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Los datos detrás de los violadores: los más jóvenes actúan en grupo

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savethechildren.es

Cuando me invitaron a escribir este artículo pregunté a un colega qué le venía a la memoria sobre las agresiones sexuales en grupo. Hizo alusión únicamente a dos episodios: el que se relata en la película Acusados –protagonizada por Jodie Foster y basada en la historia real de la violación sufrida por una joven sobre la mesa de un billar por al menos seis hombres en una taberna de New Bedford en Estados Unidos– y el de la violación de la denominada “la manada de Pamplona”.

Considerando que la película en cuestión fue estrenada en 1988 y los hechos enjuiciados en Pamplona ocurrieron en 2016, da la sensación de que en estos últimos casi 30 años las violaciones en grupo no han existido y nos encontramos ahora con un fenómeno dramáticamente emergente. Pero se trata de una conclusión sin soporte alguno.

¿Cuántas se producen al año?


Lo primero que deberíamos averiguar es el porcentaje de violaciones en grupo sobre el total de delitos sexuales. Este dato, lamentablemente, es imposible conocerlo en nuestro país, ya que el tratamiento jurídico, penal, psicosocial, y también estadístico de los delitos sexuales es individual. Es decir, no se distinguen los casos de violadores solitarios de los violadores en grupo.

La cifra más aproximada la podemos encontrar en un estudio realizado por la Secretaría de Estado de la Seguridad en 2018. El problema es que la muestra de dicho estudio está conformada únicamente por casos de agresiones sexuales en los que la víctima no conocía a su agresor o agresores, situación que se produce únicamente en el 20 % de los casos.

Pues bien, un 17 % de este 20 % fueron agresiones sexuales en grupo, es decir, de cada 100 denuncias de violación, un 3,4 % se producen en grupo y la víctima no conocía a sus asaltantes.

No es una cifra muy alta si la comparamos con otro estudio realizado en EE UU que sostiene que son una de cada tres, es decir, aproximadamente un 33 %.

El primer dato (3,4 %) corresponde a un estudio español, pero con una muestra poco representativa. El segundo porcentaje (33 %) está llevado a cabo con una muestra representativa, pero se hizo en EE UU en el año 1999.

Un mínimo de 133 agresiones sexuales en grupo


Con este margen de incertidumbre, asumamos por un momento la ratio menos inquietante, es decir, que “solo” un 3,4 % de las agresiones sexuales se realizan en grupo. Pues bien, en el año 2017 se registraron en España 3.924 denuncias de agresiones sexuales, lo que significa que podrían haberse cometido solo en ese año, atendiendo a la ratio más conservadora, 133 agresiones sexuales en grupo que, considerando la cifra negra de este delito, podría representar únicamente el 20 % de las que se produjeron realmente.

Este cálculo arroja una escalofriante cifra de varios centenares de agresiones sexuales en grupo en nuestra unidad temporal de referencia: desde el estreno de la película Acusados a la violación grupal cometida por la “manada de Pamplona”.

Efectos positivos de la visibilización


¿Cuál es la razón en virtud de la cual los medios de comunicación repararon precisamente en este suceso después de haber ignorado durante años este fenómeno? Es difícil de determinar y, en todo caso, sería objeto de otro artículo, aunque sí podemos hipotetizar que ha tenido un efecto colateral positivo.

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Esta visibilización mediática ha podido animar a algunas víctimas de agresión sexual en grupo a denunciar un delito que antes del 2016 hubieran ocultado, no solo a la policía, sino a su familia, amigos y círculo social íntimo.

Así son los agresores


La violación en grupo es un delito sexual muy violento en el que una mujer es humillada y, esencialmente, utilizada como un objeto. Además, cabe subrayar que las motivaciones de los sujetos que perpetran este delito no tienen mucho que ver con la satisfacción de sus pulsiones sexuales, sino con la vejación de la víctima y el exhibicionismo de una embrutecida hipermasculinidad ante otros hombres.

