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HBO Go llegará a los televisores inteligentes de Chile y Latinoamérica desde el 25 de marzo

Alexis Ramírez

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HBO anunció que su aplicación HBO Go será descargable en los televisores inteligentes desde este 25 de marzo. Los usuarios que posean una SmartTV LG con un sistema operativo WEBOS 3.0 o superior, podrán acceder a este servicio.

Esta app estará disponible para Chile y América Latina, lo que permitirá a los consumidores de estos lugares ver miles de series y películas. Además, estará disponible la octava y última temporada de "Game Of Thrones", que se estrena el próximo 15 de abril.

Para acceder a esta plataforma, se debe entrar a la LG Store e ingresar el nombre de usuario y la contraseña. Hasta este momento, los consumidores de esta aplicación debían entrar a través de otros dispositivos, ya que los televisores no contaban con el servicio actualizado.

En caso que el programa sea disponible mediante un operador de televisión, se podrá activar por código QR o en la página web. No es posible realizar el registro directamente desde la app.  

En entrevista para Fayerwayer, Francisco Smith, Pdte. de Distribución y Desarrollo de Medios de HBO Latin America, comentó: "Estamos constantemente desarrollando soluciones que corresponden a la evolución en los hábitos de consumo, sabiendo que nuestros consumidores ahora quieren la conveniencia de disfrutar su contenido en múltiples pantallas".


Los modelos disponibles para esta app

Esta lista contiene todos los sistemas operativos disponibles para HBO Go:

2016 – WebOS 3.0: E6, B6, UH95, UH85, UH77, UH76, UH65, UH63, UH61, UH60, LH60

2017 – WebOS 3.5: W7, E7, C7, B7, SJ95, SJ80, UJ75, LJ55, LJ54. Modelos UJ65, UJ63, UJ62 año 2017 (WebOS 3.5) no tendrán disponible la aplicación.

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2018 – WebOS 4.0: W8, E8, C8, B8, SK95, SK80, UK75, UK65, UK63, UK62, LK57, LK64.

2019 – WebOS 4.5: W9, E9, C9, B9, SM95, SM90, SM86, SM81, UM76, UM74, UM73. UM72, UM71, LM63.

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Estudiar francés frente a otras lenguas tiene más ventajas de lo que imaginamos

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El pasado 26 de septiembre celebramos el Día Europeo de las Lenguas, impulsado por el Consejo de Europa, cuya finalidad es potenciar el plurilingüismo como factor de conocimiento mutuo que contribuya a la creación de una auténtica ciudadanía europea.


Los medios de comunicación se hicieron eco de esta celebración de la pluralidad y de la diversidad europea. Sin embargo, consultando diferentes artículos y enlaces, algunos de ellos con testimonios de personas de reconocido prestigio poniendo de relieve la apertura que el conocimiento de idiomas proporciona, solo encontramos referencias a la importancia del inglés, y la mayoría de los enlaces internacionales sobre este evento se encuentran en este idioma.

¿Qué plurilingüismo estamos celebrando? ¿Qué pluralidad cultural defendemos? ¿Dónde están otras lenguas europeas enseñadas en nuestro sistema educativo como el francés, el alemán, el italiano o el portugués?

Inglés versus francés


Resulta una constante reducir la idea del aprendizaje de idiomas a tener un buen nivel de inglés, requisito indispensable para acceder a un buen trabajo o conseguir una promoción dentro de la empresa, siempre con una visión pragmática y de rentabilidad que, desgraciadamente, se ha impuesto como criterio casi único en la formación.

Como profesora universitaria de lengua y culturas francófonas, atenta a los discursos de política educativa y a los discursos académicos sobre política lingüística, escucho sin parar las palabras “internacionalización”, “movilidad europea e internacional” como objetivos prioritarios y factores de “excelencia”.

Detrás de esos discursos, solo hay uniformidad y apuestas constantes –concretamente, a través de programas de bilingüismo en enseñanza Primaria y Secundaria–, por el aprendizaje del inglés, lengua necesaria, incuestionable, lengua franca, pero en absoluto la única lengua que podemos aprender para entender Europa y cultivar nuestra pertenencia a este espacio común de diversidad.

En nuestro país la educación no apuesta por el plurilingüismo y relega las segundas lenguas en general, y el francés en particular, a reductos de resistencia gracias al heroísmo de sus vocacionales profesores.

La enseñanza de una segunda lengua con carácter obligatorio en el sistema educativo es la mejor apuesta política por el plurilingüismo real. En la comunidad de Castilla y León, en la que radica mi universidad, se dan además las condiciones óptimas para adoptar esta medida, puesto que obtiene los mejores resultados en el informe PISA en el conjunto del estado, y no existe la dificultad de armonizar en los horarios y en las materias la enseñanza del castellano y de una lengua cooficial autonómica.

