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¿Ganamos con la guerra comercial entre EEUU y China?
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Economía

¿Ganamos con la guerra comercial entre EEUU y China?

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La guerra comercial que la Administración Trump tiene con China es apasionante para los que estudian los efectos económicos de las políticas comerciales. En la teoría económica existe consenso a la hora de evaluar el efecto global de una guerra comercial: el bienestar global mundial tiene más probabilidades de caer que de mejorar. Pero ese bienestar enmascara que hay y habrá ganadores y perdedores. ¿Y España? ¿Estamos en el grupo de los ganadores o en el de los perdedores?

Podemos intentar saber si hay posibilidades de estar entre los ganadores. Cuando un país grande y con influencia económica como EEUU impone aranceles, los precios mundiales de los bienes cambian. La teoría económica y los datos históricos nos dicen que los estadounidenses verán abaratadas las importaciones que lleguen a su frontera.

A estos abaratados productos que llegan a la frontera se les fija un nuevo impuesto que llamamos arancel. Y este impuesto, como cualquier otro impuesto del mismo tipo, afecta negativamente al bienestar de los consumidores estadounidenses y positivamente a sus productores, porque ahora pueden vender los mismos bienes a precios más altos. Estos son los efectos económicos de mayor dimensión de un arancel y, si el arancel no es muy grande, no es extraño que para países como EEUU el efecto global sea positivo. Pero, ¿y para los productores españoles?

Qué importamos y exportamos

Lo primero es ubicar nuestro “patrón comercial” en relación a los de EEUU y China.

El patrón comercial se define como el tipo de bienes y servicios que exportamos e importamos. Examinando nuestro patrón comercial, observamos que es más parecido al de EEUU que al de China. Esto implica que importamos y exportamos bienes similares a los de los estadounidenses.

Y eso significa que, a causa del arancel estadounidense, los bienes que llegan a nuestras fronteras también se verán abaratados. Ahí tenemos un efecto positivo para nuestro bienestar, porque aumenta nuestra capacidad de compra de productos extranjeros. Pero, además, como aquí no se ha fijado ningún arancel, nos libramos del efecto negativo.

Como conclusión podríamos decir que ganaríamos, y sin llevarnos la fama de pendencieros que se ha ganado la Administración Trump.

Espionaje industrial


Hay otras ganancias que pueden surgir en este caso concreto. Por ejemplo, EEUU le exige a China que tome medidas en relación a la falta de protección de la propiedad intelectual que perciben en el gobierno chino en relación a la actividad de muchas empresas chinas. En breve: les piden que tomen medidas contra el pirateo.

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Hay empresas en España que, después de gastar mucho dinero en investigación y desarrollo, han visto como en poco tiempo sus innovaciones eran también incorporadas por empresas chinas. Y esa imitación parece que sólo se puede explicar por la existencia de espionaje industrial. Esto, evidentemente, hace mucho daño. Todo lo que reduzca el espionaje industrial chino, en principio, es positivo para nosotros.

¿Quiere todo lo anterior decir que nos viene de maravilla esta guerra comercial? No. Quiere decir que hay aspectos positivos. Los aspectos negativos son también muy grandes: mayor incertidumbre en los negocios internacionales, mayores riesgos para nuestras empresas con intereses en China o en EEUU, represalias de China, el uso que haga China de su poder financiero (adivinen qué país es el mayor prestamista para el gobierno de EEUU), etc.

No es muy arriesgado decir que estos efectos negativos pueden llegar a superar a los positivos. Tampoco hay que olvidar que la Administración Trump antes atacó, entre otros, las lavadoras coreanas, el acero canadiense, los tomates mexicanos, y que en breve amenaza con meterse con el sector del automóvil europeo.