En esta línea, un interesante trabajo de Da Silva, Woodhams y Harkins realizado en el Reino Unido en el que se analizan las diferencias entre las agresiones sexuales individuales y las perpetradas en grupo desveló los siguientes resultados:

  • Los agresores sexuales en grupo tienden a ser más jóvenes que los agresores sexuales solitarios y pertenecen con mayor frecuencia a “minorías étnicas”.
  • Por razones obvias, cuanto mayor sea el número de delincuentes involucrados, mayor será la duración de la agresión.
  • Las agresiones grupales suelen ser llevadas a cabo con más frecuencia en lugares cerrados, al contrario que los agresores solitarios que tienden a hacerlo en lugares abiertos.
  • En las violaciones grupales, las víctimas son obligadas con mayor frecuencia a realizar una o varias felaciones, además de ser delitos más hostiles y exhibirse comportamientos más agresivos. Estos comportamientos no suelen estar, en todo caso, orientados a la contención física de la víctima, lo que podría indicar que los agresores confían en la intimidación del grupo para inmovilizarla.
  • En más de la mitad de las agresiones grupales no se tomaron demasiadas precauciones en el modus operandi, lo que contrasta con los delincuentes solitarios que tomaron más medidas para ocultar su identidad y no dejar pruebas. Según las autoras, el hecho de que los agresores grupales asuman más riesgos puede deberse al proceso grupal de desindividuación que puede conducir a perder de vista las consecuencias de sus actos. En todo caso, y paradójicamente, los agresores en grupo usaron el condón con más frecuencia que los agresores solitarios.

Recomendaciones para diseñar políticas de prevención


De cara al futuro sería fundamental reducir la altísima cifra negra de los delitos sexuales y, llegados a este punto, realizar los registros estadísticos tratando separadamente agresiones individuales y grupales. Solo de esta forma podremos obtener un perfil psicosocial y demográfico preciso de los agresores grupales, dado que todo parece indicar que es netamente diferente al perfil de los violadores solitarios.

Finalmente, sería muy interesante no blanquear ni relativizar los resultados en el caso de que no nos gusten o resulten políticamente incorrectos, ya que es absolutamente necesario disponer de evidencia fiable y contrastada para diseñar políticas sociales de prevención verdaderamente eficaces.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

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¿Qué está pasando en Sudamérica?

En el último siglo, varios países sudamericanos se enfrentaron a golpes de estado, dictaduras militares y levantamientos sociales. A pesar de las mejoras económicas de los últimos años, el continente sigue padeciendo revueltas.

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Leonardo Aranda (LAV.Photo_)

La noticia de que el presidente de Bolivia, Evo Morales, dimitió en medio de un escándalo de fraude electoral pone de relieve una lamentable realidad sobre América del Sur. Si bien es cierto que el continente ha hecho importantes progresos económicos en los últimos años, sigue viéndose afectado por frecuentes disturbios políticos y civiles.

Con más de 425 millones de habitantes, los países de América del Sur se encuentran, a nivel mundial, entre los mayores productores y exportadores de carne de vacuno y soja (Brasil), petróleo (Venezuela), café (Colombia), vino (Argentina y Chile), cobre (Chile y Perú) y gas natural (Bolivia).

Pero América del Sur también se caracteriza desde hace mucho tiempo por su inestabilidad política y sus tensiones en materia de políticas públicas.

Durante el siglo pasado, en varios países de América del Sur se produjeron golpes de Estado, dictaduras militares y levantamientos sociales. Los últimos meses han demostrado que los disturbios no son cosa del pasado.

Ola de manifestaciones


Además de Venezuela, donde las crisis política y económica han dado lugar a un desastre humanitario conocido en todo el mundo, recientemente han estallado turbulencias en otras regiones del continente.

En Paraguay se han desatado protestas multitudinarias contra el presidente Mario Abdo. Los paraguayos están molestos por un acuerdo firmado con Brasil en relación con la central hidroeléctrica de Itaipú, que la ciudadanía considera contrario a sus intereses.

Con un nivel de desaprobación del Gobierno que se sitúa en el 69%, la oposición ha iniciado un proceso de destitución contra Abdo y su vicepresidente que está a punto de concluir. El proceso de destitución tiene lugar apenas siete años después de que el expresidente Fernando Lugo también fuera destituido en 2012 en medio de un conflicto por unas tierras que ocasionó la muerte de 17 personas.

En Perú, el presidente Martín Vizcarra ha disuelto el Congreso en un intento de forzar unas nuevas elecciones parlamentarias. Sus actos han desencadenado varias manifestaciones en todo el país, entre ellas una que bloqueó el acceso a una mina de cobre y dio lugar al cese de la producción.