Pero, rompiendo una lanza por todas las segundas lenguas que ofrece nuestro sistema educativo y su necesaria valoración y difusión, quiero hablar sobre todo del valor que aporta el conocimiento de la lengua y de las culturas francófonas a la formación de nuestros jóvenes.

Bandera de la francofonía. Wikimedia Commons

Y por aquí quiero empezar, por explicar la palabra “francófonas” y dar algunos datos acerca de la comunidad francófona en el mundo y de la Organización Internacional de la Francofonía.

El Observatorio Demográfico y Estadístico del Espacio Francófono (ODSEF) de la Universidad de Laval (Canadá) y el Observatorio de la lengua francesa de la Organizacion International de la Francofonía (OIF), en su informe sobre “La lengua francesa en el mundo (2018)” ofrecen datos que, por sí solos, ya son un argumentario objetivo de las puertas que este idioma y sus culturas pueden abrir a los jóvenes españoles si nuestro sistema educativo garantizara el aprendizaje de dos lenguas durante su formación.

Algunas claves importantes


Resumiendo los parámetros más significativos, debemos saber que:

  1. El francés es la quinta lengua más hablada en el mundo.
  2. Más del 60 % de los hablantes de francés en la vida cotidiana se encuentran en África.
  3. Se trata de una lengua oficial en 32 estados y gobiernos y en la mayor parte de las organizaciones internacionales.
  4. Es la lengua de enseñanza de más de 80 millones de personas en 36 países y territorios.
  5. Como lengua extranjera, la estudian 50 millones de personas en el mundo y es la cuarta lengua más utilizada en internet.
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Todos estos datos revelan un dinamismo del espacio lingüístico francófono que tiene también una dimensión económica desconocida.

Volviendo al criterio más valorado en nuestra sociedad de rentabilidad y oportunidades, diría que la falta de información sobre esta realidad no deja ver el valor añadido del francés en el acceso al mundo laboral de nuestros jóvenes.

Mapa de la francofonía. L’Organisation internationale de la Francophonie (OIF).

10 motivos de peso


  1. Porque es una lengua que vehicula culturas diferentes en cinco continentes.
  2. Porque es la lengua de comunicación de 300 millones de habitantes en el mundo.
  3. Porque es una lengua fundamental en las instituciones europeas e, históricamente, Francia ha sido motor de Europa junto a Alemania.
  4. Porque es la lengua de nuestro país vecino (como ocurre con el desconocido portugués) con quien compartimos historia, estrechas relaciones culturales e influencias mutuas, y múltiples intereses económicos.
  5. Por nuestro pasado olvidado de interés por todas las manifestaciones artísticas de la cultura francesa.
  6. Porque es una lengua de acogida, de diversidad y de mediación en fenómenos como el exilio, la emigración y la crisis de los refugiados.
  7. Porque en la universidad, el número de convenios bilaterales Erasmus con universidades francesas es altísimo en comparación con otros países, lo que garantiza la movilidad de los estudiantes.
  8. Porque ofrece oportunidades laborales a los jóvenes no solo en el sector de la educación, sino también en el sanitario, en el ámbito de la cooperación internacional, la restauración, el turismo, las telecomunicaciones, la industria aeroespacial, etc.
  9. Pero también porque es la lengua de acceso a la modernización de los países del Magreb (Marruecos, Argelia, Túnez…), escenario estratégico en el que nuestra comunidad de Castilla y León está compitiendo incluso contra Francia y sacando proyectos adelante.
  10. Porque la Embajada de Francia, el Instituto Francés, las Alianzas francesas trabajan codo a codo con los profesores de francés y ofrecen a los estudiantes numerosas posibilidades para su formación.

Aprender por placer


Son muchas las razones para aprender francés que podría enumerar, pero asumo como propia la conclusión a la que llegaba el escritor y director de cine David Trueba en un artículo reciente titulado “Elogio del francés”: “pour le plaisir”.

Frente a la omnipresencia del inglés como idioma extranjero necesario, asistimos a iniciativas que permiten vislumbrar un horizonte más justo para las llamadas segundas lenguas: el programa europeo EuRom5, cuyo objetivo es la intercomprensión, que permite aprender a comprender cuatro lenguas románicas a quien ya habla una (portugués, español, catalán, italiano y francés), incidiendo en la conciencia de las raíces comunes, lo que nos permitiría a cada uno hablar nuestra lengua materna y entendernos con todos nuestros vecinos.

Esta pluralidad lingüística es la mejor manera de acabar con el uso de una lengua en su valor identitario como arma arrojadiza. Por otro lado, diversos países europeos se han sumado ya a la campaña “En todas las lenguas” para promover el plurilingüismo en la comunicación científica y académica frente a la imposición del inglés.

