Ayer, desde la Basílica de San Pedro, el papa Francisco declaró en su discurso universal de Navidad que las diferencias entre culturas, pueblos y religiones “no son un daño o un peligro, son una riqueza” para el mundo.
El sumo pontífice de la Iglesia Católica enfatizó que la humanidad, con todas sus naciones y culturas, debería aprender a fraternizar sus relaciones, siendo capaces de respetar y escuchar a los que son distintos a uno mismo.
“La salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas, pero todos hermanos en humanidad”, enfatizó.
Y añadió que “nuestras diferencias no son un daño o un peligro, son una riqueza. Como para un artista que quiere hacer un mosaico: es mejor tener a disposición teselas de muchos colores, antes que de pocos”.
Bajo esta premisa, el pontífice, Jorge Bergoglio, también se refirió a los distintos puntos de conflictos que hay en la actualidad. Hizo énfasis en los conflictos entre israelíes y palestinos; Siria; África; y también los casos latinoamericanos de Venezuela y Nicaragua.
Para finalizar, Bergoglio llamó a que “que todos podamos recibir paz y consuelo por el nacimiento del Salvador y, sintiéndonos amados por el único Padre celestial, reencontrarnos y vivir como hermanos”.