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Claves para ser un turista más sostenible aquí o en la Conchinchina

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Petrmalinak/Shutterstock
 

Denominamos turismo al movimiento de las personas a sitios que se encuentran fuera de su lugar de residencia habitual, tanto por motivos personales como profesionales. Se trata sin duda de todo un fenómeno social, cultural y económico.

Pero esta actividad es también uno de los principales productores de gases de efecto invernadero del mundo (como el CO₂ y otros gases como el óxido nítrico o el dióxido de nitrógeno) y los millones de desplazamientos que implica viajar dejan una importante huella de carbono. Se estima que el turismo representa el 5 % de las emisiones globales, de las que el 4 % son generadas por el transporte de los turistas, como el uso del avión, y el 1 % restante son generadas por los alojamientos.

Los impactos negativos del turismo sobre las sociedades y el medio ambiente hacen que el cambio gradual del modelo turístico hacia formas más sostenibles se haya convertido en una necesidad real. En los próximos años se espera una mayor planificación territorial sostenible.

Se debe tomar el turismo como una oportunidad de conservación y protección de los ecosistemas de la Tierra, debido a la creciente demanda de destinos turísticos naturales. Además, se deben implantar estrategias para la protección de los recursos y la reducción de las emisiones contaminantes, que garanticen una mejor compatibilidad medioambiental del turismo y de las actividades relacionadas con el mismo a todos los niveles.

Por eso se desarrolla el concepto de turismo sostenible, como un tipo de turismo que tiene en cuenta los efectos presentes y futuros que esta actividad tiene en la economía, la sociedad y el medio ambiente. De esta forma se atienden las necesidades de los visitantes, el sector, la naturaleza y las comunidades receptoras.

El turismo sostenible


Los pilares de este modelo son la integridad ambiental, la justicia social y el desarrollo económico. Debemos adoptar una actitud responsable frente al turismo, asumiendo las responsabilidades y los impactos de nuestras acciones.

En este sentido, podemos asumir los compromisos que implica el desarrollo sostenible: usar y consumir recursos renovables en cantidades que no superen su ritmo de renovación, generar una cantidad de emisiones inferior a la capacidad del medio ambiente de asumirlas, respetar a las comunidades, asegurar que las actividades económicas son viables a largo plazo y que los beneficios se distribuyen equitativamente entre los diferentes actores.

Existen diferentes aspectos que se ven mejorados si se fomentan prácticas que garanticen un turismo sostenible.

Buenas prácticas de un turista sostenible


Algunas de esas prácticas que pueden llevarse a cabo, tanto por parte de los visitantes como de las administraciones en el lugar de destino, para que los desplazamientos sean más sostenibles son las siguientes:

  • Respeto. Informarnos sobre la cultura, la política y la economía de las comunidades que vamos a visitar para poder respetar sus tradiciones.
  • Consumo local. Debemos invertir en la medida que nos sea posible en empresas que conserven el patrimonio y los valores, por ejemplo, comprando productos locales.
  • Educación ambiental. Los turistas necesitan una buena educación ambiental para poder proteger la flora y la fauna correctamente en sus desplazamientos. Debemos tener en cuenta que cuantos más turistas visiten una zona, mayor será el consumo de recursos en la misma. Por ello, se deben mejorar los beneficios del turismo de biodiversidad y limitar los impactos ambientales negativos asociados. Además, se puede aprovechar parte de los ingresos que genera el turismo para concienciar del valor que nos ofrece la biodiversidad del planeta.
  • Todo el año. Para poder disfrutar de un destino de viaje sostenible, una buena práctica es la desestacionalización. Consiste en trasladar parte del turismo de verano a otras épocas del año como puede ser el invierno, invirtiendo esfuerzo promocional en conseguirlo. De esta manera, la cantidad de turistas será la misma, pero espaciada en el tiempo. Es posible que las limitaciones al turismo sean necesarias en destinos masificados, si se pretende hacer que esta actividad sea económicamente viable y, además, sostenible.
  • Ecoturismo. Una buena alternativa es elegir opciones de turismo sostenible, como el cicloturismo, una forma ágil y cómoda de conocer el entorno sin apenas causar impacto en el medio natural. El avistamiento de aves también está en auge, considerado una forma de ecoturismo que consiste en la observación de las diversas formas, tamaños y colores de las aves, el reconocimiento de las especies por su plumaje o por su canto y el conocimiento de los hábitats y los paisajes.
  • Transporte público. Siempre que sea posible, conviene utilizar sistemas públicos de transporte colectivo o compartido. El vehículo privado también es una fuente de gases de efecto invernadero, por ello, si se utiliza, debemos conducir de forma eficiente y aprovechar al máximo su número de ocupantes. Además, existen actualmente medios de transporte que están adoptando medidas más respetuosas con el medio ambiente, como los catamaranes eléctricos que funcionan solo con energía solar.
  • Menos Residuos y más reciclaje. También debemos tener en cuenta la cantidad de residuos que genera el turismo. Ya sea un turismo de playa, montaña, etc., no arrojaremos residuos al medio. Como viajeros tenemos la responsabilidad de generar la menor cantidad de residuos posible y reciclar lo máximo que podamos.

