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Vida y Ocio

Revelan voz de pintora Frida Kahlo en México

Josefina Valdés

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Este miércoles la Fonoteca Nacional de México publicó un audio de la artista en el cual recita “fragmentos de Retrato de Diego”, un texto que escribió en 1949 para describir a su marido y famoso pintor Diego Rivera y es la primera publicación de la voz de la pintora.


Su voz, con un acento neutro, un timbre agudo y de un fino y melódico hablar, describe física e intelectualmente a Rivera con frases líricas como “ es un niño grandote, inmenso, de cara amable y mirada triste. Sus ojos saltones, obscuros, inteligentísimos y grandes están difícilmente detenidos, casi fuera de las órbitas por párpados hinchados”. En las cuales se aprecia su talento artístico al escribir.

El hallazgo fue por parte del director de la Fonoteca Nacional, Ernesto Velázquez, en enero de este año al ser invitado a a la localidad de Huamantla (estado de Tlaxcala, centro de México), para reunirse con el locutor Manuel de la Vega, locutor de XEW, que le Ratificó que tenía una grabación donde Diego Rivera cantaba. Al revisar el material Granados se sorprendió al encontrar el fragmento en el que Kahlo recita. El audio conforma uno de los programas que el locutor Álvaro Gálvez y Fuentes, produjo en 1956 para XEW.

Se cree que es Kahlo , ya que ella es la autora del texto, además, el audio ya se ha sometido a estudios de ondas de sonido y se ha confirmado que la voz no pertenece a una locutora profesional , por las pausas de aire y el ceceo que contiene.

La secretaria de cultura de México explicó “Es un hallazgo que tiene muchos elementos que pueden identificarse como la probable voz de Frida Kahlo, sin darlo como cierto al 100%”.

Personas que conocieron a la artista como la hija de Diego Rivera, Guadalupe Rivera Marín, confirmó que así sonaba su voz. No obstante el nieto de León Trotski, Esteban Volkov niega que sea la voz de la pintora, aunque la última vez que la escuchó fue hace aproximadamente 60 años.

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Reportan caída del servicio de Instagram a nivel mundial

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Cientos de usuarios han realizado reportes de caída del servicio de Instagram en sitios web como Downdetector y Isitdownrightnow.

Según detallan los sitio antes mencionados, los problemas de conexión a la página web y aplicación de Instagram iniciaron cerca de las 17:00 hrs, donde pasaron de 267 dificultades de los usuarios a más de 20 mil denuncias.

https://downdetector.com/

"Somos conscientes de que algunas personas tienen problemas para acceder a sus cuentas de Instagram. Estamos trabajando rápidamente para solucionar el problema.", informó Instagram a través de su cuenta en Twitter.

Noticia en desarrollo

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¿Cómo saber que mi hijo es adicto a los videojuegos?

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Si su hijo dedica horas a jugar con videojuegos es probable que le inquiete que pueda llegar a desarrollar una adicción. La Clasificación Internacional de Enfermedades que elabora la Organización Mundial de la Salud ha incluido recientemente la adicción a los videojuegos entre las enfermedades reconocidas, aunque la CIE no será aprobada hasta el año 2022.

Si le genera inquietud que el pequeño de la casa no se separe del ordenador, este clasificación le ayudará a identificar si tiene un problema y si precisa ayuda de un profesional.

Aunque la adicción a los videojuegos no solo se desarrolla en niños: los jugadores pueden experimentar dependencia a cualquier edad. El trastorno no se define por jugar demasiado o por las horas empleadas delante de la pantalla, sino que puede ser diagnosticado cuando la actividad recreativa interfiere con la rutina de la persona.

Para que ese diagnóstico tenga lugar, el sujeto debe presentar los siguientes tres síntomas durante al menos 12 meses:

  • Pérdida de control al jugar a un videojuego.
  • Priorizar los videojuegos hasta el punto de dejar de lado otros intereses y actividades.
  • Continuar jugando a pesar de los efectos negativos que dicha actividad produce en los ámbitos laboral, escolar y familiar, así como en la salud, la higiene, la economía y en las relaciones sociales y sentimentales.

La clasificación realizada por la OMS se centra solo en los videojuegos, por lo que no incluye otras prácticas como el uso excesivo de Internet, las apuestas online, las redes sociales o la dependencia de los smartphones. Sí que engloba los videojuegos en cualquier dispositivo, aunque la mayoría de las personas que desarrollan problemas de este tipo juegan sobre todo en red.

Una enfermedad a tener en cuenta


Aunque millones de niños y adultos dedican buena parte de su tiempo a los videojuegos, solo unos pocos cumplen los criterios establecidos por la OMS.

Como el resto de adicciones diagnosticables, la adicción a los videojuegos es una enfermedad mental grave que, según se estima, afecta a entre el 0,3 y el 1% de la comunidad gamer.

