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De Elcano a Magallanes: 500 años orbitando alrededor de la Tierra

“Estuvimos tres meses sin probar clase alguna de viandas frescas. Comíamos galleta: ni galleta ya, sino su polvo, con los gusanos a puñados, porque lo mejor habíanselo comido ellos”, Antonio Pigafetta (explorador).

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Tierra
 

El viaje implica el regreso, la vuelta al punto de partida y la narración de las rutas seguidas e hitos descubiertos. Los mapas y las descripciones de caminos terrestres y de derrotas marinas permiten construir un modelo para futuros compañeros de viaje separados a veces por décadas y, a veces, por siglos.


En el mundo antiguo ese canon lo ofrecía la Odisea, viaje mítico que marcaba los límites de un Mediterráneo navegable y concurrido. Nuestra época, en cambio, se define por el viaje alrededor del globo terráqueo: desde la vuelta de Elcano hasta la sonda espacial Magallanes, las circunnavegaciones han definido la escala planetaria de nuestro mundo.

La circunnavegación de Magallanes y Elcano sirvió de base y guía para una tradición de viajeros que dieron a la Tierra su actual forma científica y política. Desde tiempos de Colón, el objetivo de la corona española era llegar a Asia por el oeste. Geopolíticamente, esto significaría rodear al enemigo otomano y romper el monopolio portugués del comercio de especias.

Una visión económica


Antonio-Miguel Bernal ha señalado que el beneficio de un kilo de pimienta comprado en las Molucas y vendido en Amberes superaba al que se obtiene hoy vendiendo en Nueva York un kilo de coca de Medellín. No había negocio más goloso para los financieros de toda Europa.

Por eso se entiende que los portugueses no se interesaran por el proyecto de Magallanes: ellos llegaban bordeando África hacia la India. Y por eso Magallanes se naturalizó español. Y por eso, en más de una ocasión, la armada portuguesa trató de frenar el viaje que completó Elcano.

La hazaña de Magallanes consistió en encontrar, al sur del continente americano, el paso que tantos habían buscado. Y de paso descubrió el Pacífico, inmenso océano entre la América recién definida en los mapas y las islas de la especiería. Que este mar se hubiera avistado antes desde ambas orillas no significa que hubiera sido realmente entendido, medido y dibujado como tal.

Se impuso como nuevo reto el tornaviaje de Asia a América y, cuando se logró, quedó fijada la ruta de Manila a Acapulco, que cambiaría la historia del capitalismo global.

La Tierra, redonda


Por su parte, la llegada a Sanlúcar de Elcano y el resto de supervivientes confirmó la antigua teoría científica de la [redondez de la Tierra]. Se inauguró lo que Pedro Insua ha llamado política esférica: ahora todo imperio que quisiera decirse universal tenía que rodear el globo, negando su puesta al sol.

El más famoso mapa de Diego Ribero de 1529 ya muestra el océano mundial interconectado. Las primeras teorías de corrientes oceánicas de escala global aparecerían poco después.

Reproducción del gran mapa de Diego Ribero de 1529. National Library of Australia/Wikimedia Commons

El descubrimiento de América supuso el rompimiento del viejo mundo, cuyos cimientos se tambalearon con la aparición de un nuevo continente con sus nuevas plantas, animales y hombres.

Poco a poco quedó claro que nada de eso había sido previsto por los antiguos o la Biblia, que ni Aristóteles ni Roma bastaban para manejarse en el siglo XVI. La circunnavegación fue la reconstitución de este mundo hecho pedazos, la reformulación de su una unidad política, económica y científica.

Circunnavegaciones imperiales


No es de extrañar que se convirtiera en el canon del viaje moderno por antonomasia. El primero en seguir los pasos de Magallanes y Elcano fue Francis Drake, pirata para los españoles y héroe nacional para los ingleses. Porque lo que se enfrentaba en su viaje eran dos legalidades de alcance mundial.

Basándose en los tratados de Tordesillas y Zaragoza, el Pacífico era un mar interior del imperio español, y más aún tras la anexión de Portugal en 1580. Ingleses y holandeses no podían aceptar esto y en ese mismo año de 1580, la armada de Drake volvió a Inglaterra con grandes botines robados en barcos y puertos españoles. La reina Isabel lo nombró Sir y permitió que se retratara con una bola del mundo, lo mismo que había hecho Carlos V con Elcano. La imagen hasta entonces había estado reservada a dioses y emperadores.

