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¿Para qué sirve el Parlamento Europeo?
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¿Para qué sirve el Parlamento Europeo?

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El 26 de mayo votaremos a los miembros del Parlamento Europeo. Una institución que sigue siendo una gran desconocida para muchos ciudadanos. De entrada, es pertinente recordar que el PE no es exactamente comparable a los parlamentos nacionales, de ahí que sus insuficiencias estructurales deban ser contextualizadas en la peculiar arquitectura institucional de la Unión Europea, que no es un Estado.

Entre sus principales límites cabe recordar los siguientes:

  1. El PE no tiene poder constituyente en la reforma de los Tratados y tampoco el monopolio legislativo (que comparte y no en todo con el Consejo).
  2. Carece de iniciativa legislativa (es monopolio de la Comisión).
  3. Aunque es cámara colegisladora, se le escapan áreas intergubernamentales clave.
  4. No hace realidad la máxima No taxation without representation (No hay tributación sin representación) al carecer de competencias fiscales de relieve.
  5. No funciona en su seno la dialéctica mayoría de gobierno/ minoría de oposición, puesto que no hay un verdadero Ejecutivo supranacional europeo, sino una suerte de “gran coalición” fáctica del “bloque central” (populares, socialistas y liberales) que actúa con criterios fundamentalmente tecnocráticos, lo que está favoreciendo la contestación populista frontal.
  6. Su representatividad es defectuosa, tanto porque no existe el pueblo europeo, como porque tampoco representa a los pueblos europeos como tales. En el PE los eurodiputados no se agrupan por países, sino por afinidades ideológicas; es decir, representa a los “ciudadanos” europeos, pero sin mecanismos paneuropeos para hacer real tal dimensión (no existen listas electorales transnacionales).
  7. Su labor pasa prácticamente inadvertida para las opiniones públicas europeas, un legado de la vieja inercia comunitaria elitista y opaca.

Parlamento Europeo.

Sin embargo, el Parlamento Europeo:

  1. Es la institución más legítima de la UE al ser la única de elección popular directa.
  2. Está “blindado” frente a los Gobiernos nacionales al no poder ser disuelto anticipadamente (las legislaturas son fijas, de cinco años).
  3. Es completamente autónomo frente a los Gobiernos nacionales a la hora de dotarse de su propio reglamento y de fijar el orden del día (aunque no puede decidir sobre sus sedes: desde hace tiempo, una clara mayoría de los eurodiputados preferiría concentrar el PE en Bruselas, pero esta decisión sólo corresponde al Consejo Europeo por unanimidad y el veto francés está asegurado al respecto para mantener la sede de Estrasburgo).
  4. No está dominado por la partitocracia, como suele ocurrir en los Parlamentos nacionales, pero no es inmune a las presiones de los lobbies.

Sede del Parlamento Europeo en Bruselas, Bélgica. Ilolab /shutterstock

Una institución reforzada


De momento, estas ventajas siguen sin compensar las carencias señaladas, pero es cierto que la estrategia histórica de los europeístas de ir reforzando progresivamente al PE ha dado bastantes frutos. La paradoja es que el constante aumento de los poderes de esta institución ha ido en paralelo al permanente declive de la participación electoral, cada vez más baja desde las primeras elecciones directas en 1979.

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Parlamento Europeo

Parlamento Europeo.

Esto parecería indicar que la estrategia de las fuerzas europeístas debería modificarse: sin renunciar (todo lo contrario) a ir asimilando el PE a los Parlamentos nacionales, la clave está en ir configurando un verdadero Ejecutivo supranacional comunitario. Algo de momento inviable por el frontal rechazo de los Gobiernos nacionales a verse fiscalizados por un Gobierno europeo superior y, de hecho, federal.

Lo cierto es que el PE tiene ya importantes atribuciones que las opiniones públicas de los Estados miembros deberían conocer mejor para evaluar más ponderadamente tal institución que sí tiene incidencia en muchos ámbitos de la vida de los ciudadanos europeos (lo que, de divulgarse más, podría incrementar el interés participativo).

Poderes de control


Esta institución tiene poderes de control: otorga la investidura a la Comisión y puede censurarla (y derribarla), tiene poder presupuestario (con límites), nombra a diversos altos cargos comunitarios y colegisla en muchos asuntos que sí son relevantes para los ciudadanos.

