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Vida y Ocio

¿Sabía que usted es descendiente de Carlomagno?

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Todos tenemos un padre y una madre biológicos. Ellos, a su vez, tuvieron los suyos, de manera que todos tenemos dos abuelos y dos abuelas. Si seguimos la secuencia hacia atrás: ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos, etc. Si cada generación está separada de la anterior por 30 años, podríamos haber llegado a tener unos 16 000 ascendientes al comienzo del siglo XVII, unos 16 millones a principios del XIV y unos 16 000 millones en los albores del XI, hace unos mil años.


A estas alturas ya se habrá dado usted cuenta de que eso, sencillamente, es imposible.

En efecto, y sin tener que retroceder tanto, el número real de nuestros ascendientes es muy inferior al que se calcula haciendo esas operaciones. La razón es clara: muchos de nuestros ancestros lo son por varias líneas genealógicas. Esto es más improbable cuanto más cercanos en el tiempo son los ascendientes, pero aumenta conforme vamos hacia atrás.

A comienzos del siglo XIV había unas 450 millones de personas en el mundo (alrededor de 70 en Europa), por lo que bien pudieron haber vivido unos 16 millones de ancestros de cada uno de nosotros entonces. Pero hace mil años sólo vivían 400 millones (unos 50 en Europa). Por lo tanto, es matemáticamente imposible que viviesen 16 000 millones de antepasados nuestros en aquella época.

Hablamos con naturalidad de árbol genealógico porque visualizamos nuestros ancestros como un árbol que se ramifica poco a poco hacia atrás. Pero la realidad es muy diferente. Ya desde generaciones no tan lejanas algunas de las ramas confluyen, y si nos retrotraemos a tiempos remotos, ni siquiera cabe hablar de ramas. Las líneas genealógicas configuran una especie de maraña o, si se quiere, de malla con múltiples cruzamientos.

Por otro lado, muchas líneas no dejan descendencia ninguna en cada generación. Conforme retrocedemos en el tiempo, la red va haciéndose más y más estrecha: se calcula que en los albores del Neolítico, hace unos 12 000 años, vivían en el mundo menos de 4 millones de personas, unos 60 millones en la época homérica, y mil millones al comienzo del siglo XIX.

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Adam Rutherford cuenta, en su Breve historia de todos los que han vivido, que todos los que tenemos ascendencia europea procedemos, por una vía u otra, de Carlomagno. Todos pertenecemos, por lo tanto, a un linaje real. No es broma, aunque sea del todo irrelevante. Quienes tenemos algún ancestro europeo no solo descendemos de Carlomagno, también procedemos de todos los europeos de su época –alrededor del año 800– que dejaron descendencia y ha llegado hasta el siglo XXI. Se estima que la de un 20 % no ha llegado.

No hace falta ir tan atrás en el tiempo para localizar el momento en que confluyen nuestras líneas genealógicas. Todos los europeos compartimos un antepasado común que vivió hace, aproximadamente, unos 600 años. Y si los mismos cálculos que han permitido obtener esa cifra se hacen para toda la humanidad, se estima que todos los seres humanos compartimos un antepasado común que vivió hace unos 3 400 años. Porque, aunque cueste creerlo, no se sabe de ninguna población que haya permanecido completamente aislada durante los últimos siglos.

Estas cosas resultan desconcertantes. Piénselo si ha depositado una muestra de saliva en un tubito y le han dicho que en su linaje confluyen ascendientes de las tribus guerreras de las estepas rusas, de los bravos vikingos que sembraron el caos y la destrucción en Europa, y de los egipcios que levantaron las pirámides. Lo más probable es que usted tenga esa ascendencia.

También la tengo yo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Tendencias

Manejo de inglés y otros idiomas aumenta en 53% la posibilidad de conseguir empleo

El inglés pasó a ser una habilidad indispensable en ciertas posiciones, especialmente por la irrupción de empresas asiáticas y europeas, las cuales incluso exigen el manejo de hasta 3 idiomas para un mejor desempeño y comunicación en ciertas posiciones.

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Mente didáctica

El tener más un segundo idioma, como lo es el inglés, se está convirtiendo en un requisito excluyente para postular en algunas empresas y cargos más calificados, esto pese a ser buenos profesionales y calificados, respecto a su experiencia.


De hecho, según Michael Page, consultora perteneciente a Page Group, el tener un manejo del inglés junto a otros idiomas, tales como el alemán, francés y en el último tiempo el chino, aumentan en 53% la probabilidad de conseguir un empleo, especialmente en aquellas globales.

Esta tendencia ha aumentado estos últimos 10 años, principalmente por la llegada de cada vez más empresas multinacionales asiáticas y europeas, que tienen lineamientos desde sus sedes centrales y requieren de trabajadores con manejo de idiomas. Esto les permite tener un mejor desempeño, relacionarse con los otros ejecutivos de la empresa, además de la apertura y crecimiento que puede generar para la empresa.

