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En busca de un tesoro
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Crónicas

En busca de un tesoro

Matías Olguín

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Pixabay | Contexto
 

Cuando tenía ocho años, Joaquín junto a su padre arreglaban un carruaje modelo Break del año 1840. Todas las tardes después del colegio, iba al establo y trabajaba en él. Era algo especial. “Mi padre antes de morir me insistía que siguiera remodelando el Break, nuestro coche favorito, para que continuara aprendiendo", comenta Joaquín desde Melipilla, comuna donde se encuentra su Hacienda y sus carruajes.

En 1994 junto a Omar, su capataz, viajaron a Argentina y llegaron a un establo derrumbado. Entre sus escombros encontraron un valioso tesoro: carruajes. “Hicimos varios viajes; en el año 2002 trajimos tres, en 2004 fueron cinco, el último fue en el 2008”, recuerda. Llegaban a Argentina y se iban directo a la búsqueda. Todos estaban con termitas y desarmados. Fueron dieciocho, los compraron y se vinieron a Chile, aquí mandaron a buscar un experto en carruajes antiguos para que los fuera a ver. “Llegó Thomas, un alemán…los miró y no lo podía creer, quedó pasmado, pensábamos que le había pasado algo, pero no”, dice.  

Ford, Peugeot y Daumont de 1730, eran algunas de las marcas y nombres de los coches que el alemán les mostró, ya que en los ejes de las ruedas estaba impreso las marcas de los vehículos. El afán por coleccionar iría tomado de la mano con la historia. “Gracias a Thomas, quien falleció en el 2016, aprendimos mucho sobre carruajes”, comenta.

Actualmente son veintisiete los carruajes que decoran su Hacienda, de esos, sólo dos son chilenos. “En Argentina los hacían y traían las piezas legítimas desde Europa, no como en Chile, donde  el eje de las ruedas delanteras con las traseras no son “parientes”, podían ser hasta primos, pero no eran iguales y los carruajes argentinos estaban con todas sus piezas originales”, explica.

Hoy cuenta y muestra emocionado su colección, la que comenzó como un ingenuo juego de padre e hijo. Joaquín fantasea, mientras conversa con Omar sentado en los asientos de cuero de la parte posterior del Break.

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Crónicas

El histórico periodista Alberto “Gato” Gamboa

Valentina Nieto Constanzo

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El periodismo chileno está de luto, el Gato del pueblo ya vivió sus siete vidas. Periodista acérrimo a sus ideales y prisionero político, a sus 97 años, el histórico Alberto “Gato” Gamboa, falleció. 

El comunicador murió este viernes mientras se encontraba internado en la Clínica Dávila y hoy, a las 13 horas en la capilla del Colegio San Ignacio, El Bosque, se iniciaron sus velatorios. Mañana domingo se realizará su funeral en el Mausoleo del Círculo de Periodistas del Cementerio General. 

Santiaguino, nació el 16 de febrero de 1921. Su infancia y estudios los vivió en la Escuela número 48, en el Liceo José Victorino Lastarria, lugar en el que un compañero le acuñó el  apodo que lo acompañó a lo largo de su vida y hasta el final de sus días.

Periodista innato


Profesor de profesión y periodista de vida, a pesar de haber egresado del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, jamás se desempeñó en ese rubro. El periodismo conquistó su corazón. 

De pluma crítica e irreverente, durante su carrera dejó su impronta marcada en los diarios en los que se desempeñó como director; el combativo “Fortín Mapocho” y el icónico “Clarín”. 

Sus prosas no dejaban a nadie indiferente y en la memoria colectiva quedó el titular de 1988 en el, ahora extinto, Fortín Mapocho .“Corrió solo y llegó segundo”, escribió Gamboa haciendo alusión a la derrota de Augusto Pinochet en el plebiscito del 88.

El histórito titular que narra la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988.

Las primeras incursiones de Gamboa en la prensa fueron en el área deportiva, en la que comenzó a incursionar a sus jóvenes 17 años como reportero del diario La Opinión. Años después, su camino estaría lejos de esas andanzas.

Para la llegada de Allende, en 1970, el Gato ya era el director del diario “Clarín”, en pleno auge de la prensa popular. Tres años más tarde el escenario cambió dramáticamente, cuando las fuerzas militares, bajo el mando de Augusto Pinochet, llegaban al poder. 

Detenido y torturado, del Estado Nacional al campo de prisioneros de Chacabuco, Alberto Gamboa dejó plasmadas sus vivencias y la de otros compañeros en su libro “Viaje al infierno”, publicado en 1984.

En 1976 fue liberado y se desempeñó en variados oficios para sobrevivir, dentro de los cuales estaba su trabajo como jornalero en la construcción de un tramo del Metro de Santiago.

Fue uno de los fundadores del Círculo de Periodistas Deportivos y el Colegio de Periodistas de Chile y en 2017 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo.

Legado y trascendencia


Su muerte ha generado múltiples reacciones en redes sociales y los homenajes por parte de grandes periodistas y autoridades nacionales no se hicieron esperar. Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista, y los periodistas Andrea Aristegui, Sebastián Esnaola, Patricia Politzer, entre otros, escribieron mensajes vía Twitter en honor al comunicador.

La estampa de Alberto “Gato” Gamboa quedará en la historia del periodismo nacional como un legado   trasciende hoy y en las futuras generaciones.

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