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Francisca Burdeos, una mujer soldado que pasó por hombre en el siglo XIX

La “transgresión a la feminidad normativa” de Francisca Burdeos la convierte en una adelantada, aparentemente sin pretenderlo, de la lucha por la igualdad y la emancipación femenina.

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Tropas de la Reina, del álbum de las Tropas Carlistas del Norte. Vicente Urrabieta / Wikimedia Commons

Las mujeres que a lo largo de la historia se han vestido como los hombres (y, en muchos casos, han participado en acciones de guerra codo a codo con ellos) se prestan a relatos más o menos novelescos o sensacionalistas.

Los condicionantes y objetivos del travestismo son particularmente un campo fértil para la especulación acerca de la sexualidad de mujeres-soldado como la protagonista de este trabajo. Su caso es bastante similar al de Ana María de Soto, infante de marina que entre 1793 y 1798 combatió hasta que, en un reconocimiento médico, se descubrió que era mujer y recibió una pensión del Gobierno.

De todos modos, las peripecias de ambas fueron bastante diferentes y menos complejas que las de Teresa o Florencio Pla Meseguer, jefe guerrillero antifranquista, o el coronel Amelio Robles, “una mujer transgénero” del México revolucionario.

Francisca se convierte en Benito


En este sentido, la “transgresión a la feminidad normativa” de Francisca Burdeos es muy peculiar, como ocurre en los casos de mujeres que se mueven entre los márgenes que marcan factores como el sexo, una condición social humilde y un mayor o menor compromiso con ideales progresistas. En ella se unieron la decisión y la valentía para subsistir y alcanzar la independencia personal, lo que la convierte en una adelantada, aparentemente sin pretenderlo, de la lucha por la igualdad y la emancipación femenina. Por ello llaman la atención los parabienes que su comportamiento mereció de la prensa de mediados del XIX.

Diario de Palma, ejemplar del 7 de octubre de 1854. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España. (Haz click para agrandar)

Francisca Burdeos Zamboráin (Tiermas, Zaragoza, 1810) tuvo al menos tres hermanos. De uno de ellos, Benito (Eslava, Navarra), que murió de niño, tomó su nombre y con él llevó una rocambolesca vida, ya que logró ocultar su condición femenina durante mucho tiempo.

Según refirió ella misma a algún periódico, que publicó sus declaraciones para que el Gobierno premiara sus servicios, a los cinco años perdió a su madre y su madrastra la maltrataba. Por ello, a los 13 años, “harta ya de sufrir”, decidió hacerse pasar por Benito, pensando que ganaría más que como mujer “con el mismo trabajo”.

A comienzos de la primera Guerra Carlista abandonó su trabajo de boyero (conductor de bueyes) en Sangüesa (Navarra) y se alistó en el cuerpo de Tiradores de Isabel II de Navarra con el nombre de Javier Urbiza o Javier Burdeos. Como tal, participó en numerosos combates.

Cuando en 1837 dicho cuerpo fue disuelto, se incorporó en Zaragoza al Segundo Batallón de Cuerpos Francos de Aragón con uno de los dos nombres citados. Siempre se portó como el más valiente soldado y no fue herida. Una vez obtenida la licencia absoluta en 1842, trabajó en el campo en varias localidades navarras, haciéndose pasar siempre por Benito.

Francisca se descubre


En 1848 se empleó en una taberna de Tudela, cuya dueña propició su detención y que se descubriera que era mujer, al acusarle de que le debía 24 reales por las comidas que le daba. Ella negó que tuviera que pagárselas y afirmó que su patrona actuaba así resentida porque quería dejar su trabajo. Sea como fuere, al ser destinada a la misma celda que otros presos, “pidió, suplicó, rogó, instó y volvió a solicitar que le pusieran en una estancia separada por razones de conveniencia propia”. Al no conseguirlo, se vio obligada a declarar que era mujer y que se llamaba Francisca Burdeos.