Como decía hace poco un antiguo alumno de la Universidad Pública de Navarra, ahora alto funcionario en la Unión Europea, es mejor que las empresas se concentren en el mercado propio. En nuestro caso, como somos Unión Europea, significa intentar aumentar la actividad con los otros 27 países que no nos pueden cambiar las normas comerciales del consolidado Mercado Único Europeo. ¡Ay, no!, que tenemos el Brexit. Pero esa es la otra historia apasionante para los profesores de Comercio Internacional.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en el blog Traductor de ciencia de la UPNA.The Conversation


Antonio Gómez Gómez-Plana, Profesor del Departamento de Economía. Investigador de INARBE, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Economía

Usuarios reportan caída de servicios digitales de BancoEstado

"Nos encontramos trabajando para darle una pronta solución a sus requerimientos", es lo que ha informado el banco a través de su cuenta de Twitter.

Jean Muñoz Iturriaga

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Captura de BancoEstado.cl

Durante la mañana de este viernes, cientos de personas han manifestado mediante redes sociales la caída de las plataformas de pago, transferencia, consultado de saldo, entre otras del BancoEstado.


El servicio digital del banco no se encuentra disponible en su totalidad, según indican los propios usuarios, lo que implica que las personas no puedan acceder a realizar movimientos u giros a través del sitio web y la aplicación.

Hasta el momento, la entidad no se ha referido sobre el por qué de estos problemas, aunque solo ha realizado llamados a limpiar el caché y el historial de los computadores.

Algunos clientes del banco indican que han tenido problemas con sus movimientos desde la última actualización de la aplicación de BancoEstado, la cual trajo un nuevo diseño, arquitectura y elementos para una "conexión" en redes sociales.

 

 

 

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Economía

Ministro Mockeberg: Los países "más zurdos" optan por la flexibilidad laboral

El gobierno presentó la semana pasada el proyecto de 41 horas de jornada ordinaria que se aplicaría a todos los trabajadores y a las distintas actividades en forma gradual.

Jean Muñoz Iturriaga

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T13

El ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg, en conversación con Tele13 Radio se refirió al proyecto de flexibilidad laboral que el gobierno planteó como contra propuesta a la entregada por la diputada Camila Vallejos.


En la ocasión, Monckeberg declaró que la " izquierda lo mira como una ideología, no, no hay ningún país de Europa, incluso los más zurdos, los más de izquierda, todos esos países se van a la flexibilidad porque tiene que ver con la productividad".

Además recalcó que en "ningún país de Europa se da esta cosa de flexibilidad horaria, que mejora la vida del trabajador, es visto como una bandera política. Es obvio que si en una empresa usted le impone una jornada al trabajador lo perjudica, en cambio, si lo hace parte de la discusión para que esa jornada optimice el trabajo y optimice su tiempo libre es mejor".

"Si yo lo hago mal, afecto al empleo, si lo hago bien mejoro la calidad de vida y no afecto al empleo. Y ¿cómo se hace bien? Con dos ingredientes: gradualidad, para que no afecte a las pymes y segundo, créanme, esto no es una cosa ideológica, con flexibilidad de horarios", enfatizó el ministro.

Lo anterior se suma a las cifras de desempleo que entregó el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, quien indicó que esta reducción de 45 a 40 horas semanales de trabajo podría afectar cerca de 250.000 puestos de trabajos, señales que buscan ponerles paños fríos a la propuesta de la parlamentaria.

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Economía

Menos desempleo no significa menor pobreza

Según las estadísticas disponibles sobre este tema elaboradas por Eurostat y referidas al año 2014, un 17,2% de los trabajadores de la Unión Europea, es decir uno de cada seis, tenía un empleo con bajo salario.

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Pobreza
Pixabay

El mercado de trabajo español se ha caracterizado históricamente por su elevada tasa de paro en comparación con el resto de los miembros de la Unión Europea, pero también por la elevada y creciente importancia de los contratos temporales. Estos representan más del 20% del empleo (una cifra que duplica la europea) y del trabajo a tiempo parcial de carácter involuntario.