Una de las mejores decisiones de mi vida ha sido aprender este idioma. Por la sensibilidad, la libertad y la apertura de espíritu que conocer la diversidad cultural transmitida por esta lengua me ha permitido vivir.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Nacional

Inscriben dominios para la presidencia del exministro Alberto Undurraga

Las marcas tienen duración hasta octubre de 2021 y fueron inscritas por Enrique Álvarez Jaque.

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Este martes fueron inscritos tres dominios en el administrador del registro ".cl", NIC, con los nombres del ex ministro de Obras Públicas en el gobierno de Michelle Bachelet, Alberto Undurraga.


En específico los dominios comprados están bajo la denominación: “Undurragapresidente.cl”, “undurraga2022.cl” y “albertoundurraga.cl”, los cuales están indexados en la web desde este primero de octubre.

Captura de pantalla desde la búsquedas de dominios.

Los sitios están inscritos a nombre de Enrique Álvarez Jaque, quien coincide con el nombre del ex asesor del Ministerio de Obras Públicas cuando ejercía Undurraga en la cartera.

Captura de pantalla de los detalles del dueño a quien está inscrito el sitio.

Estos nombres están vigentes hasta octubre del 2021, por lo que se invirtió cerca de 60 mil pesos en registrar los nombres en internet.

El ex secretario ministerial de Bachelet actualmente se desempeña como presidente de la asociación Futuro 3030.

Undurraga además de ejercer en la cartera del MOP, también fue director del Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) durante el gobierno de Ricardo Lagos y alcalde de la comuna de Maipú entre 2004 y 2012.

Hasta el momento el ingeniero comercial no se ha referido por la compra de estos dominios.

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Economía

¿Se puede convertir en realidad el trabajar cuatro días a la semana?

David Spencer, profesor de economía de la Universidad de Leeds, trae una nueva idea sobre las jornadas laborales. Donde rompe por completo la ortodoxa metodología de trabajo que se tiene actualmente.

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Pixabay

“Deberíamos trabajar para vivir, no vivir para trabajar”, declaró John McDonnell en el discurso pronunciado ante la conferencia del Partido Laborista británico. Y acto seguido se embarcó en una enérgica defensa de la semana de trabajo de 4 días y 32 horas, objetivo que, según McDonnell, debía lograrse en un plazo de 10 años y, sobre todo, hacerse efectivo sin pérdida de salario.

La reducción de la semana de trabajo a 4 días sería una medida verdaderamente transformadora. Representaría una ruptura radical con la cultura de trabajo que impera en nuestra sociedad capitalista contemporánea.

Sin embargo, su radicalismo también plantea dificultades. ¿Aceptarán las empresas un recorte de la semana de trabajo? ¿Qué tipo de legislación se necesitará para lograr ese recorte? En última instancia, ¿podrá adaptarse el capitalismo para dar cabida a una semana de trabajo de 4 días, o será preciso que imaginemos –y construyamos– un futuro más allá del capitalismo?

Argumentos a favor de trabajar menos


Los argumentos a favor de trabajar menos son convincentes. Establecer una jornada laboral más corta nos dejaría tiempo para hacer y ser cosas fuera del trabajo. Nos permitiría tener una vida mejor.

Los datos muestran que una jornada de trabajo más larga está relacionada con diversas formas de enfermedad, tanto física como mental. A este respecto, la reducción de las horas de trabajo podría contribuir a mejorar la salud y el bienestar de los trabajadores.

Además de las ventajas de índole personal, si trabajáramos menos, podríamos mitigar los efectos del cambio climático. La espiral de “trabajar y gastar” tiene un costo ambiental que se podría resolver reduciendo el tiempo que dedicamos al trabajo.

Trabajar muchas horas se ha convertido en la norma. Shutterstock

Reducir el tiempo de trabajo también podría ser una medida rentable por sí sola, ya que da lugar a una mayor productividad. Los cuerpos y las mentes descansadas hacen que las horas resulten más productivas, y ofrecen la oportunidad de producir lo que necesitamos disponiendo de más tiempo libre.

Por último, también podríamos trabajar mejor. Si eliminamos horas de trabajo duro, podríamos liberar tiempo para disfrutar de un trabajo más gratificante. La reducción de las horas de trabajo se refiere no solo a mejorar la calidad del trabajo, sino también a aligerar su carga.

Persistencia del trabajo


Pero el sistema en el que vivimos sigue presionándonos para que trabajemos más. En algún momento del pasado, se supuso que el capitalismo, en su evolución natural, acabaría dando lugar a una jornada de trabajo más corta. Como es sabido, en 1930 el economista John Maynard Keynes imaginó que hacia 2030 se implantaría la semana de trabajo de 15 horas. Pensó que este logro se materializaría sin necesidad de llevar a cabo una reforma fundamental del capitalismo.