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En la causa declaró que “jamás” había abusado de su disfraz de hombre para “no faltar en lo más mínimo a sus deberes de mujer honrada”, a pesar de “haber estado entre soldados libertinos que jamás advirtieron que fuese mujer”. También alegó que había tomado “mil precauciones” para que los hombres con quienes trabajaba no advirtieran su condición, como servir en casas donde no hubiera otros criados o no embriagarse.

Seguramente fue absuelta de los mencionados delitos, y más adelante logró ser presentada en Logroño a Espartero, quien le facilitó trasladarse a Madrid, a donde llegó en 1848 para pedir al Gobierno una recompensa por sus servicios. En 1853, el gobierno de Francisco Lersundi le concedió 112 reales mensuales.

Reconocimiento social


Retrato de Baldomero Espartero, príncipe de Vergara.Antonio María Esquivel / Wikimedia Commons

En 1854 luchó contra las tropas de la guarnición de Madrid en las barricadas cercanas a la plaza de Bilbao. Un periódico señaló entonces que era “de mediana estatura y lleva siempre el traje varonil”, y valoró su actuación como sigue: “Indudablemente merece mucho más la consideración del gobierno una mujer que ha vivido y vive como un hombre esforzado, que muchos hombres que viven como flacas mujeres”.

Pese a las valoraciones positivas de la prensa, ese mismo año, considerando que su pensión era insuficiente, pidió el empleo y sueldo de teniente o una pensión equivalente por los méritos que había contraído durante la Primera Guerra Carlista en defensa de la “causa nacional”. Sin embargo, en 1855 el Gobierno se lo denegó.

Los antecedentes y las circunstancias del crimen han merecido la atención de varios autores. Lo que aquí importa es que en 1862 y 1863 nuestra protagonista tuvo que asistir y declarar en el juicio, lo que suscitó de nuevo la cuestión de su sexo, máxime considerando que en alguna sesión exhibió “sus múltiples condecoraciones de guerra”.Las siguientes noticias sobre las vicisitudes de nuestro personaje se circunscriben prácticamente a su participación en la guerra de África (tenía ya 50 años) y al suceso siguiente. En 1861 vivía en Madrid, donde pasó por hombre y trabajó como criado de una señora, cuya prima fue asesinada el 29 de julio cuando iba con sus dos hijas, sin que quien las acompañaba (Francisca/Benito) pudiera impedirlo.

Recorte referido a Francisca/Benito Burdeos publicado en el vespertino La Regeneración (Madrid) el primero de agosto de 1861.Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España.

Precisamente por eso, aunque no hay descartarlo, no parece ser el mismo Benito Burdeos, de 50 años, enfermo, que figura en una relación de colonos llegados de España a la isla de Santo Domingo en el vapor “Ferrol” el 4 de mayo de 1862.

De cualquier modo, a partir de estos años, parece que cayó en el olvido.


Una versión de este artículo se publicó en el blog Traductor de Ciencia de la UPNA.The Conversation


Ángel García Sanz Marcotegui, Catedrático de Historia Contemporánea, Universidad Pública de Navarra

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.

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Felipe II y Juan Negrín: los curiosos lazos de dos leyendas negras

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BDH- Biblioteca Nacional de España, CC BY-SA

La “leyenda negra” es una expresión que se fundamenta en relatos ajenos, en lo que se podría llamar rumores y en los hechos históricos. En el siglo XVI, España encarnó con mucha fuerza una leyenda negra por varias razones.


El imperio español era en aquella época una potencia de influencia internacional que estaba en varios frentes de guerra. A nivel europeo, los primeros enemigos de España eran los países que no eran de confesión católica: hablamos de los protestantes, de los luteranos o de los anglicanos, por ejemplo.

Retrato de Felipe II, Rey de España (Cornelis Visscher, 1650). BDH - Biblioteca nacional de España, CC BY-SA

Felipe II, hijo de Carlos V, continuó con la labor que emprendió su padre, es decir que prosiguió una lucha mundial para extender la fe católica en el mundo. Por ser el representante de aquel imperio, Felipe II era, para parte de sus coetáneos, el origen de todos los males, con lo cual se le consideraba un déspota tiránico.