Esta situación, junto con el hecho de que buena parte de nuestros empleos se crean en ocupaciones de baja cualificación y en sectores de actividad muy sensibles al ciclo económico, se traducen en una elevada rotación laboral de muchos trabajadores, que contrasta con la estabilidad laboral de los que tienen contratos indefinidos.

Esta segmentación se traduce también en diferencias importantes en los salarios que reciben ambos grupos de trabajadores. De hecho, cada vez más la precariedad laboral no solo se asocia a la elevada inestabilidad contractual, sino también a los bajos salarios que se reciben.

Uno de cada seis europeos tiene un salario bajo


Según las estadísticas disponibles sobre este tema elaboradas por Eurostat y referidas al año 2014, un 17,2% de los trabajadores de la Unión Europea, es decir uno de cada seis, tenía un empleo con bajo salario.

Este gráfico muestra en ingles los resultados de la encuesta cuatrienal sobre la estructura de ingresos, que relaciona nivel de ingresos con sexo, edad, ocupación, nivel educativo) y su empleador (actividad económica, tamaño de la empresa, etc.). Eurostat

La incidencia de este tipo de empleo en España era ligeramente inferior a la media de la Unión Europea, un 14,6%, pero muy superior a la observada en otros países como Francia o Italia, donde no superaba el 10%. Asimismo, la tasa en España es claramente inferior a la observada en los países bálticos y del este de Europa, pero también en Alemania, Irlanda y Reino Unido, donde supera el 20%.

Pero ¿cómo define Eurostat este tipo de empleo? Para poder facilitar la comparación entre países, un salario se considera bajo cuando es inferior a dos terceras partes de la mediana de la distribución salarial en el país. Para España, el salario por hora que representaba en 2016 el punto de corte para identificar un empleo de bajos salarios era de 6,6 euros, mientras que en Francia era de diez y en Italia 8,3 euros.

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La desigualdad social


Más allá de la información que nos da este indicador sobre la desigualdad salarial, se trata también de un indicador de desigualdad social.

Tal y como se recoge en el trabajo realizado por María Ángeles Davia como parte del informe FOESSA publicado en 2014, el empleo de bajos salarios se concentra en grupos de población especialmente vulnerables y, en la medida en que afecta a las personas que forman el núcleo del hogar, las desigualdades en el mercado de trabajo se trasladan a otros ámbitos de la vida y especialmente a las nuevas generaciones. Esto afecta a sus posibilidades de conseguir niveles de renta adecuados en el futuro.

Además, la pobreza salarial y la elevada rotación laboral se traducen en menores bases de cotización a la seguridad social y en menores tiempos cotizados, afectando así a las pensiones futuras.

¿Cómo se puede remediar esta situación? ¿Qué políticas se pueden adoptar para hacerle frente?

Una de las opciones más evidentes sería aumentar el salario mínimo. De hecho, la reciente subida aprobada por el gobierno español para 2019 tiene a la pobreza salarial como una de sus principales motivaciones.

Sin embargo, un estudio reciente del Banco de España ha analizado la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) en 2017 y ha encontrado que dicha subida habría tenido un efecto negativo sobre la probabilidad de mantener el empleo entre el colectivo de trabajadores con salarios por debajo del nuevo salario mínimo.

Los autores del estudio argumentan además que, dado que la subida aprobada para el SMI en 2019 ha sido muy superior a las observadas en el pasado, los efectos negativos sobre el empleo podrían ser superiores, especialmente para algunos colectivos.

Una posible solución consistiría en introducir salarios mínimos diferenciados por colectivos o por territorios.

Otras opciones serían la introducción de una renta básica (para la que se empieza a disponer de evidencia a pequeña escala como la derivada del reciente experimento en Finlandia) o de impuestos negativos sobre la renta, pero lo más importante es que la lucha contra la pobreza pase a ser una prioridad política.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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