Aunque es un porcentaje pequeño no deja de ser una gran cantidad de personas. Una encuesta australiana que reunió una muestra aleatoria de 1.234 individuos de todas las edades reveló que alrededor del 67% de los participantes juegan con videojuegos, lo que significa que entre 5.000 y 16.000 australianos podrían llegar a sufrir una adicción.

No todo el mundo reconoce que sea una enfermedad


Aunque la clasificación presenta este trastorno como un hecho, lo cierto es que se ha generado cierto debate en torno a la decisión de considerarlo una adicción. La Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) no se muestra convencida por dos motivos:

Otros expertos, por su parte, se han sumado al debate al poner sobre la mesa que la clasificación no es más que una respuesta a la preocupación y el miedo de la sociedad hacia los videojuegos.

Cómo se debería tratar la adicción a los videojuegos


Una de las consecuencias que ha provocado la clasificación del problema generado por los videojuegos como una adicción es que ha abierto el camino a su consideración por parte de los profesionales sanitarios.

Sin embargo, al igual que la propia lista, los planes de tratamiento basados en investigaciones profundas aún se encuentran en una etapa embrionaria.

Una encuesta en la que participaron psiquiatras de Australia y Nueva Zelanda desveló que tan solo el 16,3% se atrevía a tratar la enfermedad.

¿Qué podemos esperar del tratamiento médico?


Existen dos formas habituales de tratamiento, una focalizada en entender la situación del paciente y otra orientada al aprendizaje de nuevos comportamientos.

A menudo los tratamientos incluyen terapias con un experto en adicciones. Las sesiones pueden ser individuales, grupales o familiares, y cada una utiliza dinámicas que emplean enfoques distintos.

Por ejemplo, la terapia con familias explora y sitúa el foco en los posibles problemas familiares que pueden contribuir a la adicción de una persona.

El segundo tratamiento es la terapia cognitivo-conductual (TCC), que suele desarrollarse de forma paralela a las sesiones con un consultor en salud mental. La TCC se basa en la premisa de que los pensamientos de una persona determinan sus sentimientos. Se utiliza para tratar numerosos trastornos psiquiátricos, entre los que se encuentran los abusos de sustancias, la depresión y la ansiedad. El objetivo de la terapia cognitivo-conductual es proveer al paciente de diferentes herramientas para pensar, comportarse y responder de manera adecuada ante situaciones estresantes.

Otros tratamientos médicos que están demostrando ser efectivos incluyen un uso terapéutico del arte y del ejercicio físico. En cuanto a la medicación, se están desarrollando diferentes estudios para lograr dar con la tecla.

Los planes de tratamiento son diseñados en base a las necesidades de cada sujeto: pueden estar compuestos por sesiones de terapia cognitivo-conductual a las que se podrían añadir sesiones de terapia individual y familiar, por ejemplo.

El procedimiento es personalizado teniendo en cuenta aspectos como la edad del paciente, sus creencias religiosas, su posición profesional o cualquier otro factor que pueda influir en el proceso.

En este punto, ningún tratamiento puede asegurar un éxito total y absoluto, lo cual evidencia la necesidad de proseguir con las investigaciones acerca del tema.

Consejos para controlar cómo juega su hijo


Aunque la mayoría de gamers no serán diagnosticados de adicción a los videojuegos, los hábitos lúdicos de los niños pueden generar intranquilidad en los padres, que pueden mostrarse preocupados por el tiempo que el pequeño pasa jugando, por la resistencia que ofrece cada vez que se le pide que guarde la partida o por la perspectiva de que los videojuegos le induzcan a llevar un estilo de vida perjudicial o inestable.

Aquí le ofrecemos algunos consejos para fomentar un ocio más sano en los niños sin la necesidad de que dejen de jugar:

  • Incentive la realización de deporte y de actividad física, que incrementan los niveles de serotonina en sangre y producen un efecto positivo en el estado de ánimo a la vez que reducen los síntomas de los problemas generados por los videojuegos.
  • Hable con su hijo sobre qué es lo que más disfruta cuando se sitúa frente a la pantalla y por qué quiere jugar con tanta asiduidad. Su respuesta le ayudará a identificar si existen otros problemas de los que busca evadirse con los videojuegos.
  • Cuando le pida a su hijo que deje de jugar, intente que su rutina se vea sustituida por otra actividad, como una salida en familia o la cena, las cuales actuarán como razones para abandonar la partida.
  • Al pedirle que deje de jugar, déjele un tiempo prudencial para que acate su orden. Eso evitará que se frustre por tener que dejar el juego en mitad de alguna misión, lo que puede generar discusiones. Pregúntele cuánto le queda para terminar y asegúrese de que se retira al terminar la partida.

Al ser una parte tan importante de las vidas de los más jóvenes, se torna fundamental educar desde una edad temprana acerca del correcto uso de los videojuegos. Para ello, es vital incluir el tema, así como la utilización de cualquier tipo de tecnología, en las discusiones familiares si se pretende que la comunicación sea fluida para poder solucionar los problemas cuando aparecen.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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El ejercicio ayuda poco a adelgazar: es más efectivo comer menos

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Tengo tendencia al sobrepeso y, desde hace unos años, mis cifras de glucosa en sangre me colocan al borde de la diabetes. Me gusta la comida y mis compromisos sociales la incluyen a menudo. Además, de cuando en cuando caen unas tapas, un vino o el vermú de los sábados. Nada del otro mundo, pero suficiente como para tener que tomar medidas de control de la glucemia y del peso.

