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¿Por qué seguimos escuchando vinilos?

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Studio KIWI / Shutterstock

A principios del siglo XXI el vinilo parecía un objeto propio de coleccionistas y aficionados a géneros y escenas musicales minoritarias. Y, de hecho, los datos más recientes sobre ventas de música, y algunos estudios académicos nos dicen que la gente consume, sobre todo, música en streaming. ¿Por qué, entonces, desde hace cerca de diez años, no deja de crecer la venta de vinilos?

Desde algunas disciplinas académicas, como la sociología, o los estudios sobre músicas populares, se están investigando estas cuestiones, tratando de averiguar por qué el vinilo es el único formato físico de la historia que ha sido capaz de revertir su caída en ventas. Veamos qué explicaciones son las que se están proporcionando.

Objetos, emociones y rituales


Algunos estudios nos explican que los aficionados a la música estamos unidos a los discos a través de sentimientos y emociones. No son simples objetos, cosas sin vida, si no que la música, las portadas, las canciones que contienen, están ligadas a nuestra memoria, a nuestra identidad. A veces escuchar un disco es como mirar un álbum de fotos. Cada canción está conectada con una época de nuestra vida, a personas concretas.

Portada del primer album de The Animals que incluye la canción ‘The house of the rising sun’ (1964).

La vuelta de vinilo podría ser englobada en eso que genéricamente se ha llamado “retromanía”, un rasgo de la cultura contemporánea que nos hace valorar excesivamente nuestro pasado, haciendo que nuestro consumo cultural, sobre todo en música, sea nostálgico.

Pero algunos autores sostienen que el revival del vinilo está influido por las características físicas del objeto más que por cuestiones nostálgicas, que hacen que muchos consumidores jóvenes descubran los rituales que rodean a este formato: desde el proceso de escarbar en las cubetas y encontrar joyas ocultas, al proceso de apertura, observación y audición del objeto.

A veces hemos interpretado mal que la música que escuchamos ya no esté en soportes físicos, que la consumamos en streaming y en MP3.

Algunos autores explican que el aumento del consumo de los formatos digitales, de la digitalización de la música, no implica que la música deje de ser un objeto. Es decir, que a pesar de que el consumo de música digital haya superado a los formatos materiales, eso no supone que la música no siga precisando de objetos físicos para su reproducción, como tabletas, móviles, ordenadores y reproductores de MP3/MP4. Los objetos siguen muy presentes en nuestro consumo de música.

Vinilo y autenticidad


Cuando escuchamos a alguien defender el formato vinilo frente a otros formatos, a veces da la sensación de que el vinilo es entendido como algo auténtico, real, creíble, cálido, mientras que el MP3 o el CD son formatos engañosos, fríos, distantes…

Por ejemplo hay aficionados que entienden que el vinilo fue apartado del mainstream, de las grandes ventas, por el CD, y quedó como un formato alternativo, más selecto, menos comercial.

Otras investigaciones apuntan a que lo que otorga un aura de autenticidad al vinilo son sus imperfecciones, su sonido rugoso, los arañazos en la superficie de los vinilos antiguos, los rastros de vida e historia insertos en ellos. Sus imperfecciones son las que le otorgan esa autenticidad, frente a la fría perfección del CD.



Las imperfecciones, el sonido rugoso, los arañazos, las huellas del pasado forman parte del encanto de los vinilos. Sun_Shine / Shutterstock



De alguna manera estas afirmaciones llevan a pensar que los aficionados al vinilo humanizan este objeto. Los compradores de vinilo tienen la sensación de que este objeto se caracteriza por cuestiones como la falibilidad, la mortalidad, o por ser un objeto cálido. Las imperfecciones de este objeto, su sonido, sus portadas… todo ello hace que los aficionados lo humanicen y lo vean como un objeto más próximo y cercano, más real, que otras tecnologías.

El vinilo como pieza de arte


Portada de ‘In the court of the Crimson King’, (King Crimson, 1969), obra de Barry Godber.

Diversos autores coinciden en apuntar la importancia del “arte” –portada, fotos interiores, libreto– en el vinilo, como un extra que aporta elementos visuales a la escucha, así como elementos interactivos.