El inglés ya no es un ‘plus’ como era antes, sino que pasó a ser una habilidad indispensable en ciertas posiciones. Es una ventaja importante en el mercado, más frente a otros postulantes, entendiendo que aproximadamente sólo el 7% de la población maneja el idioma y sólo el 3% lo hace de manera fluida. De todas maneras, las empresas entienden la falencia que hay en el mercado de profesionales con buen uso del idioma, por lo que son cada vez más aquellas que contemplan ciertos programas de inglés y nivelación junto a capacitación constante en la práctica”, dijo Bernardita Espinoza, Consultora Senior de Recursos Humanos de Michael Page.

Ante esta falencia, en Michael Page destacan que las universidades están incorporando en sus mallas el inglés como obligatorio y también las nuevas generaciones lo ven como atractivo incorporar un idioma como el inglés a sus CVs. Esto les entrega una ventaja, en comparación a los profesionales con mayor experiencia, los cuales están menos capacitados, ya que es un porcentaje menor el que ha tenido la oportunidad de estudiar el idioma o trabajar en empresas donde los capaciten.

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Por otro lado, por el crecimiento de empresas y aperturas a la globalización, hay compañías que para no perder a sus buenos talentos, han preferido capacitarlos de diversas maneras. Por ejemplo, algunos contratan a empresas externas para que vayan a sus oficinas a enseñar el idioma a diferentes grupos. Son programas que pueden durar un semestre o un año, dependiendo del nivel en que se encuentren esas personas. También hay empresas que contratan profesores para hacer clases de forma personalizada o a grupos pequeños, durante 2 ó 3 veces a la semana.

Para realizar la validación y medición del idioma, las empresas realizan un test escrito y luego se los evalúa a nivel oral, por lo que recomienda a las personas ir preparadas para las entrevistas. Se les realizan diferentes preguntas para medir la fluidez, gramática, vocabulario y pronunciación. Además de destacar dónde aprendieron el inglés, cuáles han sido las oportunidades para utilizarlo en su trabajo y a qué nivel.

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Verano y aire acondicionado: ¿En qué fijarse al usar estos equipos?

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La llegada de las altas temperaturas ya se comienza a sentir con fuerza en gran parte del país y solamente en Santiago, noviembre ha sido el mes más caluroso de los últimos 10 años. Por este motivo, el aire acondicionado se convierte más que nunca en un aliado imprescindible.


Junto con esto, es importante tener en cuenta que el mantenimiento y la limpieza de estas unidades son fundamentales para que las soluciones funcionen de forma óptima. Revisa a continuación los sencillos consejos que entrega la empresa de aire acondicionado, Daikin, para poner a punto los equipos y estar totalmente preparado para la llegada del calor:

  • Verificar que los filtros estén limpios. Estos componentes tienen una labor fundamental, ya que eliminan ácaros y bacterias, mejorando así la calidad del aire que respiramos. Además, unos filtros sucios hacen que la unidad consuma hasta un 25% más de energía. La limpieza es muy sencilla: se desmontan los filtros y se lavan bajo la llave de agua con un poco de jabón blando.
  • Eliminar el polvo del Split interior. Se puede utilizar un paño con agua y jabón neutro para limpiar cuidadosamente. Es importante eliminar la suciedad acumulada en la rejilla. Después de limpiar toda la superficie, hay que secar con otro paño.
  • Comprobar el estado de la unidad exterior. Es importante realizar un mantenimiento regular de los equipos exteriores, ya que en ocasiones los agentes externos pueden generar pequeños daños en las unidades. Se debe verificar que la ventilación sea la correcta y que no se producen obstrucciones de ningún tipo (como por ejemplo, hojas secas).
  • Revisar la carga del gas refrigerante. En este punto se requiere la ayuda de un profesional calificado ya que la pérdida de gas refrigerante afecta notablemente el rendimiento del equipo.
  • Usar el aire acondicionado con cabeza: No es recomendable ajustar el termostato a una temperatura inferior a la deseada, ya que con esto no necesariamente se logra un enfriamiento más rápido, y además se generará un gasto innecesario de electricidad. Una diferencia con la temperatura exterior de más de 12º C no es saludable y cada grado que disminuya la temperatura estará consumiendo un 8% más de energía.
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Finalmente, también existen pequeñas estrategias que pueden ser clave para lograr un mayor ahorro de energía sin renunciar al máximo confort. Por ejemplo, evitar ventilar la casa en las horas centrales de calor del día para que no se produzca un calentamiento excesivo y hacer uso de las distintas funciones del equipo, con las que es posible conseguir importantes ahorros en la cuenta de electricidad.