Una forma de compensar por nuestros viajes


Finalmente, como ciudadanos que viajamos y generamos inevitablemente un impacto en el medio, podemos “compensar”, en cierta manera, las emisiones emitidas participando en actividades de voluntariado ambiental. Esta compensación se puede conseguir a través de voluntariados con labores de reforestación, así como de recuperación de espacios naturales o incluso voluntariados de sensibilización en los que ayudar a transmitir la importancia de un turismo cada vez más sostenible.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Spotify ofrece tres meses premium de manera gratuita para sus usuarios

La función empezó a operar este 22 de agosto y está disponible para planes individuales y estudiantiles.

Jean Muñoz Iturriaga

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Esta semana Spotify presentó su nueva modalidad de prueba premium para quienes utilicen su plataforma de música mediante streaming.


Quizás sea una forma de competir contra Apple Music y otros derivados, además de evitar que cientos de usuarios descarguen la app y no se decepcionen de no poder escuchar sus canciones en el orden que desean, o simplemente al oír la promoción que aparece constantemente, mientras disfrutan de su artistas.

Desde el Newsroom de la aplicación informaron de esta actualización, la cual contará con tres meses gratuitos de las funcionalidades pro de Spotify.

"A partir del 22 de agosto, los usuarios recibirán los primeros tres meses de forma gratuita cuando se registren en Spotify Premium.  Así desbloqueará el acceso a millones de horas de contenido de audio, sin importar cuándo se inscriba", es parte de lo que indica el comunicado.

Con esto, los usuarios podrán reproducir más de 50 millones de canciones sin publicidad, tanto en el computador como en dispositivos móviles. Además de los 450,000 podcasts que se suben constantemente a la aplicación.

Esta funcionalidad de prueba solo estará disponible para planes individuales y estudiantes.

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¿Cuántas personas se necesitan para fabricar un lápiz?

Un producto tan básico como un lápiz requiere una gran cantidad de personas, y este ejemplo grafica toda una filosofía sobre la sociedad y la economía.

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Cuando vamos a la tienda a comprar un lapicero tenemos la impresión de que es un producto sencillo y barato, que se podría fabricar en el local que está al lado de nuestra casa. La realidad es más complicada.

Hay un vídeo muy conocido en el que Milton Friedman habla de la fabricación de un lápiz y de los innumerables trabajadores que han participado en un producto aparentemente tan poco sofisticado.

Este vídeo se suele poner como ejemplo en economía liberal, pero la idea que subyace es mucho más interesante: plantea la dependencia de unos seres humanos respecto de otros.

Un mundo interrelacionado y complejo


Los conceptos inteligencia artificial, big data y data science son las expresiones de la necesidad de colaborar en un mundo donde los flujos de información son inabarcables para un solo ser humano.

Estos flujos de información crecen de forma exponencial y la única forma de gestionarlos es utilizar herramientas basadas en el conocimiento. Por ejemplo, para organizar los recursos disponibles y atender la demanda de movilidad en los sistemas de transporte (como el metro o el avión) sus responsables deben resolver un problema de planificación.

Aunque conseguimos que estos sistemas complejos funcionen, lo hacen en un equilibrio inestable que la mayoría de las personas pasamos por alto hasta que se rompe. Encender la luz parece una acción trivial, pero recientemente Argentina se quedó sin electricidad y hace unos años pasó igual en Italia.

El problema en estos casos es que dependemos profundamente de sistemas como el eléctrico, muy sensibles. Su operatividad depende de muchos factores como el mantenimiento de los equipos, los controladores de la red, los profesionales que se encargan de garantizar que todo funcione e incluso los usuarios.

La complejidad social y económica


En física es sencillo abordar los problemas asociados a sistemas complejos, la conocida como criticalidad autorganizada, ya que no tiene ninguna componente emocional. No ocurre lo mismo al analizar los sistemas que caracterizan los entornos sociales y sus relaciones de dependencia. Debido a la globalización, estas son cada vez más complejas.