A nivel histórico no hay que olvidar que fue en los años sesenta cuando las bandas de pop-rock comenzaron a prestar atención a las portadas de los discos, a entenderlas como parte del concepto de álbum. Desde entonces las portadas se han convertido en un elemento clave para entender los vinilos como piezas artísticas. En ese sentido es muy significativo prestar atención a las ventas de vinilos. Aunque no hay muchos datos oficiales, algunos artículos de prensa apuntan a que los discos de vinilo que más se venden son aquellos que forman parte de lo que podríamos llamar el canon del pop-rock: Beatles, Pink Floyd, Michael Jackson, Prince…

Portada de ‘My aim is true’ (Elvis Costello, 1977)

¿Y por qué son estos vinilos los que más se venden? Probablemente porque la idea del vinilo y de su diseño como pieza artística está muy ligada a los años sesenta y setenta, a la década en la que se afianza ese canon del rock. El formato LP está conectado históricamente con el concepto de álbum en el rock desde esos años.

El concepto de álbum implicaba que el pop-rock era una música seria, con poso artístico, a la altura del cine y la literatura y que el formato de single no tenía entidad suficiente para contener la profundidad del mensaje que se explicaba a través del formato álbum. Así, es en esas décadas cuando las bandas de rock comenzaron a utilizar las dos caras de los vinilos y a servirse de esa metáfora para componer álbumes con dos partes diferenciadas.

Por tanto, existe una conexión histórica entre el formato vinilo y los álbumes clásicos del rock. Cualquier disco de Beatles, Rolling Stones, Dylan, Hendrix, Who, Kinks… tiene más valor y entidad en formato vinilo que en otros formatos.

Vinilo y nostalgia


Ya hemos hablado de la idea de “retromanía”, un rasgo de la cultura musical contemporánea, absolutamente dependiente de las obras musicales del pasado, sobre todo en el terreno del pop-rock, en el que se vive en un revival continuo de géneros y escenas pretéritas, proceso a su vez acelerado por las nuevas tecnologías.

Portada de London Calling (The Clash, 1979).

En el caso del vinilo, podríamos aplicar esta idea a través del concepto de “tecnostalgia”, entendida como los sentimientos agridulces que aparecen al utilizar medios tecnológicos que formaron parte de la socialización de una persona y que estarían en clara obsolescencia en la sociedad actual. La “tecnostalgia” sería un elemento claramente generacional ya que miembros de una misma generación compartirían esos elementos tecnológicos de socialización.

Para las generaciones más jóvenes el vinilo no puede formar parte de un proceso nostálgico ya que estos jóvenes apenas han utilizado ese formato. Por tanto, podemos pensar que, si bien puede existir un consumo de vinilo “tecnostálgico”, habría que distinguirlo de otro tipo de consumo que en este caso sería más bien “aurático”, es decir, basado en una idealización o mitificación de un formato que no ha sido parte del repertorio cotidiano de formatos auditivos utilizados por esa generación.

Portada de ‘Nevermind’ (Nirvana, 1991).

En resumen, como vemos, las investigaciones académicas sobre el vinilo avanzan y proponen una serie de conceptos e ideas para explicar el retorno de este formato.

Pero sigue habiendo cuestiones sobre las que no se ha respondido claramente, o sobre las que no se ha estudiado. Por ejemplo, sabemos poco sobre quiénes compran vinilos, sobre todo dentro de las generaciones más jóvenes. Además, la mayor parte de los trabajos realizados se han centrado en el caso de Estados Unidos e Inglaterra, con pequeñas aportaciones desde Suecia y Portugal.

Sería de gran ayuda que futuros trabajos analizasen el mundo del vinilo en otros contextos, especialmente en aquellos como los del sur de Europa en los que las crisis económica y de la industria discográfica han sido muy duras.

A su vez, abrirse a nuevos contextos implicaría abrirse a otros géneros, como pueden ser el fado o el flamenco, las hibridaciones del pop-rock con músicas autóctonas o las escenas locales de Electronic Dance Music o rap. Eso permitiría ampliar nuestro conocimiento sobre las relaciones entre géneros y vinilo y plantear si ese revival es propio del pop-rock, o también está presente en otras escenas y géneros.

Por último, conviene plantear la necesidad de obtener datos fiables en cuanto a las ventas de vinilo en cada país. A pesar de la dificultad que eso conllevaría, arrojaría mucha luz sobre estos trabajos obtener cifras concretas en torno a estas cuestiones.