Vizcarra ocupó el cargo de vicepresidente hasta el año pasado, después de que el anterior presidente, Pedro Pablo Kuczynski, dimitiera por su posible relación con un escándalo de soborno en el que se vio envuelta la empresa constructora brasileña Odebrecht. Otro presidente peruano, Alan García, se suicidó el pasado mes de abril cuando la policía llegó a su casa para detenerlo por su implicación en el mismo caso.

Impugnación de resultados electorales


En Bolivia también ha tenido lugar una oleada masiva de manifestaciones. La oposición no aceptó los resultados de las recientes elecciones, que dieron la victoria a Morales en la primera vuelta de la votación para su cuarto mandato.

Morales, que lideraba el país desde 2006, aceptó que la Organización de los Estados Americanos (OEA) llevara a cabo una auditoría de las elecciones, en la que se concluyó que no se podían dar por válidos los resultados de octubre debido a “graves irregularidades”. Morales anunció que dimitía “por el bien del país”.

Evo Morales asiste a una conferencia de prensa en La Paz (Bolivia), el 10 de noviembre de 2019. Morales pide que se convoquen nuevas elecciones presidenciales y se revise el sistema electoral. (AP Photo/Juan Karita)

 

Desde las elecciones, se han cerrado las carreteras en todo el país y los disturbios diarios han sido moneda corriente. Santa Cruz, la provincia más rica de Bolivia, está siendo escenario de una huelga general.

 

Jeanine Añez, ex-vicepresidenta del Senado, asumió el mando del país tras las renuncias de Morales, del vicepresidente y de la presidenta del Senado. Rusia, uno de los más cercanos aliados de Morales, reconoció a Añez como jefe de Estado interina del país, y el presidente Carlos Mesa, quién disputó las últimas elecciones contra el líder del MAS, pide nuevas elecciones lo más rápido posible.

En Ecuador el presidente Lenin Moreno retiró las subvenciones al combustible, vigentes desde la década de 1970, debido a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde entonces, el precio del combustible se ha disparado, lo que ha desencadenado protestas multitudinarias que paralizaron varias regiones del país en octubre.

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Manifestantes antigubernamentales escalan la fachada de una residencia en busca de una mejor posición para enfrentarse a la policía en Quito (Ecuador), en octubre de 2019. (AP Photo/Dolores Ochoa)

Moreno ha acusado a su predecesor, Rafael Correa, y al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de estar detrás de estas manifestaciones, que continuaron incluso después de que se restablecieran los subsidios.

Chile, el país de América del Sur con el índice de desarrollo humano más alto y uno de los productos interiores brutos per cápita más elevados de la región, está afrontando la mayor oleada de agitación social conocida desde la redemocratización del país en 1990. El detonante fue el aumento de las tarifas del transporte público y la luz a principios de octubre.

Educación y pensiones de jubilación


Los problemas relacionados con la educación, que en su mayor parte es privada y cara, y el régimen de pensiones están avivando gran parte del malestar en Chile, en particular entre la juventud y las personas mayores. Las protestas han causado al menos 20 muertos y miles de heridos, en medio de acusaciones de violencia ejercida por el Estado.

Afortunadamente, Brasil y Argentina, los países más grandes de América del Sur, no están experimentando revueltas de este tipo, a pesar de que ambos países celebraron recientemente elecciones que pusieron de relieve la profunda división del electorado.

En octubre de 2018 Brasil eligió al derechista Jair Bolsonaro, antiguo capitán del ejército. El antiguo congresista venció al candidato de la izquierda, en la que fue la primera derrota del Partido de los Trabajadores desde 1998.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sonríe en un acto celebrado en Brasilia (Brasil) en octubre de 2019. (AP Photo/Eraldo Peres)

Al margen de la derrota y el desgaste causado por varios escándalos de corrupción, los partidos de izquierda de Brasil todavía ocupan un gran número de escaños en el Parlamento y de puestos de gobernador en los estados.

 

En Argentina, la reciente elección de Alberto Fernández ha devuelto al poder al partido de izquierda de la expresidenta Cristina F. de Kirchner, que se convirtió en vicepresidenta. Aun derrotado, el exlíder Mauricio Macri recibió un 41,7% de los votos, lo que muestra que, al igual que en Brasil, la oposición contra Fernández es fuerte.