En economía, se estudia el denominado índice de complejidad económica o economic complexity index (ECI) en inglés. Permite evaluar la contribución relativa de conocimiento que aporta la sociedad y la economía de un país en relación a los otros. Se refiere al trabajo que hay detrás de los productos que exporta: cuanto más complejos sean, mayor conocimiento se empleará en su fabricación.

Este índice, que recoge por estados el documento Atlas de complejidad económica, pone de manifiesto la interdependencia de unas economías respecto a otras.

En sociología, se utiliza el concepto de complejidad social para expresar los distintos papeles que cumplimos los seres humanos y los lazos que nos unen unos a otros. Dicha complejidad está íntimamente relacionada con otro factor, la inteligencia: inteligencia y complejidad son dos indicadores complementarios y estrechamente vinculados.

Inteligencia individual y colectiva


En las estructuras sociales, la inteligencia individual es un factor de diferenciación de las personas. Es importante para el individuo, pero es la inteligencia colectiva la que determina el éxito del grupo y de la especie.

El comportamiento colectivo es extraordinariamente eficaz en términos evolutivos. No consideramos a las bacterias como seres vivos inteligentes, pero han sobrevivido durante millones de años. Son organismos eficientes y resilientes, capaces de cambiar de la forma más adecuada según el entorno donde se encuentran en cada momento.

El comportamiento del ser humano plantea el mismo escenario: se basa en una inteligencia individual y una inteligencia colectiva. De otra forma, no hubiera sido posible el éxito de la especie humana en términos biológicos.

El desarrollo de la especie humana ha sido fruto de la colaboración entre distintos individuos y grupos para trasmitir los conocimientos. Los seres humanos somos muy eficaces comunicando nuestro conocimiento, ya sea para fabricar herramientas o para colaborar en la creación de colectivos y redes de seres humanos.

El éxito actual de Facebook, de Twitter y de WhatsApp no se comprende sin la necesidad humana de comunicación para constituir grupos. Los sistemas complejos también marcan la forma en que nos relacionamos y nos encontrarnos con otros seres humanos.

Relación entre inteligencia y complejidad


Las sociedades humanas se han construido aumentando el número de relaciones entre las personas. De la tribu de cazadores-recolectores hemos pasado a la sociedad de las comunicaciones. Ahora vivimos en la sociedad de los seis grados de separación. La inmensa mayoría de los individuos estamos conectados a otros, aunque evidentemente no somos conscientes de esas relaciones.

Este hecho tiene implicaciones sociales y económicas. La fabricación de un lápiz o de un teléfono móvil es un proceso global y universalizado. En él, los trabajadores de las minas más recónditas están relacionados con laboratorios de investigación de otros lugares del mundo y con los medios de comunicación que difunden los productos y servicios desarrollados.

Estamos globalizados y no podemos volver atrás sin que esto suponga una pérdida de calidad de vida que afectaría a aspectos como la alimentación o la sanidad. Antes necesitábamos a otras personas y ahora, además, necesitamos a los sistemas.

Como consecuencia, viejos conceptos como inteligencia también están cambiando. La inteligencia cada día tiene más que ver con las relaciones entre las personas y los sistemas. La importancia de la inteligencia individual disminuye en la medida en que aumenta la importancia de la inteligencia distribuida en las redes de colaboración.

Así, la inteligencia y la complejidad son dos características estrechamente relacionadas. El estudio de la complejidad de los sistemas va a ser una de las áreas con mayor desarrollo en el siglo XXI y la inteligencia distribuida será la variable más significativa de este proceso.

En la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Civil de la UPM estamos realizando trabajos sobre la movilidad urbana. Analizar la movilidad, reducir la congestión urbana, mejorar la calidad del aire y disminuir el tiempo que perdemos en los atascos es un problema de gestión de la complejidad.

El objetivo de estudios como este es desarrollar medios que permitan colaborar a las personas y optimizar el uso de los recursos. Colaboración e innovación son las claves para mejorar nuestra calidad de vida.

Hoy en día probablemente ningún ser humano sea capaz de fabricar un lapicero como los que encontramos en el supermercado por sí solo. Se necesitan decenas de miles de personas.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Repite la sílaba “ta” y te diremos cómo funciona tu cerebro

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Un atributo innato en los seres humanos es la habilidad de sincronizar nuestros movimientos con los sonidos que percibimos. Imaginemos, por ejemplo, cuando movemos el pie o la cabeza al ritmo de una canción. Este fenómeno sucede sin esfuerzo ni entrenamiento previo: ¡incluso los bebés lo hacen!