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Cómo afrontar la soledad no deseada en la tercera edad

Rosa Gómez Trenado, profesora de Trabajo Social en la Universidad Complutense de Madrid, explica el cómo ayudar en situaciones de soledad en los adultos mayores.

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Pensemos en que envejecer acompañados de una soledad no deseada tuviera que ver con las fuerzas centrifugas que la sociedad ejerce sobre las personas mayores, expulsándolas cada vez más lejos.

Esto nos llevaría a creer que envejecer, y además solos, con la escasez de movimiento que se genera, supone llegar a una etapa de la vida cuasi insulsa, contrariada. Sería algo alejado de cualquier paradigma de dignidad y de la belleza que supone vivir más años en un envejecer individual, consentido y deliberado por la propia persona, desde su propia libertad de elección. ¿Es eso correcto?

¿Qué significa envejecer?


Si a la visión social del envejecimiento que expulsa y limita le añadimos la soledad no esperada, el peso de este acompañante lo amplía incluso a la claudicación y al silencio de quien se sabe o se siente solo, con la dificultad entonces de detectar o prevenir dicha soledad.

Porque los movimientos de una persona mayor en una soledad no elegida, en cualquier dirección, crean responsabilidades individuales al no concebir que estamos ante un modelo social que “desaloja” al llegar a esta etapa, además de por el estigma social de la soledad.

Considerando que los sentimientos que nos despierta, por no deseados, son los propios de un compañero perverso, seguimos sin concebir el envejecimiento como una oportunidad que tiene que ver con la vida y no con una etapa limitante.

Esto convierte la soledad no deseada en un problema social, por la provocación que supone saberla y no detectarla en fases más tempranas que garanticen una vida plena que no nos haga llegar a envejecer en soledad siendo invisibles.

Vivir bien, más que vivir mucho


Quizás es ahora cuando la reflexión nos debe recordar que no es cuestión de vivir mucho, sino de vivir bien. De modificar las fuerzas que ejercen acciones centrífugas que generan soledad en esta etapa y madurar. Para detectar el presente de la persona mayor se necesita reunir la identidad de la persona a lo largo de toda su vida.

La inquietud ante una vejez en soledad nos puede llevar a pensar en un vacío, en la pérdida del sentido. Ninguno de nosotros está preparado para la dificultad que nos transforma en vulnerables cuando no somos capaces por nosotros mismos de dar respuesta al problema. ¿Quién se prepara para vivir la vejez en una situación de soledad no deseada como problema principal? ¿Quién se imagina mayor y solo y cómo explicarlo?

Ya se reflejaba este miedo en El Rey Lear de William Shakespeare, donde el protagonista, que siempre confió en su propio poder para afrontar la vida en la ilusoria invulnerabilidad a través del tiempo, ve con terror la falta de control y la necesidad de los demás en esta etapa.

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¿Y si no tenemos a nadie?


Cuando las redes primarias no amortiguan el ajuste y no existen más redes de apoyo, aparece la soledad. Cuando una persona aislada observa y contempla la situación que vive, le es difícil discernir si se ha vuelto más aislada, más inoportuna para relacionarse o si los apoyos que logra son significativos para esta etapa, dentro de la visión total de su vida…

Y aparecen de nuevo las fuerzas que expulsan por aislamiento, cuando “el aislado”, por ser mayor, primero fue expulsado.

Transformar la realidad de la soledad no deseada es parte del envejecer con sentido, y forma parte del desarrollo de la sociedad. Esta, por su parte, debe dejar de lado las generalizaciones descriptivas sobre cómo prevenir o actuar ante estas situaciones.

Como sabemos poco sobre lo que resulta excepcional en esta etapa y sobre lo que no, cuando nuestro conocimiento en cualquier área muta a cada instante, parece prudente ser sencillamente específicos en la atención de las distintas formas de envejecer y abordar lo que da sentido a envejecer con dignidad.

Observar la soledad no deseada desde la generalidad no brinda respuestas sociales sustantivas, sino medidas que arrollan la dignidad y lo consentido, porque nos igualan.

Es la dignidad la que hace a los individuos resistentes a todo en cualquier etapa. Es la dignidad ante la soledad no deseada la que se erige como principio humanista que orienta la detección desde una visión del envejecer no utilitarista, la que se opone a legitimar la protección social ante la soledad no querida, por resultados ventajosos para la mayoría social, pensando que la individualidad daña la rentabilidad económica y social de las políticas de protección social.

El problema de la soledad no deseada en la vejez es que las historias conocidas son demasiado escasas y poco visibles para que nos hagan ver la variedad de partida en la vida de todos nosotros y el momento de llegada a la soledad. Son estas, por tanto, pocas historias para hacernos dudar de las responsabilidades del modelo de sociedad en el que vivimos y poder ver que expulsa por mayor y silencia por el estigma social que supone estar solos.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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