La versión original de este artículo fue publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.The Conversation


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Cómo prevenir el síndrome de túnel carpiano si trabajas a diario con teclados

El Retry

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Pixabay

El síndrome del túnel carpiano es una patología que comúnmente afecta a quienes trabajan a diario con un computador, una caja registradora o con herramientas que vibran. Tal como su nombre sugiere, está vinculado al túnel carpiano, que es un conducto estrecho ubicado en la muñeca.


De acuerdo a la clínica estadounidense Mayo, esta condición se da cuando, debido a movimientos repetitivos de la mano u otras situaciones similares, se ejerce mucha presión sobre ese nervio, y la mano empieza a sentirse entumecida y/o con hormigueos.

“Por lo general, los dedos afectados son el pulgar, el índice y el medio o anular, pero no el meñique. En ocasiones, se siente como si hubieras recibido un choque eléctrico en esos dedos. La sensación se puede extender desde la muñeca hasta el brazo. Los síntomas suelen aparecer cuando sostienes el volante, el teléfono o el periódico. La sensación puede hacer que te despiertes”, expresa.

Además, la articulación se siente débil. “Esto puede ser por el entumecimiento de la mano o la debilidad de los músculos del dedo pulgar que hacen el movimiento de pinza, los cuales también controlan el nervio mediano”, acota.

El centro médico relata que no se puede curar el síndrome del túnel carpiano, pero sí se puede aliviar con algunas medidas.

1- No teclees con fuerza
Uno de los consejos de la clínica Mayo es evitar escribir en el teclado con mucha fuerza y relajar la mano.

2- Descansa con frecuencia
Igualmente te puede ayudar el tomar recreos con frecuencia, en vez de teclear sin parar por largos períodos de tiempo. Durante esas pausas, puedes realizar ejercicios para las muñecas que te haya enseñado tu prevencionista de riesgo.

3- Posiciona bien el teclado
Cuando el teclado está ubicado muy arriba o muy abajo respecto a la posición de tus brazos, puede ocasionarte molestias. Lo ideal es que esté a la misma altura que el codo o ligeramente por debajo.

4- No duermas sobre las muñecas
Muchas personas ponen su cabeza sobre sus manos y/o brazos al dormir. Ello puede empeorar las molestias, así que es mejor que evitar hacerlo, recalca la enciclopedia médica MedlinePlus.

5- Mantén tus manos calientes
Mantener las manos calientes puede ser clave para aliviar la rigidez en las muñecas. Si trabajas en un lugar muy frío, puedes usar guantes sin dedos o un mouse calientamanos, por ejemplo.

Y también puede servir lo contrario: aplicar compresas frías en la zona resentida puede disminuir el dolor, de acuerdo a MedlinePlus.

Si pese a que tomar medidas, continúas presentando molestias, te recomendamos acudir al prevencionista de riesgos de tu lugar de trabajo, para analizar la posibilidad de que te atiendas en tu mutualidad por enfermedad laboral.

Original Instituto de Seguridad del Trabajo

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Cámara de seguridad capta a carabinero bailando con pasos de Fortnite

El usuario @BatoGonzalez7 subió un particular video de una cámara de seguridad que captó a un carabinero bailando al puro estilo de Fortnite.

Jean Muñoz Iturriaga

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El usuario @BatoGonzalez7 subió un particular video de una cámara de seguridad que captó a un carabinero bailando al puro estilo de Fortnite.


18/O: El día que paralizó al Gobierno

 

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¿Por qué perros y gatos comen hierbas para vomitar minutos después?

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Gatos y perros hacen muchas cosas raras. Cuántas veces me habrán preguntado por qué comen hierba, a veces para vomitar unos minutos más tarde. Un falso mito dice que lo hacen para purgarse, pero no es así. ¿O acaso sus mascotas siempre vomitan después de comerla? ¿Y por qué no suelen mostrar síntomas de encontrarse mal antes? Simplemente, porque la purga no siempre es una explicación válida.


Veamos qué se sabe realmente sobre por qué perros y gatos comen plantas y si es bueno o no permitirlo. Empezaré por los gatos.

La mayoría de los dueños de gatos (si es que alguien es verdaderamente capaz de adueñarse de un animal tan independiente) te dirán que si Micifúz zampa un poco de hierba y luego vomita, es que está teniendo problemas estomacales y lo hace para purgarse. Eso no es necesariamente cierto. En realidad, los gatos, esas mascotas tan sigilosas a las que nunca vemos satisfacer sus necesidades fisiológicas, comen hierba todo el tiempo. Sus dueños solo se dan cuenta de esa práctica cuando encuentran vómitos verduzcos en el suelo.