Además, tiene importantes implicaciones cognitivas. En la niñez, la habilidad para sincronizarse a un compás predice el desempeño en tareas relacionadas con el lenguaje.

La habilidad de sincronizar de manera espontánea los movimientos del cuerpo a un ritmo externo es una característica distintiva de las especies que aprenden sus vocalizaciones. Entre estas se encuentran las focas, los murciélagos, algunas aves y también los seres humanos.

Movimientos del cuerpo y ritmos musicales


Existe una relación aparente entre nuestra capacidad de hablar y la sincronización audiomotora. El estudio de este fenómeno se ha centrado, de momento, en explorar cómo los movimientos corporales se sincronizan al compás de un metrónomo y de ritmos musicales.

Sin embargo, no sabemos cómo se traslada esta sincronía a la capacidad cognitiva que nos define como especie: el habla. ¿Existe una sincronización espontánea entre los gestos motores que originan el habla (movimientos de la lengua, mandíbula y labios) y los ritmos que se perciben del habla?

Ritmo y repetición de sílabas


Para responder a esta pregunta diseñamos una prueba de comportamiento en la cual los participantes repitieron de manera continua la sílaba “ta” mientras escuchaban un tren de sílabas presentadas rítmicamente a entre 4 y 5 sílabas por segundo.

Este protocolo nos reveló un fenómeno nuevo e inesperado: la población se separa en dos grupos. Mientras que algunas personas alinean de manera automática el ritmo producido al ritmo percibido, otras continúan repitiendo las sílabas a un ritmo distinto del que perciben.

El efecto es sorprendentemente robusto, y lo observamos en muestras con centenares de participantes bajo distintas condiciones. Además, se mantiene estable incluso entre mediciones completadas en sesiones diferentes (por ejemplo, con una semana o un mes de separación). Todo esto sugiere que se trata de una característica intrínseca de cada individuo.

Estos resultados conductuales invitan a plantearse la siguiente pregunta: ¿reflejan estos grupos cómo se organizan los cerebros de las personas?

Para responder a esto, estudiamos a 20 sujetos de cada grupo usando diferentes técnicas de neuroimagen.

Metodología del estudio


Primero completamos un estudio de magnetoencefalografía (MEG) en el que registramos la actividad neuronal de nuestros participantes mientras escuchaban secuencias rítmicas de sílabas pasivamente. Es decir, sin pronunciar la sílaba “ta” como en la prueba de comportamiento.

Curiosamente, los sujetos con alta sincronía mostraron una mayor sincronía cerebro-estímulo que los de baja sincronía. Más específicamente, su actividad neuronal en las áreas del cerebro implicadas en la planificación motora del habla oscila a la misma frecuencia que las sílabas percibidas.

Esto significa que las regiones relacionadas con la producción del habla también se implican en la percepción de la misma, lo que probablemente nos ayuda a seguir el ritmo del habla que escuchamos.

Posibles diferencias en la materia blanca cerebral


Después de observar diferencias a nivel neurofisiológico, también adquirimos datos de difusión por resonancia magnética de los mismos sujetos para cuantificar posibles diferencias anatómicas en la materia blanca del cerebro. La materia blanca es el tejido conectivo del cerebro, fibras nerviosas que permiten la comunicación entre regiones distantes del encéfalo.

Descubrimos que el manojo de fibras que une las áreas corticales tradicionalmente relacionadas con la producción y la percepción del habla –el fascículo arqueado izquierdo– de los participantes con alta sincronía tiene un volumen superior al del resto de participantes. Además, este resultado anatómico se relaciona con el neurofisiológico: mayor volumen de arqueado izquierdo resulta en una mayor sincronía cerebro-estímulo.

Implicaciones en la vida cotidiana


Finalmente, para evaluar si nuestra prueba comportamental tiene implicaciones en aspectos de la vida cotidiana, testamos un nuevo grupo en una tarea de aprendizaje de palabras. Sorprendentemente, encontramos que a los individuos con alta sincronía les es más fácil aprender nuevas palabras que a los de baja.

En resumen, en este trabajo mostramos que una prueba comportamental simple que mide la sincronización audiomotora del habla es predictiva de propiedades neurofisiológicas, neuroanatómicas y del rendimiento en una tarea de aprendizaje de palabras.

Creemos que esta tarea ayudará a caracterizar mejor las diferencias individuales, propiciando nuevos descubrimientos sobre el procesamiento del habla y el aprendizaje del lenguaje que, al combinar poblaciones con atributos diferentes, podrían quedar enmascarados.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
The Conversation

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