Posibles consecuencias


El recrudecimiento de los disturbios en América del Sur presenta algunas similitudes entre los distintos países.

La mayoría de los disturbios comenzó por causas de menor importancia, como el aumento de las tarifas de los autobuses o el metro, pero están relacionados con problemas más amplios de política pública, como la corrupción, el acceso a la educación, la atención sanitaria o las pensiones. Los problemas económicos han tenido una incidencia considerable en la insatisfacción generalizada.

Los sólidos indicadores económicos registrados en años anteriores en América del Sur se han debilitado. En muchos países se ha empezado a observar un bajo aumento del producto interior bruto y un alto nivel de desempleo.

Incluso Chile está viendo rebajadas sus perspectivas económicas. Con frecuencia se considera que el país constituye la primera nación desarrollada de Latinoamérica. Es algo pronto para decir si los recientes acontecimientos podrían cambiar esa situación.

Ya están empezando a establecerse comparaciones entre los disturbios de América del Sur con la Primavera Árabe, la ola de manifestaciones a favor de la democracia que tuvieron lugar en el Norte de África y el Oriente Medio.

En 2010 y 2011 la Primavera Árabe impulsó la caída de los presidentes autocráticos de Egipto, Túnez y Libia, y generó una guerra civil en Yemen.

Aunque existen similitudes, los países de América del Sur son en gran medida democráticos, si bien es cierto que algunas de esas democracias adolecen de fragilidad. En las últimas elecciones celebradas en América del Sur, los electores han decidido su voto entre partidos de izquierda y de derecha.

Las próximas semanas determinarán cuál será la repercusión de estas reacciones colectivas. A pesar de la cantidad de riqueza natural que posee la región, la inestabilidad obedece normalmente a crisis económicas, que se traducen en protestas civiles masivas como las que estamos presenciando en estos momentos.The Conversation

 

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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La pandemia de las noticias falsas y su detección: al límite de lo imposible

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La falsificación intencionada de productos y la elaboración de contenidos fraudulentos no es nueva, pero su distribución masiva en las redes y medios de comunicación está alcanzando la categoría de pandemia. Como respuesta, se multiplican los esfuerzos para limitar el impacto de las denominadas fake news, pero la batalla contra la proliferación de fake pictures (imágenes falsas) es mucho más compleja, y sus efectos culturales son también mucho más devastadores.


Los sistemas de detección del fraude aplicados a textos obtienen resultados bastante precisos. Por ejemplo, Ithenticate, en el ámbito académico, está integrado en los procesos de evaluación de manuscritos de la mayoría de las publicaciones científicas. Sin embargo, la detección de imágenes falsas resulta mucho mas compleja y requiere de precisos métodos de análisis forense combinados con avanzadas herramientas de software.

A día de hoy, estas no se pueden automatizar con tanta facilidad como ocurre con el análisis textual.

Existen sistemas de reconocimiento de imágenes que utilizan la inteligencia artificial para determinar de qué tipo de imagen se trata y etiquetarla, realizar búsquedas y recuperar imágenes similares, como las desarrolladas por Google. Pero cuando las imágenes son falsificaciones que van más allá de su simple copia o de una manipulación rudimentaria, resulta muy complejo despejar las dudas sobre su originalidad. Entonces se vuelve imprescindible llevar a cabo un análisis forense detallado que certifique si ha sido manipulada.

La metodología de elaboración de un informe pericial sobre la imagen digital está regulada para garantizar su validez jurídica, pero resulta muy difícil detener su proliferación y sus devastadores efectos culturales. Se están produciendo algunos rápidos avances en la investigación, pero todavía son incipientes dada la complejidad propia de la imagen.

En los límites de lo imposible


Toda imagen es siempre una selección de eso que llamamos realidad, por muy preciso que sea el sistema que utilicemos. Su fidelidad depende de la honestidad de quien ha elaborado la imagen. El problema es que hoy casi cualquiera puede falsificar y distribuir masivamente una imagen, y no digamos las agencias gubernamentales, empresas y especialistas con sobrados recursos.