Mapa que muestra el viaje de circunnavegación de Francis Drake entre 1577 y 1580. Continentalis/Wikimedia Commons, CC BY-SA

En 1873, Jules Verne consagró una nueva era tecnológica y política, en la que el imperio inglés y los motores hacían posible La vuelta al mundo en 80 días. Un año antes había partido la expedición oceanográfica del Challenger, que llevaba la unión de ciencia y política imperial en la vuelta al mundo al nuevo nivel de los barcos de vapor.

El descubrimiento de la Tierra


La nueva generación de circunnavegadores la forman los cientos de satélites que giran constantemente a nuestro alrededor. En plena Guerra Fría, los Sputnik y los Apolo competían por el dominio del espacio a la vez que fijaban en el imaginario popular las imágenes de la Tierra como una canica azul, un frágil ecosistema interconectado y viajando a la deriva por un espacio hostil, como una nave espacial. No por casualidad la expresión “medio ambiente global” se expandió en esta era espacial.

Y fue la NASA quien lanzó las Ciencias del Sistema Tierra, como proyecto basado en parte en la hipótesis Gaya de Lovelock y, en parte, en la capacidad tecnológica de cubrir nuestro planeta de sensores conectados vía satélite.

La sonda Magallanes, lanzada en 1989 para explorar el planeta Venus, homenajeaba con su nombre 500 años de viajes alrededor de la Tierra. Estos viajes han configurado nuestro mundo, en el que política, economía y medioambiente se juegan en un tablero global.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Spotify ofrece tres meses premium de manera gratuita para sus usuarios

La función empezó a operar este 22 de agosto y está disponible para planes individuales y estudiantiles.

Jean Muñoz Iturriaga

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Esta semana Spotify presentó su nueva modalidad de prueba premium para quienes utilicen su plataforma de música mediante streaming.


Quizás sea una forma de competir contra Apple Music y otros derivados, además de evitar que cientos de usuarios descarguen la app y no se decepcionen de no poder escuchar sus canciones en el orden que desean, o simplemente al oír la promoción que aparece constantemente, mientras disfrutan de su artistas.

Desde el Newsroom de la aplicación informaron de esta actualización, la cual contará con tres meses gratuitos de las funcionalidades pro de Spotify.

"A partir del 22 de agosto, los usuarios recibirán los primeros tres meses de forma gratuita cuando se registren en Spotify Premium.  Así desbloqueará el acceso a millones de horas de contenido de audio, sin importar cuándo se inscriba", es parte de lo que indica el comunicado.

Con esto, los usuarios podrán reproducir más de 50 millones de canciones sin publicidad, tanto en el computador como en dispositivos móviles. Además de los 450,000 podcasts que se suben constantemente a la aplicación.

Esta funcionalidad de prueba solo estará disponible para planes individuales y estudiantes.

Conoce lo nuevo que llega a Netflix en septiembre

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¿Cuántas personas se necesitan para fabricar un lápiz?

Un producto tan básico como un lápiz requiere una gran cantidad de personas, y este ejemplo grafica toda una filosofía sobre la sociedad y la economía.

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Cuando vamos a la tienda a comprar un lapicero tenemos la impresión de que es un producto sencillo y barato, que se podría fabricar en el local que está al lado de nuestra casa. La realidad es más complicada.

Hay un vídeo muy conocido en el que Milton Friedman habla de la fabricación de un lápiz y de los innumerables trabajadores que han participado en un producto aparentemente tan poco sofisticado.

Este vídeo se suele poner como ejemplo en economía liberal, pero la idea que subyace es mucho más interesante: plantea la dependencia de unos seres humanos respecto de otros.

Un mundo interrelacionado y complejo


Los conceptos inteligencia artificial, big data y data science son las expresiones de la necesidad de colaborar en un mundo donde los flujos de información son inabarcables para un solo ser humano.

Estos flujos de información crecen de forma exponencial y la única forma de gestionarlos es utilizar herramientas basadas en el conocimiento. Por ejemplo, para organizar los recursos disponibles y atender la demanda de movilidad en los sistemas de transporte (como el metro o el avión) sus responsables deben resolver un problema de planificación.

Aunque conseguimos que estos sistemas complejos funcionen, lo hacen en un equilibrio inestable que la mayoría de las personas pasamos por alto hasta que se rompe. Encender la luz parece una acción trivial, pero recientemente Argentina se quedó sin electricidad y hace unos años pasó igual en Italia.

El problema en estos casos es que dependemos profundamente de sistemas como el eléctrico, muy sensibles. Su operatividad depende de muchos factores como el mantenimiento de los equipos, los controladores de la red, los profesionales que se encargan de garantizar que todo funcione e incluso los usuarios.