En efecto, el PE se ocupa, por ejemplo, de la libre circulación (relacionada con las cuatro grandes libertades comunitarias: de bienes, servicios, personas y mercancías), mercado interior, investigación, medioambiente, consumo, redes transeuropeas, asuntos educativos y culturales, colaboración sanitaria y otros servicios.

En suma, el PE es una institución cada vez más relevante y, sin duda, es preciso seguir aumentando sus competencias, su representatividad y su transparencia. Las principales reformas pendientes que deberían debatirse tras las elecciones de finales de mayo serían las siguientes:

  • El PE debería ser cámara colegisladora en todos los ámbitos, sin exclusiones intergubernamentales, funcionar prácticamente siempre de acuerdo con el principio de mayoría (es decir, de hecho sin vetos ni unanimidades).
  • Debería contar con una sola sede en Bruselas frente al irracional y costoso modelo actual (que incluye Estrasburgo y Luxemburgo para la secretaría del PE) y, sobre todo, decidir en última instancia sobre un auténtico Ejecutivo europeo.

Todo ello requeriría politizar mucho más las dinámicas de la Unión Europea: reforzar los europartidos hoy virtuales, dar paso a listas electorales transnacionales, involucrar más a los Parlamentos nacionales, mejorar la comunicación de su labor y, sobre todo, conectar con los ciudadanos con mecanismos participativos, hoy embrionarios.

Sólo reforzando la legitimidad y el debate pluralista del PE esta institución podrá aspirar a ser motor del tan necesario impulso europeísta frente a los desafíos de las fuerzas euroescépticas y eurófobas, en inquietante ascenso.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Internacional

El corazón de África también sufre de los incendios y la sequía

En Angola hasta la fecha hay 10.000 incendios que afectan el centro del continente a diferencia de los 2.127 de Brasil.

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La zona del mundo que más se quema anualmente está en el corazón de África y rodea la cuenca del Congo (fig. 1), donde se encuentra el segundo bosque tropical más importante del mundo. Estos incendios están ligados a prácticas agrícolas ancestrales. Pero, aunque el fuego no es un problema, sí lo es la sequía que está secando el bosque tropical.

Figura 1. Área quemada en el mundo durante 2018 según el satélite MODIS de la NASA. El 70 % de los incendios se dan en la sabana africana, rodeando al bosque tropical de la cuenca del Congo. Sistema EOS (LANCE) del Sistema de Información y Datos de Ciencias de la Tierra de la NASA

Frecuencia de incendios en la sabana


El 70 % del área quemada anualmente se concentra en sabanas, que arden regularmente cada 10 o 20 años. El clima estacional, con una época lluviosa y otra seca, favorece la producción de hierba, que luego se convierte en pasto para el fuego. Pero la vegetación está adaptada a esas condiciones y se recupera sin mayor dificultad.

A la sabana africana se le añaden, además, prácticas agrícolas que usan el fuego como técnica fertilizante. La técnica, denominada como roza y quema (slash and burn en inglés), se basa en dejar la tierra durante 10 o 20 años en barbecho. Transcurrido ese tiempo, se quema el matorral que ha crecido y las cenizas se usan como fertilizante del suelo. Seguidamente se cultiva la tierra durante, aproximadamente, un lustro. Después, se reinicia el ciclo volviendo al barbecho. Se trata de una práctica ancestral que lleva siglos, si no milenios, realizándose.

Estos dos factores (la alta recurrencia de incendios en la sabana y la roza y quema) hacen de la sabana del centro de África la zona del mundo con más incendios. Esto tiene repercusiones climáticas.

Como se aprecia en la figura 2, la tendencia temporal en las emisiones de carbono (un indicador del área quemada) es estable y no ha aumentado en los últimos años. Ahora bien, la magnitud de las emisiones es equivalente al 10 % del total de las emisiones de gases con efecto invernadero.