Sin embargo, la realidad es que las horas de trabajo en las economías capitalistas no se han reducido ni un ápice, e incluso han mostrado visos de aumento (en especial desde la crisis financiera mundial). Es cierto que existen importantes diferencias entre los distintos países en lo que respecta a las horas de trabajo. Por ejemplo, los trabajadores de Alemania disfrutan de una jornada laboral más corta que la de sus homólogos estadounidenses.

No obstante, ningún país tiene previsto, ni de lejos, implantar una semana de trabajo de 15 o incluso 30 horas en los próximos 10 años. De mantenerse las tendencias actuales, la mayoría de las economías capitalistas van camino de tener una semana de trabajo media que duplica con creces la predicción de Keynes.

Las razones de este estancamiento de las horas de trabajo son diversas. Por un lado, está la cuestión del poder. Los trabajadores no conseguirán una reducción de las horas de trabajo si no tienen el poder de negociación necesario para hacerla realidad. El debilitamiento de los sindicatos y el cambio hacia el modelo de gestión orientado a la “creación de valor para el accionista”, que mide el éxito de una empresa por el rendimiento que aporta a los accionistas, ha hecho que muchas personas trabajen más horas –o el mismo número de horas– por un salario más bajo.

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Por otro lado, la fuerza continua del consumismo ha respaldado la ética del trabajo. La publicidad y la innovación de productos han creado una cultura en la que la jornada de trabajo larga se ha aceptado como algo normal, e incluso han coartado la libertad de los trabajadores de vivir bien.

El sistema actual. Matt Gibson / Shutterstock.com

Algunas propuestas


La dificultad para todo partido político que defienda el objetivo de reducir las horas de trabajo consistirá en superar los obstáculos mencionados. En concreto, el Partido Laborista ha rechazado un recorte de la jornada laboral que afecte a toda la economía. En cambio, favorece un enfoque sectorial, a través de un sistema renovado de negociación colectiva.

McDonnell ha propuesto que la jornada laboral (junto con las tasas y las condiciones salariales) pueda acordarse a nivel sectorial mediante la negociación entre los empleadores y los sindicatos. Cualquier acuerdo que se alcance sobre la reducción de la jornada de trabajo podría pasar a ser jurídicamente vinculante. Este planteamiento sigue, en cierto modo, el ejemplo de los convenios de negociación colectiva de Alemania, donde los empleadores y los sindicatos han alcanzado acuerdos para establecer semanas de trabajo más cortas.

A este respecto, el problema será reactivar la negociación colectiva en una época caracterizada por la baja afiliación sindical. Algunos sectores de servicios, como el comercio minorista y los sectores asistenciales, tienen una presencia sindical muy limitada, por lo que puede resultar difícil reducir el número de horas de trabajo a través de esta política.

McDonnell también propuso la creación de una “Comisión del Tiempo de Trabajo” con potestad para recomendar al Gobierno que aumentara, lo antes posible, los derechos de vacaciones previstos por la ley sin incrementar el desempleo. Esta medida es más prometedora, ya que pretende generar un nuevo debate —que ojalá desemboque en un nuevo consenso— sobre la conveniencia de acortar el tiempo de trabajo en el conjunto de la economía. Uno de los efectos de esta comisión podría ser la recomendación y puesta en práctica de una semana de trabajo de 4 días en todos los sectores.

En un nuevo informe elaborado por lord Skidelsky, por encargo de McDonnell, se describe una agenda de política amplia orientada a implantar una jornada de trabajo más corta. Si bien hay ámbitos que admiten discrepancia, el propio informe y la adhesión del Partido Laborista a esta política constituyen un importante paso adelante en el debate sobre la reducción de la jornada de trabajo. En general, parece que empieza a haber una mayor presión para conseguir una semana de trabajo de 4 días o incluso de 3 días.

Sin embargo, siguen existiendo enormes obstáculos para el cambio. Como se ha visto en la acogida que el anuncio del Partido Laborista ha tenido entre los grupos de los distintos sectores, habrá que convencer a las empresas de las ventajas que conlleva una semana de trabajo más corta.

Pero el escepticismo de las empresas no hace sino demostrar hasta qué punto tenemos que replantearnos la economía y, en general, la vida. Si continuamos trabajando tanto como hasta ahora, no solo seguiremos perjudicándonos a nosotros mismos, sino también a nuestro planeta. En definitiva, trabajar menos no es un lujo, sino un componente necesario de nuestro progreso como seres humanos.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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