La complejidad social y económica


En física es sencillo abordar los problemas asociados a sistemas complejos, la conocida como criticalidad autorganizada, ya que no tiene ninguna componente emocional. No ocurre lo mismo al analizar los sistemas que caracterizan los entornos sociales y sus relaciones de dependencia. Debido a la globalización, estas son cada vez más complejas.

En economía, se estudia el denominado índice de complejidad económica o economic complexity index (ECI) en inglés. Permite evaluar la contribución relativa de conocimiento que aporta la sociedad y la economía de un país en relación a los otros. Se refiere al trabajo que hay detrás de los productos que exporta: cuanto más complejos sean, mayor conocimiento se empleará en su fabricación.

Este índice, que recoge por estados el documento Atlas de complejidad económica, pone de manifiesto la interdependencia de unas economías respecto a otras.

En sociología, se utiliza el concepto de complejidad social para expresar los distintos papeles que cumplimos los seres humanos y los lazos que nos unen unos a otros. Dicha complejidad está íntimamente relacionada con otro factor, la inteligencia: inteligencia y complejidad son dos indicadores complementarios y estrechamente vinculados.

Inteligencia individual y colectiva


En las estructuras sociales, la inteligencia individual es un factor de diferenciación de las personas. Es importante para el individuo, pero es la inteligencia colectiva la que determina el éxito del grupo y de la especie.

El comportamiento colectivo es extraordinariamente eficaz en términos evolutivos. No consideramos a las bacterias como seres vivos inteligentes, pero han sobrevivido durante millones de años. Son organismos eficientes y resilientes, capaces de cambiar de la forma más adecuada según el entorno donde se encuentran en cada momento.

El comportamiento del ser humano plantea el mismo escenario: se basa en una inteligencia individual y una inteligencia colectiva. De otra forma, no hubiera sido posible el éxito de la especie humana en términos biológicos.

El desarrollo de la especie humana ha sido fruto de la colaboración entre distintos individuos y grupos para trasmitir los conocimientos. Los seres humanos somos muy eficaces comunicando nuestro conocimiento, ya sea para fabricar herramientas o para colaborar en la creación de colectivos y redes de seres humanos.

El éxito actual de Facebook, de Twitter y de WhatsApp no se comprende sin la necesidad humana de comunicación para constituir grupos. Los sistemas complejos también marcan la forma en que nos relacionamos y nos encontrarnos con otros seres humanos.

Relación entre inteligencia y complejidad


Las sociedades humanas se han construido aumentando el número de relaciones entre las personas. De la tribu de cazadores-recolectores hemos pasado a la sociedad de las comunicaciones. Ahora vivimos en la sociedad de los seis grados de separación. La inmensa mayoría de los individuos estamos conectados a otros, aunque evidentemente no somos conscientes de esas relaciones.

Este hecho tiene implicaciones sociales y económicas. La fabricación de un lápiz o de un teléfono móvil es un proceso global y universalizado. En él, los trabajadores de las minas más recónditas están relacionados con laboratorios de investigación de otros lugares del mundo y con los medios de comunicación que difunden los productos y servicios desarrollados.

Estamos globalizados y no podemos volver atrás sin que esto suponga una pérdida de calidad de vida que afectaría a aspectos como la alimentación o la sanidad. Antes necesitábamos a otras personas y ahora, además, necesitamos a los sistemas.

Como consecuencia, viejos conceptos como inteligencia también están cambiando. La inteligencia cada día tiene más que ver con las relaciones entre las personas y los sistemas. La importancia de la inteligencia individual disminuye en la medida en que aumenta la importancia de la inteligencia distribuida en las redes de colaboración.

Así, la inteligencia y la complejidad son dos características estrechamente relacionadas. El estudio de la complejidad de los sistemas va a ser una de las áreas con mayor desarrollo en el siglo XXI y la inteligencia distribuida será la variable más significativa de este proceso.

En la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Civil de la UPM estamos realizando trabajos sobre la movilidad urbana. Analizar la movilidad, reducir la congestión urbana, mejorar la calidad del aire y disminuir el tiempo que perdemos en los atascos es un problema de gestión de la complejidad.

El objetivo de estudios como este es desarrollar medios que permitan colaborar a las personas y optimizar el uso de los recursos. Colaboración e innovación son las claves para mejorar nuestra calidad de vida.

Hoy en día probablemente ningún ser humano sea capaz de fabricar un lapicero como los que encontramos en el supermercado por sí solo. Se necesitan decenas de miles de personas.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Repite la sílaba “ta” y te diremos cómo funciona tu cerebro

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Un atributo innato en los seres humanos es la habilidad de sincronizar nuestros movimientos con los sonidos que percibimos. Imaginemos, por ejemplo, cuando movemos el pie o la cabeza al ritmo de una canción. Este fenómeno sucede sin esfuerzo ni entrenamiento previo: ¡incluso los bebés lo hacen!