Figura 2. Emisiones anuales de carbono (Tg C anual) desde 1997 hasta 2016 derivadas de los incendios forestales a nivel global: sabana (amarillo), bosque boreal (verde oscuro), bosque templado (verde claro), deforestación en los trópicos (gris), turberas (negro) y quemas agrícolas (rojo). Adaptado de van der Werf et al. 2017, Author provided

Incendios en África y Sudamérica: diferencias


La sabana rodea la selva tropical de la cuenca del Congo. Esta selva es la segunda en extensión a nivel global, por detrás del Amazonas, pero existen importantes diferencias tanto en las causas como en la repercusión de los incendios entre ambas.

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Los incendios en el Amazonas ocurren en el bosque y están principalmente ligados a la deforestación. Los incendios africanos ocurren predominantemente en la sabana, por las razones anteriormente apuntadas.

Ahora bien, en algunos casos, la roza y quema también se usa como método para la expansión de zonas agrícolas a expensas del bosque tropical. Es uno de los motores de la deforestación en la zona, junto con la extracción de leñas y carbón. Aunque la tasa de deforestación en la cuenca del Congo es del 0,23 % anual, casi la mitad de la tasa que se da en el Amazonas (0,4 % anual).

El corazón tropical de la sabana se seca


Aunque existe cierto nivel de deforestación, el principal problema de la cuenca del Congo es la sequía. Los datos de satélite han detectado disminuciones en la cobertura arbórea en las últimas décadas. Esta tendencia se debe a aumentos en la sequía en la zona. A día de hoy, se considera que la principal amenaza para el bosque tropical de la cuenca del Congo no son los incendios ni la deforestación, sino el cambio climático.

La cuenca del Congo representa un santuario para la biodiversidad a la par que un imprescindible regulador del clima. A los bosques tropicales se les suele llamar los pulmones del planeta. La metáfora no deriva de su capacidad para oxigenar la atmósfera (que es limitada), sino de su capacidad para eliminar grandes cantidades de CO₂ del aire. Esto es, los bosques tropicales son un sistema natural de aire acondicionado planetario: sin ellos, el calentamiento global se intensificará. En el caso africano, el bosque tropical sirve para absorber y contrarrestar las ingentes emisiones de los incendios.

Cómo contrarrestar la sequía


En lo que respecta a las vidas de los agricultores de África central, los aumentos en la sequía y población pueden poner en jaque el sistema tradicional de agricultura, basado en la roza y quema. Ahora bien, estos sistemas admiten cambios productivos que intensifiquen la productividad de forma sostenible. La seguridad alimentaria en la zona no está amenazada si se adecua el sistema de producción.

Otro asunto es salvar el bosque congoleño de una sequía en aumento. Gestionar bosques tropicales maduros, de forma que se mantengan sus propiedades esenciales, es un reto para la ciencia forestal actual. Es posible que se produzca de forma natural una sustitución de especies, de manera que las especies perennes sean reemplazadas por especies caducifolias, más resistentes a la sequía. Esta sustitución de especies repercutiría sobre la biodiversidad y capacidad de asimilar carbono de estos ecosistemas.

No quiero terminar este artículo sin mencionar que, aunque los incendios no representan una gran amenaza para la selva congoleña, tampoco son del todo inocuos. El humo que se desprende durante la quema afecta negativamente a la lluvia. Por eso, los incendios contribuyen, aunque de forma indirecta, a la sequía del África tropical.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Colombia Humana acusa a la extrema derecha por los escenarios de violencia en el país

Jean Muñoz Iturriaga

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Foto: León Darío Peláez

El viernes pasado el movimiento Colombia Humana se movilizó en Francia por el "respeto el país sudamericano a los acuerdos de paz firmados con las FARC-EP y el cese de los asesinatos de líderes sociales."


Según recoge Prensa Latina, Hernando Franco representante de la organización, acusó a la extrema derecha colombiana por el escenario de violencia que reina en el país.

"Hay una clara voluntad de liquidar los acuerdos de paz de 2016 entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), algo muy peligroso", declaró.

Según Franco, debido a los incumplimientos - que él indica- dan oportunidades para que el "Ejército Nacional asesinen a dirigentes sociales y a campesinos que luchan por el derecho a la tierra".

Por su parte, el excandidato presidencial colombiano, Gustavo Petro, estuvo el fin de semana en Francia, donde denunció la persecución y los crímenes sufridos por líderes sociales, en un encuentro con la responsable para las Américas de Amnistía Internacional en la nación europea, Genevieve Garrido.

