces contra su acuerdo de retirada en el Parlamento, para luego apoyarlo la tercera vez.

Como alcalde de Londres entre 2008 y 2016, Johnson se vio envuelto en ardides destinados a llamar la atención, como los nuevos (y costosos) “autobuses Boris” de Routemaster, el teleférico Aerolínea Emirates del Támesis, acusado por sus detractores de ser un costoso elefante blanco, y el desafortunado “puente-jardín” sobre el Támesis. Si bien en el Ayuntamiento Johnson ensalzó las virtudes del sector empresarial, más recientemente se ha mostrado crítico.

En la aparente ausencia de ideología, Johnson se hizo famoso como “personaje”. Sus errores, su lenguaje colorido (en ocasiones insensible) y su caótica vida personal han sido también centro de atención.

El exceso de ambición de Johnson también ha hecho que se le considere poco fiable y poco escrupuloso y que los opositores lo acusen con frecuencia de mentiroso.

Por otra parte, gracias a esa ambición no solo ha llegado a la cima, sino que ha logrado su acuerdo sobre el Brexit.

Entre las señas de identidad de su primer mandato hasta la fecha cabe mencionar su crueldad y su asunción de riesgos.

Nada más estrenarse como primer ministro, en julio, emprendió una remodelación de gabinete tan amplia que creó un gobierno completamente nuevo. Retiró la citación para que acudieran a votar (el whip) a los diputados conservadores que habían votado en su contra en el Parlamento, entre ellos el exministro de Hacienda, Philip Hammond. Johnson tampoco dudó en sacrificar a sus aliados parlamentarios, el Partido Unionista Democrático, para asegurarse un acuerdo sobre el Brexit que dejó a Irlanda del Norte en la situación de hacer frente a fricciones comerciales con Gran Bretaña. Luego se lo jugó todo en unas elecciones anticipadas.

¿Quiénes son los conservadores ahora?


Ahora que ha vuelto al cargo con mayoría, a Johnson le saldrán las cuentas en el Parlamento para marcar su propia dirección política. Los detalles de esa dirección no están claros, y el manifiesto conservador, aparte de propugnar que “la seguridad es lo primero”, da pocas pistas. Sin embargo, cuando el Brexit esté asegurado, se abrirán grandes debates políticos en el seno del partido para decidir el tipo de país en el que pretende convertirse Gran Bretaña después del Brexit.

Algunos integrantes de la derecha partidaria del libre mercado defenderán un modelo “Singapur a orillas del Támesis”, que promueve una reducción del sector público, grandes recortes de impuestos y una “hoguera de papeleo burocrático”. Esta tendencia podría vincularse con una orientación estratégica que se aleje de la Unión Europea y se oriente hacia Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Mientras tanto, algunos conservadores seguirán insistiendo en mantener estrechos vínculos comerciales con la Unión Europea, aunque eso signifique aceptar sus exigencias de igualdad de condiciones en las futuras conversaciones comerciales.

Otros conservadores, como el antiguo asesor de May, Nick Timothy, han hecho un llamamiento en favor de un Estado más intervencionista y un mayor gasto público, una postura más adecuada para mantener la nueva coalición electoral de los conservadores, que incluye a antiguos votantes laboristas en las zonas que apoyan el Brexit.

También habrá debates sobre inmigración, en particular para dirimir hasta qué punto el modelo económico del Reino Unido debería seguir dependiendo de la migración a gran escala.

No está nada claro cuál de estas posiciones promovería Johnson en última instancia, si es que promueve alguna. Ha hablado de celebrar acuerdos comerciales con la Unión Europea, Estados Unidos y otros países. Ha prometido más dinero para los servicios públicos, pero se ha comprometido a no aumentar los impuestos. Sin embargo, su débil orientación ideológica —y su aparente falta de interés en los detalles de la política— generan mucha incertidumbre en lo referente a su programa.

“Hacer efectivo el Brexit” le dio a Johnson una misión, un objetivo que alcanzar, un grito de guerra para movilizar partidarios con el fin de ganar, primero, el liderazgo tory y, luego, las elecciones generales.

Pero una vez que se haya asegurado el cargo de primer ministro y que se haya llevado a cabo el Brexit, ¿qué querrá Johnson que suceda a continuación? Si no adopta posiciones claras sobre los grandes temas, se expone a que lo vean como un líder de la era del Brexit, necesario para rematar el trabajo que May no pudo terminar, pero sin una perspectiva clara para el futuro.

Pese a ser uno de los personajes más conocidos y más importantes de la política británica, todavía hay mucha incertidumbre en torno a Boris Johnson. Su ambición desmedida, su reputación como ganador de las elecciones y una desesperación generalizada por hacer efectivo el Brexit lo han traído hasta aquí. Ahora que ha alcanzado su mayoría parlamentaria, debe decidir lo que quiere hacer con ella.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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