Nos proponemos aquí explorar las condiciones de emergencia de dicha expresión de “leyenda negra” aplicada a Felipe II en el siglo XVI en comparación con la fama de Juan Negrín en el siglo XX. Veremos cómo, desde una perspectiva privada y otra más política, la fama de estos dos hombres relevantes de la historia de España con más de tres siglos de diferencia comparten muchos puntos en común.

A los dos, la historiografía los atacó por sus efectos nefastos en el pueblo español en cuanto a tomas de decisiones en el ámbito público.

Resulta que el azar hizo que los dos vivieran sendos fracasos matrimoniales. Felipe II se había casado con Isabel de Valois, con la que tuvo dos hijas: Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Pero antes, con su primera esposa, María de Portugal, también había tenido un hijo, el príncipe don Carlos, que sufrió durante toda su vida una enfermedad crónica. Felipe II, al darse cuenta de que no le era posible delegar el poder en su hijo, lo mandó a un torreón convertido en cárcel en el Alcázar de Madrid. Murió en extrañas circunstancias en 1568.

Aquí encontramos las primeras similitudes con la vida de Juan Negrín. Veamos. Negrín se casó una primera vez con María Friedelman, con quien tuvo cinco hijos: Juan, Miguel, Rómulo, Dolores y María. Negrín sufrió la pérdida de sus dos hijas en 1922 y 1925. Así que tanto él como Felipe II vivieron la experiencia más dolorosa que pueda atravesar un padre: la muerte de un hijo. Si al Rey lo acusaron de haber ordenado la muerte de su hijo, no fue el caso para Negrín, pero sí que se le acusó de haber ordenado el asesinato de Andreu Nin, líder del POUM.

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Dramas familiares


Pues resulta que esas dos muertes, la del hijo Carlos para Felipe II y la de Nin para Negrín, fueron verdaderas pesadillas en sus respectivas vidas. También entre los dos hombres es parecida la elaboración de una leyenda negra a partir de dichos acontecimientos sospechosos.

En efecto, la historiografía contemporánea de los dos hombres tuvo un papel importantísimo en la difusión de su mala fama. Fue ciertamente Guillermo d’Orange en la época de Felipe II quien alimentó más y mejor la leyenda negra de España y de Felipe II. En su Apología, acusó directamente al monarca de ser el responsable del asesinato de Carlos y también de su mujer Isabel de Valois.

En la época de Negrín, los libros de Jesús Hernández, Yo fui ministro de Stalin, y de Alexander Orlov, La historia secreta de los crímenes de Stalin, cumplieron con la tarea de difundir ampliamente la fama de asesino de Negrín.

La traición de un cercano


Además, tanto Felipe II como Negrín vivieron lo que se podría llamar la traición de un cercano. El secretario del Rey, Antonio Pérez, publicó unos escritos muy virulentos en contra de él, los cuales sirvieron de base a la leyenda negra.

Durante la Guerra Civil, fue Indalecio Prieto, siendo ministro de Defensa con Negrín como jefe del Gobierno, quien le acusó de actitudes casi despóticas cuando lo echó del Gobierno por su pesimismo excesivo.

A Felipe II y a Negrín se les culpó de ser fanáticos, uno por su ansia de poder y de extender la fe católica por el mundo y otro por resistir y, según dicen, alargar inútilmente la Guerra de España.

Finalmente, se puede hacer otra comparación entre las leyendas negras de esos hombres. La historiografía posterior ahondó en los fundamentos de esos mitos hasta hablar de leyenda blanca (Ian Gibson) o rosa (Ricardo García Cárcel) en el caso de la leyenda negra de España.