Además, tiene importantes implicaciones cognitivas. En la niñez, la habilidad para sincronizarse a un compás predice el desempeño en tareas relacionadas con el lenguaje.

La habilidad de sincronizar de manera espontánea los movimientos del cuerpo a un ritmo externo es una característica distintiva de las especies que aprenden sus vocalizaciones. Entre estas se encuentran las focas, los murciélagos, algunas aves y también los seres humanos.

Movimientos del cuerpo y ritmos musicales


Existe una relación aparente entre nuestra capacidad de hablar y la sincronización audiomotora. El estudio de este fenómeno se ha centrado, de momento, en explorar cómo los movimientos corporales se sincronizan al compás de un metrónomo y de ritmos musicales.

Sin embargo, no sabemos cómo se traslada esta sincronía a la capacidad cognitiva que nos define como especie: el habla. ¿Existe una sincronización espontánea entre los gestos motores que originan el habla (movimientos de la lengua, mandíbula y labios) y los ritmos que se perciben del habla?

Ritmo y repetición de sílabas


Para responder a esta pregunta diseñamos una prueba de comportamiento en la cual los participantes repitieron de manera continua la sílaba “ta” mientras escuchaban un tren de sílabas presentadas rítmicamente a entre 4 y 5 sílabas por segundo.

Este protocolo nos reveló un fenómeno nuevo e inesperado: la población se separa en dos grupos. Mientras que algunas personas alinean de manera automática el ritmo producido al ritmo percibido, otras continúan repitiendo las sílabas a un ritmo distinto del que perciben.

El efecto es sorprendentemente robusto, y lo observamos en muestras con centenares de participantes bajo distintas condiciones. Además, se mantiene estable incluso entre mediciones completadas en sesiones diferentes (por ejemplo, con una semana o un mes de separación). Todo esto sugiere que se trata de una característica intrínseca de cada individuo.

Estos resultados conductuales invitan a plantearse la siguiente pregunta: ¿reflejan estos grupos cómo se organizan los cerebros de las personas?

Para responder a esto, estudiamos a 20 sujetos de cada grupo usando diferentes técnicas de neuroimagen.

Metodología del estudio


Primero completamos un estudio de magnetoencefalografía (MEG) en el que registramos la actividad neuronal de nuestros participantes mientras escuchaban secuencias rítmicas de sílabas pasivamente. Es decir, sin pronunciar la sílaba “ta” como en la prueba de comportamiento.

Curiosamente, los sujetos con alta sincronía mostraron una mayor sincronía cerebro-estímulo que los de baja sincronía. Más específicamente, su actividad neuronal en las áreas del cerebro implicadas en la planificación motora del habla oscila a la misma frecuencia que las sílabas percibidas.

Esto significa que las regiones relacionadas con la producción del habla también se implican en la percepción de la misma, lo que probablemente nos ayuda a seguir el ritmo del habla que escuchamos.

Posibles diferencias en la materia blanca cerebral


Después de observar diferencias a nivel neurofisiológico, también adquirimos datos de difusión por resonancia magnética de los mismos sujetos para cuantificar posibles diferencias anatómicas en la materia blanca del cerebro. La materia blanca es el tejido conectivo del cerebro, fibras nerviosas que permiten la comunicación entre regiones distantes del encéfalo.

Descubrimos que el manojo de fibras que une las áreas corticales tradicionalmente relacionadas con la producción y la percepción del habla –el fascículo arqueado izquierdo– de los participantes con alta sincronía tiene un volumen superior al del resto de participantes. Además, este resultado anatómico se relaciona con el neurofisiológico: mayor volumen de arqueado izquierdo resulta en una mayor sincronía cerebro-estímulo.

Implicaciones en la vida cotidiana


Finalmente, para evaluar si nuestra prueba comportamental tiene implicaciones en aspectos de la vida cotidiana, testamos un nuevo grupo en una tarea de aprendizaje de palabras. Sorprendentemente, encontramos que a los individuos con alta sincronía les es más fácil aprender nuevas palabras que a los de baja.

En resumen, en este trabajo mostramos que una prueba comportamental simple que mide la sincronización audiomotora del habla es predictiva de propiedades neurofisiológicas, neuroanatómicas y del rendimiento en una tarea de aprendizaje de palabras.

Creemos que esta tarea ayudará a caracterizar mejor las diferencias individuales, propiciando nuevos descubrimientos sobre el procesamiento del habla y el aprendizaje del lenguaje que, al combinar poblaciones con atributos diferentes, podrían quedar enmascarados.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
The Conversation

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