De madrugada pedaleo un buen rato en bicicleta estática. Cuando empecé con esta actividad matutina, sí, perdí un par de kilos en dos o tres semanas. Más adelante prolongué el tiempo de pedaleo. Volví a perder otros dos kilos. Pero desde entonces –y llevo casi dos años bajo este régimen- mi peso se mantiene obstinadamente constante. Por mucho ejercicio físico que haga, no consigo reducirlo apenas. No puedo pedalear durante más tiempo. El día no da de sí, y la noche tampoco.

Este asunto me desasosiega por dos motivos. Para empezar por sus efectos o, mejor dicho, su falta de ellos. Es descorazonador subirse de buena mañana en una bicicleta, pedalear desaforadamente durante más de una hora y seguir casi igual que como estaba. Lo único que consigo es perder los días de labor el peso ganado durante el fin de semana.

Por otra parte, también me molesta la aparente falta de lógica fisiológica de todo ello. Enseño fisiología y en la parte del programa en que trato el balance energético explico que cuando aumenta la actividad sube el gasto metabólico. Por lo tanto, si la absorción de energía en forma de alimento es constante, esa actividad metabólica mayor habría de provocar una reducción de la energía disponible para el crecimiento. Hasta el punto, incluso, de hacerse negativa.

¿El balance energético no funciona?


Resulta que el organismo se adapta a esa situación y pierde menos masa de la que sería de esperar. Suelo pasar frío, salvo en los días más cálidos del año. Y paso más frío las mañanas en las que he hecho ejercicio físico intenso. Por eso creo que lo que le hago pagar en ejercicio, mi metabolismo se lo cobra en forma de calor: me hace pasar frío.

Según el antropólogo Herman Pontzer, de la Universidad Duke de EE UU, al aumentar la actividad física a largo plazo el gasto energético diario también se eleva, pero menos de lo que cabría esperar. Además, conforme aumenta la actividad, el gasto diario total sube cada vez menos, hasta hacerse casi constante. Eso quiere decir que, si ese gasto es más o menos constante y el organismo desarrolla mayor actividad física, otros capítulos de gasto han de reducirse. Esa reducción, en principio, se produce en funciones no esenciales.

La hipótesis de Pontzer -quien ha trabajado en equipos integrados también por médicos y fisiólogos-, predice que la actividad física ejerce una reducción en las demás actividades fisiológicas y que esas reducciones tienen, además, efectos beneficiosos para la salud. Eso sí, cuando la actividad es muy intensa, esos efectos pasarían a ser negativos.

Con niveles moderados de ejercicio, las actividades fisiológicas cuya actividad se reduciría serían las que no son esenciales para sobrevivir. Entrarían en esa categoría parte de la regulación térmica, el crecimiento somático y las relacionadas con la reproducción. De hecho, niveles altos de actividad física alteran el ciclo ovárico, provocan una disminución de la producción de espermatozoides, bajan los niveles sanguíneos de hormonas sexuales y reducen la libido.

Bajo condiciones de muy alta actividad los efectos sobre la función reproductora se acentúan. Además, también se resentiría el funcionamiento del sistema inmunitario y las actividades de reparación de estructuras dañadas. De ahí vendrían los efectos negativos sobre la salud.

De lo anterior se deduce que, si bien es sano mantener niveles moderados de ejercicio físico de forma regular, esa actividad no tiene los efectos adelgazantes que se le suelen atribuir. Para controlar el peso, el control de la ingesta es más efectivo. Aunque no es nada fácil ni, como sabemos, sus resultados son los que cabría esperar.

Como ocurre con la actividad física, el organismo también se adapta a la escasez de alimento. Disminuye, en este caso, la velocidad de los procesos vitales. La actividad metabólica también se reduce, el gasto energético baja. La temperatura corporal también lo sufre: al reducir la ración de alimento se suele pasar más frío. Comer menos conlleva una vida fisiológica más lenta y, en cierto modo, más eficiente.

A todo ello se atribuye el muy probable efecto positivo de la restricción calórica sobre la longevidad. Pero eso, para quienes tenemos la espada de Damocles del sobrepeso y la diabetes tipo II sobre nuestras cabezas, es una mala noticia.

No soy quien para aconsejar a nadie acerca de sus hábitos, pero no me importa contar cuál ha sido mi opción:

  1. Como menos que antes y pongo más cuidado en lo que como, pero confieso que de vez en cuando me doy un homenaje.
  2. Realizo una actividad física moderada, el equivalente a 150 km a la semana en bicicleta estática, y camino siempre que tengo ocasión.

La vida, por ahora, no se me ha hecho eterna.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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