Lo mismo está sucediendo con Negrín por la multitud de trabajos que han contribuido últimamente a rehabilitar su figura. Tanto en 2008, cuando se le devolvió póstumamente su carné del PSOE, como con las obras de Ángel Viñas, Ricardo Miralles, Gabriel Jackson o Enrique Moradiellos, que matizan, sin lugar a dudas, lo que la historia quiso convertir en un chivo expiatorio.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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El ecofeminismo es la respuesta para el cambio climático

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Estamos en un momento decisivo para la humanidad y el resto de la biosfera: nos enfrentamos al reto de corregir el rumbo para evitar un colapso ecológico, social y civilizatorio. Para expresar que la situación es grave, actualmente se la denomina “emergencia climática” o “crisis climática”, en vez de simple “cambio”.

En 2017, más de 15 000 figuras de renombre del mundo de la ciencia, entre ellas varios premios Nobel, firmaron la Segunda Advertencia de los Científicos del Mundo a la Humanidad para que se tomaran medidas efectivas contra el cambio climático.

En 2018, expertos de la ONU presentaron un informe sobre medidas concretas que se tenían que implementar para reducir la subida de las temperaturas y sus temidos efectos. Y, sin embargo, poco se ha hecho.

La movilización juvenil


El ecologismo lleva más de 60 años alertando sobre la imposibilidad de un crecimiento infinito en un planeta limitado, denunciando la contaminación de los ecosistemas y señalando que las generaciones futuras se verían muy perjudicadas por el uso irresponsable de los recursos en el presente. Su mensaje ha sido ridiculizado, silenciado e ignorado.

Hoy, los movimientos internacionales de jóvenes por el clima, como Zero Hour o Fridays for Future (Juventud por el Clima, en el ámbito hispanohablante) asumen el mensaje ecologista con la urgencia de quienes ven amenazado su propio porvenir, no sólo ya el de las generaciones siguientes.

“Nuestra casa está en llamas. ¿Crees que nos escuchan? Haremos que nos escuchen (…) esto es sólo el comienzo”, dijo en septiembre de 2019 la joven sueca Greta Thunberg ante miles de jóvenes en Nueva York. Los miembros de estos grupos parecen pocos si los comparamos con una inmensa mayoría que todavía no es consciente de las causas y las consecuencias del aumento de las temperaturas globales, de la sexta extinción de las especies y de la creciente frecuencia de los fenómenos climáticos anormales (sequías, inundaciones, huracanes…) en todo el mundo.

Sin embargo, los miles de jóvenes organizados que convocan manifestaciones multitudinarias y organizan huelgas internacionales por el clima son una nueva realidad que se extiende más allá de las diferencias y las fronteras que los separan.

¿Qué es el ecofeminismo?


En nuestro país, el referente de muchas de las jóvenes que pertenecen a estos movimientos es el ecofeminismo, una corriente feminista que está experimentando, como es lógico, un gran auge.

¿Por qué? He afirmado en Claves ecofeministas. Para rebeldes que aman a la Tierra y a los animales, que “el ecofeminismo es una nueva visión empática de la Naturaleza y una redefinición del ser humano para avanzar hacia un futuro libre de dominación”.

Manifestación del 8 de marzo de 2019 en Madrid. Sonia Bonet / Shutterstock

Las jóvenes españolas que hoy levantan su voz por el planeta son hijas del feminismo. Ya no se resignan a un papel social subordinado. Denuncian los prejuicios sexistas, participan con entusiasmo en las gigantescas manifestaciones del 8M y quieren ser dueñas de sus propias vidas.

La teoría ecofeminista plantea que existen relaciones profundas entre la histórica subordinación de las mujeres y la dominación de la Naturaleza que nos ha traído hasta esta situación de crisis ecológica. Conecta, así, las reivindicaciones emancipatorias del feminismo con una nueva propuesta de relación con el mundo natural.

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En los años 70 del siglo XX, Françoise d’Eaubonne, la pensadora que creó el término ecofeminismo, descubrió en la preocupación ecologista por la sobrepoblación un nexo con el feminismo, ya que éste luchaba por que las mujeres pudieran decidir libremente ser madres o no serlo. No se habría llegado a la sobrepoblación, afirmaba, si las mujeres hubieran tenido ese poder. Pero este no es el único vínculo.