Investigadores de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de California en Davis (EE UU) prepararon un trabajo de investigación cuyo protocolo consistía en que más de mil dueños de gatos (el único requisito era que los felinos tuvieran acceso a un jardín) pasaran al menos tres horas al día observando el comportamiento de su mascota. Como muchos propietarios de felinos sospechaban, comer hierba es un hábito extremadamente común: el 71 % de los animales lo hicieron al menos seis veces en el período de observación y el 61 % más de diez veces. Solo un 11 % no mostró prácticas vegetarianas.

Mientras que el 39 % de los gatos jóvenes (tres años o menos) comía plantas todos los días, solo el 27 % de los mayores de cuatro lo hacía. En cuanto a los vómitos, el número de gatos mayores que vomitaba después de ingerir hierba (30 %) casi triplicaba al de jóvenes (11 %). Los científicos descartaron otra suposición común: que comer hierba ayuda a los gatos a expulsar bolas de pelo.

En una ponencia presentada en el Congreso de la Sociedad Internacional de Etología Aplicada celebrado en Bergen (Noruega) entre el 5 y el 9 del pasado mes de agosto, los investigadores concluyeron (p. 106) que el vómito es simplemente una consecuencia ocasional de comer hierba y no el objetivo. Comer plantas es instintivo y hacerlo supone (o al menos suponía) un beneficio evolutivo para los felinos.

Numerosas investigaciones realizadas en carnívoros salvajes han demostrado que comen habitualmente plantas, como se puede comprobar observando los restos vegetales sin digerir que aparecen en sus excrementos. Estudios sobre primates revelan que la ingesta de plantas no digeribles purga el sistema intestinal de parásitos helmínticos. Dado que prácticamente todos los carnívoros salvajes sufren una carga de parásitos intestinales, el consumo regular e instintivo de plantas tendría un papel adaptativo para mantener una carga tolerable de parásitos en su sistema digestivo, independientemente de que el animal detecte o no los parásitos.

Basándose en investigaciones realizadas en animales salvajes, la hipótesis de los investigadores es que, aunque los mimados gatos caseros de hoy probablemente ya no tengan esos parásitos, la ingesta de hierba es una estrategia innata que probablemente evolucionó por primera vez en un ancestro salvaje (desde 2017, gracias a un trabajo de investigación publicado en Nature, sabemos que todos los gatos tienen un ancestro común) para aumentar la actividad muscular en el tracto digestivo y ayudarlos a expulsar los parásitos intestinales. La investigación también respalda la hipótesis de que los animales jóvenes aprenden a comer plantas de los adultos.

¿Y los perros?


Esa conclusión refleja lo que el autor principal de la ponencia, Benjamin L. Hart, encontró en un estudio similar publicado en 2008 que analizaba la frecuencia del consumo de plantas en perros.

En esa investigación, el equipo también descubrió que los perros rara vez presentaban enfermedades antes de comer hierba y que el vómito era una consecuencia relativamente rara de comerla. Además, la investigación también concluyó que la frecuencia de ingerirla no estaba relacionada con la dieta del perro o con la cantidad de fibra que engullía, lo que sugiere que no estaban tratando de compensar alguna deficiencia dietética.

En ambos casos, Hart y su equipo plantean la hipótesis de que los animales más jóvenes comen más hierba porque su sistema inmunológico no es tan bueno para mantener a raya a los parásitos, y porque el estrés nutricional es más perjudicial para los animales en crecimiento que para los perros y gatos adultos.

También señalan que los gatos parecen comer menos hierba que los perros, lo que podría deberse bien a que las infecciones parasitarias eran menos frecuentes entre las especies ancestrales felinas, bien a que el hábito gatuno de enterrar sus heces y evitar las de los demás reduce la propagación de parásitos en comparación con los perros, que son muy aficionados a meter el hocico en asuntos ajenos.

El resultado es que comer hierba no es una señal reveladora de que un animal esté enfermo y, lo que es más importante, es un comportamiento instintivo que incluso el propietario más diligente no podrá impedir. La mejor solución, sugiere el equipo de investigación, es asegurarse de que los gatos de interior (a los perros siempre hay que sacarlos) tengan asegurado un suministro regular de plantas no tóxicas para masticar.

Si después lo vomitan en el suelo de la cocina es un pequeño precio a pagar por la preciosa compañía que le presta su peluda mascota.

 

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
The Conversation

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