El análisis forense de imágenes puede aplicarse para determinar con precisión las condiciones en las que se registró. Por ejemplo, para evaluar la coherencia espacial de la luz e identificar la cámara con que se tomó, analizando los artefactos característicos que cada equipo produce en el proceso de captura.

También en el proceso de registro de la imagen se incluyen algunos datos de la captura que acompañan al propio archivo, los denominados metadatos, pero no solo no están disponibles en la mayoría de las imágenes en circulación, si no que además son fácilmente manipulabes por un falsificador profesional que lo primero que hace es actuar sobre ellos, por lo que muchas veces pueden ser poco fiables.

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La mayoría de las falsificaciones que circulan masivamente son manipulaciones, más o menos sofisticadas, sobre el archivo de la imagen. Muchas veces hacen uso de herramientas que están al alcance de cualquiera, como Photoshop. Algunas pueden ser fáciles de detectar, pero cuando se falsifica con profesionalidad y software diseñado específicamente para eliminar todo rastro de manipulación resulta mucho mas complicado.

Pensemos en la complejidad y la potencia actual de la tecnología y las técnicas de IA para elaborar, por ejemplo, las denominadas deepfakes, en las que lo que se manipula son vídeos. Se están desarrollando herramientas para intentar detectar también este tipo de falsificaciones, como por ejemplo TruePic. Pero aunque se están redoblando los esfuerzos en este sentido tanto en Europa como en América, en la lucha tecnológica contra el fraude las técnicas de análisis forense casi siempre van un paso atrás.

Imagen falsa de un tiburón nadando por una calle inundada tras un huracán.

Por activa y por pasiva


En el análisis forense de imágenes digitales se utilizan dos procedimientos básicos de detección de falsificaciones: los activos y los pasivos.

Los métodos activos hacen referencia a las estrategias de autenticación de archivos digitales para su identificación. Esto se consigue, por ejemplo, insertando marcas de agua entre los datos de imagen o utilizando sistemas de firma digital como las cadenas de HASH. Pero la mayor parte de las imágenes en circulación, sean falsas o no, no van acompañadas de ningún dato de identificación, y solo es posible detectar a simple vista si son falsas entre el 30-40 %.

Existe un segundo grupo de métodos de análisis, los denominados pasivos, que utilizan algoritmos específicos y técnicas estadísticas para analizar la coherencia de la estructura de datos del archivo de imagen y determinar si se ha retocado el brillo, contraste y color (el retoque es admisible, pero solo hasta cierto punto). O si se han movido, clonado o transformado algunos elementos. Para ello se están desarrollando algoritmos específicos que son cada vez más efectivos.

Estamos en una carrera en la que se está siempre al límite de la vanguardia tecnológica y, mientras tanto, la pandemia de imágenes falsas se sigue extendiendo a una velocidad imparable. En esta enloquecida lucha sin fin, por ahora gana la falsificación, seguida muy de cerca por las técnicas de detección desarrolladas por los analistas expertos en imagen. Pero hay que correr, y mucho, y al límite de lo imposible.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Leonard Cohen, el monje que amaba a las mujeres

El 21 de septiembre de 1934 nacía Leonard Cohen y este 2019 hubiese cumplido 85 años. Analizar su obra es darse cuenta de cómo intentó aunar la espiritualidad y la sensualidad como dos conceptos complementarios.

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En palabras de Gideon Zelermyer, cantor de la sinagoga de Wesmount (Montreal), la tumba de Leonard Cohen (1934-2016) siempre tiene huellas que conducen hasta ella, sin importar cuan alta sea la nieve. No solo resulta evidente que su memoria y legado siguen vivos, sino que su obra como músico, poeta y novelista recibe cada vez mayor atención, tanto en forma de estudios y análisis académicos como de escritos de carácter divulgativo.

Religión y feminidad


Además de los dedicados a su creación musical y literaria, gran parte de estos análisis se centra en uno de los aspectos más señalados de Cohen: la búsqueda espiritual que llevó a cabo a lo largo de toda su vida y que ha sido definida a menudo como su faceta de “monje” (“monk”).

Sin renunciar jamás a las raíces culturales del judaísmo heredadas de su familia, exploró numerosas vías de crecimiento personal, siendo la más señalada el budismo zen, disciplina en la que llegó incluso a ser ordenado monje tras cinco años de retiro en el monasterio Mount Baldy (California). Hacia las últimas décadas de su vida, y como forma de completar su aprendizaje, se interesó también por algunas ramas del hinduismo, viajando asiduamente a Bombay (India).