Pensar como el ecofeminismo


El pensamiento ecofeminista sostiene que el patriarcado se caracteriza por una voluntad de dominio que hoy resulta ecológicamente suicida. Si antes esta voluntad se expresaba en la conquista territorial, hoy se manifiesta en la desmesurada avidez de beneficios económicos del mercado global.

Históricamente, los hombres se han dedicado a la competición y la conquista, ocupando los espacios de la guerra, la política, la religión, el ejército, la cultura, la ciencia y el trabajo asalariado. Excluyeron a las mujeres de estos ámbitos, atribuyéndoles las tareas del cuidado. Estas tareas son indispensables para la vida humana, no sólo para la infancia y la vejez o la enfermedad, sino en la vida cotidiana, ya que todos necesitamos comida, ropa y hogar limpios y un continuo soporte emocional; pero al ser consideradas femeninas, han sido devaluadas.

Las actividades distribuidas según el sexo exigían y favorecían actitudes y virtudes diferentes: en los varones, el distanciamiento emocional, la dureza y la audacia; en las mujeres, la empatía, la compasión y la escucha atenta. El ecofeminismo impugna la devaluación tradicional de estas características tradicionalmente femeninas, viéndolas, en cambio, como valores necesarios en todos los seres humanos de una sociedad ecológica. Es hora de reemplazar la voluntad de conquista y dominio por la de colaboración y reconocer que la humanidad depende de la Naturaleza para sobrevivir, que somos seres ecodependientes.

Esta propuesta conecta con la nueva sensibilidad de una juventud que ya no aplaude el maltrato, la humillación o la muerte de los animales y está convencida de que nuestra relación hacia ellos ha de evolucionar, superando el prejuicio antropocéntrico que nos lleva a pensar que sólo es criticable el daño causado a los humanos.

Las luchas de nuestro tiempo


Numerosos jóvenes rebeldes frente a los viejos mandatos patriarcales se convierten en defensores de los animales y se sienten atraídos por el veganismo o son conscientes de la necesidad de disminuir el consumo de carne, tanto sea por compasión como por contribuir a la sostenibilidad ambiental.

Marcha convocada por las mujeres de varias nacionalidades indígenas amazonicas el 8 de marzo de 2016, para protestar en contra de la política extractivista del gobierno de Rafael Correa. pato chavez / Flickr, CC BY-NC-SA

Otra razón importante por la que el ecofeminismo resulta muy atractivo en los movimientos de jóvenes por el clima es la atención que presta a las mujeres indígenas que ponen en riesgo su vida para defender el territorio frente al extractivismo, es decir, frente a la explotación insostenible de recursos naturales del Sur global para el mercado mundial.

En el ecofeminismo encontramos la lucha feminista por los derechos de las mujeres, la revalorización del cuidado y el reconocimiento de nuestra ecodependencia, la empatía con los demás seres vivos, la apertura al diálogo de culturas y el sentimiento de sororidad internacional con las defensoras del medio ambiente de los países empobrecidos. En suma, un pensamiento crítico que permite cuestionar el presente y trazar un horizonte futuro de compasión y ecojusticia.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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¿Qué está pasando en Sudamérica?

En el último siglo, varios países sudamericanos se enfrentaron a golpes de estado, dictaduras militares y levantamientos sociales. A pesar de las mejoras económicas de los últimos años, el continente sigue padeciendo revueltas.

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Leonardo Aranda (LAV.Photo_)

La noticia de que el presidente de Bolivia, Evo Morales, dimitió en medio de un escándalo de fraude electoral pone de relieve una lamentable realidad sobre América del Sur. Si bien es cierto que el continente ha hecho importantes progresos económicos en los últimos años, sigue viéndose afectado por frecuentes disturbios políticos y civiles.