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Lo que no se ve del incendio en las Amazonas

En el mejor escenario de prevención de incendios y de conservación de los bosques existentes, tardaremos décadas en recuperar la función ecológica que se ha perdido en las últimas semanas y, con ello, una parte de la capacidad del Amazonas de mitigar el cambio climático.

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Infobae

Lo que no vemos, no existe. Quizá sea un poco exagerado, pero por algo se dice “ver para creer”. Ha tenido que llegar el humo a Sao Paulo y oscurecer el cielo de la ciudad a las tres de la tarde el pasado 20 de agosto para creernos que el Amazonas se está quemando más de la cuenta en esta temporada de 2019.


Pero lo más grave no se ve. Hay muchos y muy importantes efectos de estos incendios. Las consecuencias no se reducen a las llamas y los árboles calcinados que aparecen en las fotos. Nadie puede ver a simple vista un proceso ecológico, del mismo modo que nadie puede observar el río más grande del planeta sin elevarse lo suficiente.

Pero el río más grande del planeta es en realidad invisible; es el río formado por la suma de las columnas de agua que cada árbol amazónico extrae del suelo y transporta a la atmósfera. Es otro río que no se ve, pero su estado influye profundamente en la salud del planeta y en nuestro propio bienestar.

Ese río invisible se genera gracias a la transpiración de billones de árboles. Cada uno de ellos moviliza hasta una tonelada de agua diariamente. Este fenómeno da lugar a un clima regional único, evita que la región sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y norte de Argentina se conviertan en desierto y regula el clima de toda la Tierra.

Imagen de satélite que muestra varios incendios en los estados brasileños de Rondônia, Amazonas, Pará y Mato Grosso (11 y 13 de agosto de 2019). NASA Goddard Space Flight Center/Flickr, CC BY

Vandalismo con consecuencias globales


Los incendios, provocados para deforestar, son la forma más rudimentaria, destructiva y barata de abrirse paso en el bosque. Se provocan a gran escala en todas las regiones tropicales del mundo, pero en el Amazonas se han batido récords este agosto.

Aunque la cautela científica sugiere que aún es pronto para afirmarlo con certeza, dos de estos récords resultan incuestionables:
- El número de focos de incendio, con más de 75 000 (se contaban 2 500 activos en el momento de escribir este artículo).
- La extensión afectada: más de 3 000 kilómetros cuadrados, el triple de lo que se ha quemado otros años.

Y la temporada de incendios continúa oficialmente hasta finales de septiembre, así que las cifras pueden aumentar.

Espesor óptico de aerosoles medidos a 550 nm en América del Sur, como estimador del humo de los incendios. En a) se muestra la media para los meses más secos y con mayor número de incendios (junio, julio y agosto) para el periodo 2001-2016 y en b) para el día 20 de agosto de 2019 durante uno de los incendios más extensos registrados en la Amazonía. Puede verse la gran extensión del humo que llega a Sao Paulo, a más de 2000 km de los focos principales y que cruza el Atlántico. Si se comparan las escalas, se aprecia que los valores de espesor óptico son mayores en 2019. Adaptado de Malavelle et al. 2019 (a) y del Copernicus Atmosphere Monitoring Service (b), CC BY

A la hora de buscar culpables, difícilmente se puede señalar a una sequía inusualmente severa. La de este año es normal. Más bien floja. El fenómeno de El Niño, que se asocia con los incendios más importantes en esta región, ha sido débil en el 2019. El hecho de que los focos se localicen principalmente en la periferia de las grandes masas boscosas termina de confirmar el origen humano de las llamas.

Quemar el bosque supone no solo eliminar los árboles, sino también destruir la fertilidad del suelo y eliminar miles de especies de animales, plantas, hongos y bacterias que cumplen una función biológica esencial. De hecho, todos estos organismos mejorarían el rendimiento de las plantaciones y pastos ganaderos que pudieran cultivarse tras el incendio.

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Prender fuego a todo eso es un acto de vandalismo. Y al igual que un vándalo que destruya el mobiliario urbano se queda sin un banco para sentarse, quienes queman el bosque se quedan sin funciones ecológicas clave que permitirían una producción más elevada y una mayor resiliencia ante perturbaciones, sean naturales o no.