Leonard Cohen, 2008. Rama / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Otro aspecto que aparece con mucha frecuencia en escritos sobre Cohen es su visión sobre la feminidad y la forma en la que ésta, tanto en abstracto como en lo que se refiere a sus relaciones personales, está claramente presente en su obra. En inglés, para definir esta faceta se utiliza el término ladies’ man. En español esta expresión se tiende a traducir como “mujeriego” (que correspondería a womanizer), pero dicha traducción tiene un carácter mucho más superficial e incluso despectivo que el sentido original.

Hay que tener en cuenta que el enfoque de Cohen acerca de sus relaciones le exigía una profunda comprensión de la condición humana y no encaja en el estereotipo de una celebridad rodeado de admiradoras.

Dos facetas compatibles


Más allá del hecho de que no obtuviese fama como músico folk hasta pasados los 30 años (su primer álbum de estudio, Songs of Leonard Cohen, es de 1967, cuando contaba con 33), su particular visión del mundo ya había quedado plasmada desde sus primeras obras poéticas, demostrando ser un ferviente adorador de la virtud que encarna la belleza femenina.

De igual modo, y aunque no deje de ser hijo de su tiempo, tampoco es del todo exacto aproximarse a la figura de Leonard Cohen interpretando sus experiencias vitales como si fuesen un mero fruto del fenómeno contracultural de los 60.

Las dos facetas mencionadas se tienden a considerar como contrapuestas y que generan cierto conflicto: “the Monk vs. the Ladies’ Man”. Sin embargo, en realidad no son incompatibles, pues Cohen era capaz de proyectar sus inquietudes espirituales sobre su relación con las mujeres. Esto se debe principalmente a su constante interés por la reconciliación de aspectos aparentemente contrarios, como la religiosidad frente a la sensualidad.

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En su obra, temas como el amor y el deseo fueron un asunto tan elevado como cualquier fe religiosa. Todo su trabajo está impregnado de esta premisa, pero algunos ejemplos concretos se pueden hallar en poemas como “No tienes que amarme”, de Selected Poems (1956-1968), “El colapso del zen” de El libro del anhelo (Book of Longing, 2006) o en canciones como “Joan of Arc” (Songs of Love and Hate, 1971) y “Dance Me to the End of Love” (Various Positions, 1984).

La base de esta consideración residía en su convicción de que durante los encuentros intensos entre amantes no era posible distinguir entre lo espiritual y lo profano, pues percibiendo el orgasmo como un momento de éxtasis “ya no existía separación entre el alma y la carne ni conflicto alguno”.

Símbolo del Corazón Unificado


Portada de Book of Mercy.

En su empeño por ahondar en la convergencia de este tipo de polos opuestos llegó incluso a idear un emblema que la simbolizase: el Corazón Unificado (“Unified Heart”). Este símbolo fue diseñado por el propio autor y empleado por primera vez para ilustrar la cubierta de su séptimo poemario, El libro de la misericordia (Book of Mercy, 1984).

Su representación es la de un hexagrama (muy vinculado a la Estrella de David judía), al que se le sustituyen los clásicos triángulos por dos corazones ensamblados. El Corazón Unificado, como el propio Cohen explicaría, corresponde a “una versión del yin y el yang, o cualquiera de los símbolos que incorporan las polaridades y tratan de reconciliar las diferencias.”

La importancia que este símbolo adquirió en su obra no solo expone la relevancia que concedía a la convergencia de los contrarios, si no también a la coexistencia y fusión de sus dos vertientes principales (la de “Monk” y la de “Ladies’ Man”), convirtiéndole en alguien capaz de contemplar lo profano bajo la luz de lo sagrado.

Para concluir, cabe señalar que la imagen del Corazón Unificado no solo llegó a ser una especie de sello o firma personal del artista que aparecería tanto de forma plástica como conceptual en todo su trabajo posterior a 1984, sino que además es el único elemento visual que fue grabado en la lápida de su tumba. Esa que siempre tiene huellas que conducen hasta ella, sin importar cuan alta sea la nieve.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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