Con más de 425 millones de habitantes, los países de América del Sur se encuentran, a nivel mundial, entre los mayores productores y exportadores de carne de vacuno y soja (Brasil), petróleo (Venezuela), café (Colombia), vino (Argentina y Chile), cobre (Chile y Perú) y gas natural (Bolivia).

Pero América del Sur también se caracteriza desde hace mucho tiempo por su inestabilidad política y sus tensiones en materia de políticas públicas.

Durante el siglo pasado, en varios países de América del Sur se produjeron golpes de Estado, dictaduras militares y levantamientos sociales. Los últimos meses han demostrado que los disturbios no son cosa del pasado.

Ola de manifestaciones


Además de Venezuela, donde las crisis política y económica han dado lugar a un desastre humanitario conocido en todo el mundo, recientemente han estallado turbulencias en otras regiones del continente.

En Paraguay se han desatado protestas multitudinarias contra el presidente Mario Abdo. Los paraguayos están molestos por un acuerdo firmado con Brasil en relación con la central hidroeléctrica de Itaipú, que la ciudadanía considera contrario a sus intereses.

Con un nivel de desaprobación del Gobierno que se sitúa en el 69%, la oposición ha iniciado un proceso de destitución contra Abdo y su vicepresidente que está a punto de concluir. El proceso de destitución tiene lugar apenas siete años después de que el expresidente Fernando Lugo también fuera destituido en 2012 en medio de un conflicto por unas tierras que ocasionó la muerte de 17 personas.

En Perú, el presidente Martín Vizcarra ha disuelto el Congreso en un intento de forzar unas nuevas elecciones parlamentarias. Sus actos han desencadenado varias manifestaciones en todo el país, entre ellas una que bloqueó el acceso a una mina de cobre y dio lugar al cese de la producción.

Vizcarra ocupó el cargo de vicepresidente hasta el año pasado, después de que el anterior presidente, Pedro Pablo Kuczynski, dimitiera por su posible relación con un escándalo de soborno en el que se vio envuelta la empresa constructora brasileña Odebrecht. Otro presidente peruano, Alan García, se suicidó el pasado mes de abril cuando la policía llegó a su casa para detenerlo por su implicación en el mismo caso.

Impugnación de resultados electorales


En Bolivia también ha tenido lugar una oleada masiva de manifestaciones. La oposición no aceptó los resultados de las recientes elecciones, que dieron la victoria a Morales en la primera vuelta de la votación para su cuarto mandato.

Morales, que lideraba el país desde 2006, aceptó que la Organización de los Estados Americanos (OEA) llevara a cabo una auditoría de las elecciones, en la que se concluyó que no se podían dar por válidos los resultados de octubre debido a “graves irregularidades”. Morales anunció que dimitía “por el bien del país”.

Evo Morales asiste a una conferencia de prensa en La Paz (Bolivia), el 10 de noviembre de 2019. Morales pide que se convoquen nuevas elecciones presidenciales y se revise el sistema electoral. (AP Photo/Juan Karita)

 

Desde las elecciones, se han cerrado las carreteras en todo el país y los disturbios diarios han sido moneda corriente. Santa Cruz, la provincia más rica de Bolivia, está siendo escenario de una huelga general.

 

Jeanine Añez, ex-vicepresidenta del Senado, asumió el mando del país tras las renuncias de Morales, del vicepresidente y de la presidenta del Senado. Rusia, uno de los más cercanos aliados de Morales, reconoció a Añez como jefe de Estado interina del país, y el presidente Carlos Mesa, quién disputó las últimas elecciones contra el líder del MAS, pide nuevas elecciones lo más rápido posible.

En Ecuador el presidente Lenin Moreno retiró las subvenciones al combustible, vigentes desde la década de 1970, debido a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde entonces, el precio del combustible se ha disparado, lo que ha desencadenado protestas multitudinarias que paralizaron varias regiones del país en octubre.