Dada la magnitud de los incendios de los que hablamos y la contribución del Amazonas a los grandes ciclos globales, como el del carbono, el oxígeno y el agua, es un vandalismo de consecuencias planetarias. No en vano, el Amazonas produce la quinta parte del oxígeno que respiramos y captura la quinta parte del CO₂ que emitimos. Por el río Amazonas circula la quinta parte de las reservas mundiales de agua dulce.

Cambios en el bosque y en el clima


Incendios, Amazonas, clima y CO₂. Estos cuatro conceptos están estrechamente ligados. Los incendios cambian el bosque amazónico y la destrucción de este bosque modifica el clima. Los incendios emiten a la atmósfera el carbono almacenado durante largo tiempo en los árboles y en el suelo, favoreciendo el calentamiento global. Además, la desaparición de los árboles disminuye la capacidad de secuestrar el carbono por fotosíntesis, con lo que perdemos eficacia para mitigar este calentamiento global.

La deforestación generada por los incendios hace que llegue más radiación a las capas bajas del bosque. Como consecuencia, el suelo se seca, cambian las comunidades de animales y plantas y se produce menos transpiración. Se genera así un nuevo clima local debido a la deforestación que cambia a su vez el bosque.

El nuevo bosque afectado por los incendios transpira menos, mueve menos agua, produce menos compuestos volátiles que favorecen la lluvia en la atmósfera. Con todo ello, se genera un ciclo sin control que lleva al avance de la sabana donde antes había bosques. Este bosque alterado crece menos y, por tanto, fija menos carbono.

Ya se tienen evidencias de que la productividad del bosque amazónico y, por tanto, su fijación del carbono atmosférico, se han reducido a la mitad en los últimos treinta años. Varios estudios demuestran un importante avance de la sabana a expensas del bosque amazónico: en sesenta años se ha perdido ya la quinta parte de este bosque. Y este 2019 va a contribuir más de lo normal a esta tendencia negativa.

Productividad primaria bruta (GPP, a) y neta (NPP, b) de los ecosistemas terrestres, estimada en gramos de carbono por metro cuadrado y año para el periodo 2011-2013. Puede observarse la inmensa contribución del bosque amazónico a la productividad global del planeta. La productividad neta es algo inferior debido a las altas tasas de respiración, pero es igualmente notable. Adaptado de Malavelle et al., 2019/ Atmos. Chem. Phys, CC BY

El Acuerdo de París y la Agenda 2030


La recuperación del bosque amazónico es lenta y, en ciertas situaciones, el paso a la sabana es irreversible. Así que, incluso en el mejor escenario de prevención de incendios y de conservación de los bosques existentes, tardaremos décadas en recuperar la función ecológica que se ha perdido en las últimas semanas y, con ello, una parte de la capacidad del Amazonas de mitigar el cambio climático y regular el clima regional y planetario.

Va a ser más difícil cumplir con el Acuerdo de París y la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Hicimos los cálculos contando con un CO₂ almacenado en el Amazonas que estos incendios han puesto ya en la atmósfera. Hicimos los cálculos contando con un bosque amazónico grande y sano que fuera capaz de captar mucho CO₂ durante los próximos años.

Ahora, hay que rehacer esos cálculos. Y tocará hacer encaje de bolillos con nuestras emisiones. Si ya nos tocaba reducirlas mucho, y no parecía fácil, ahora toca reducirlas aún más si no queremos pasar de la barrera de los dos grados de calentamiento establecida como límite de seguridad en el Acuerdo de París. Cumplir la Agenda 2030 se nos va a hacer cuesta arriba con este colosal incendio que devasta un ecosistema que cada año funciona un poco peor.

El incendio en abril de la catedral parisina de Notre Dame nos tuvo a todos en vilo. Nos apenó tanto que en pocas horas se organizaron donaciones y todo tipo de acciones que revelaban el poder de las imágenes del fuego para despertar conciencias. Los fuegos en el Amazonas nos quedan lejanos, se ven poco. De hecho, la vegetación tan húmeda quema mal y se ve más el humo que el fuego. Pero lo realmente preocupante es todo lo que estos incendios amenazan. Y eso no se ve.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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