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Manifestantes antigubernamentales escalan la fachada de una residencia en busca de una mejor posición para enfrentarse a la policía en Quito (Ecuador), en octubre de 2019. (AP Photo/Dolores Ochoa)

Moreno ha acusado a su predecesor, Rafael Correa, y al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de estar detrás de estas manifestaciones, que continuaron incluso después de que se restablecieran los subsidios.

Chile, el país de América del Sur con el índice de desarrollo humano más alto y uno de los productos interiores brutos per cápita más elevados de la región, está afrontando la mayor oleada de agitación social conocida desde la redemocratización del país en 1990. El detonante fue el aumento de las tarifas del transporte público y la luz a principios de octubre.

Educación y pensiones de jubilación


Los problemas relacionados con la educación, que en su mayor parte es privada y cara, y el régimen de pensiones están avivando gran parte del malestar en Chile, en particular entre la juventud y las personas mayores. Las protestas han causado al menos 20 muertos y miles de heridos, en medio de acusaciones de violencia ejercida por el Estado.

Afortunadamente, Brasil y Argentina, los países más grandes de América del Sur, no están experimentando revueltas de este tipo, a pesar de que ambos países celebraron recientemente elecciones que pusieron de relieve la profunda división del electorado.

En octubre de 2018 Brasil eligió al derechista Jair Bolsonaro, antiguo capitán del ejército. El antiguo congresista venció al candidato de la izquierda, en la que fue la primera derrota del Partido de los Trabajadores desde 1998.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sonríe en un acto celebrado en Brasilia (Brasil) en octubre de 2019. (AP Photo/Eraldo Peres)

Al margen de la derrota y el desgaste causado por varios escándalos de corrupción, los partidos de izquierda de Brasil todavía ocupan un gran número de escaños en el Parlamento y de puestos de gobernador en los estados.

 

En Argentina, la reciente elección de Alberto Fernández ha devuelto al poder al partido de izquierda de la expresidenta Cristina F. de Kirchner, que se convirtió en vicepresidenta. Aun derrotado, el exlíder Mauricio Macri recibió un 41,7% de los votos, lo que muestra que, al igual que en Brasil, la oposición contra Fernández es fuerte.

Posibles consecuencias


El recrudecimiento de los disturbios en América del Sur presenta algunas similitudes entre los distintos países.

La mayoría de los disturbios comenzó por causas de menor importancia, como el aumento de las tarifas de los autobuses o el metro, pero están relacionados con problemas más amplios de política pública, como la corrupción, el acceso a la educación, la atención sanitaria o las pensiones. Los problemas económicos han tenido una incidencia considerable en la insatisfacción generalizada.

Los sólidos indicadores económicos registrados en años anteriores en América del Sur se han debilitado. En muchos países se ha empezado a observar un bajo aumento del producto interior bruto y un alto nivel de desempleo.

Incluso Chile está viendo rebajadas sus perspectivas económicas. Con frecuencia se considera que el país constituye la primera nación desarrollada de Latinoamérica. Es algo pronto para decir si los recientes acontecimientos podrían cambiar esa situación.

Ya están empezando a establecerse comparaciones entre los disturbios de América del Sur con la Primavera Árabe, la ola de manifestaciones a favor de la democracia que tuvieron lugar en el Norte de África y el Oriente Medio.

En 2010 y 2011 la Primavera Árabe impulsó la caída de los presidentes autocráticos de Egipto, Túnez y Libia, y generó una guerra civil en Yemen.

Aunque existen similitudes, los países de América del Sur son en gran medida democráticos, si bien es cierto que algunas de esas democracias adolecen de fragilidad. En las últimas elecciones celebradas en América del Sur, los electores han decidido su voto entre partidos de izquierda y de derecha.

Las próximas semanas determinarán cuál será la repercusión de estas reacciones colectivas. A pesar de la cantidad de riqueza natural que posee la región, la inestabilidad obedece normalmente a crisis económicas, que se traducen en protestas civiles masivas como las que estamos presenciando en estos momentos.The Conversation

 

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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