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Cómo gobernar los algoritmos (en lugar de que lo hagan ellos)

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Desde 2018 el debate sobre los sesgos y efectos perversos de los algoritmos cobra cada día mayor importancia. Fue entonces cuando salió a la luz el caso de la empresa británica Cambridge Analytica, que utilizó datos privados obtenidos de Facebook para intentar influir en las elecciones. Esto nos hizo reflexionar sobre los riesgos de aplicar algoritmos personalizados que explotan las características psicológicas del individuo con fines políticos.

En palabras de Chris Wylie, el exempleado de la empresa que destapó el caso:

“En lugar de estar en la plaza pública, decir lo que piensas y luego dejar que la gente venga, te escuche y tenga esa experiencia compartida de lo que es tu narrativa, estás susurrando en los oídos de todos y cada uno de los votantes. Y puedes susurrar una cosa a uno y otra diferente a otro”.

Esta experiencia, generalizada pero no compartida, es llamada filter bubble o echo chamber (burbuja de filtro o cámara de eco, en español). El término evidencia cómo las mismas tecnologías que nos conectan también nos aíslan en burbujas informativas que refuerzan determinadas opiniones y nos hacen cada vez más vulnerables a la manipulación.

El caso de Cambridge Analytica forma parte de un conjunto de intentos de manipulación masiva de la opinión pública a través de ingeniería social, que Facebook denomina Information Operation (Operación Información). Es decir, acciones emprendidas por actores organizados (gobiernos u organismos no estatales) para distorsionar los sentimientos políticos de la población, al fin de lograr algún resultado estratégico y geopolítico específico.

Capitalismo de vigilancia


La psicóloga social Shoshana Zuboff, en su libro The age of surveillance capitalism (La era del capitalismo de vigilancia), nos habla de forma más articulada de algo que ya intuíamos: que la manipulación de opiniones y comportamientos es parte integrante del capitalismo basado en la vigilancia digital.

En este contexto, el dato, sobre todo el de carácter personal, juega un papel clave por dos razones. La primera es que forma parte de la base de la economía digital, el modelo de desarrollo económico más prometedor que tenemos. La segunda, que su análisis permite orientar el comportamiento colectivo, cada vez a mayor escala y de forma más rápida.

Por desgracia, el requisito básico de cada sistema informático que sea capaz de escalar conlleva la amplificación exponencial del riesgo de un posible fallo. La matemática Cathy O'Neil hablaba en 2017 de armas matemáticas de destrucción masiva (Weapons of Math Destruction) para enfatizar la escala, el daño potencial y la opacidad de los sistemas de toma de decisión basados en algoritmos de aprendizaje automático (machine learning).

El profesor de Derecho y experto en inteligencia artificial Frank Pasquale habla del problema de introducir mecanismos de rendición de cuentas (que buscan la equidad y la identificación de responsabilidades) en los procesos automatizados, en lugar de tratar esos procesos como una caja negra. Así, se esconden tras los derechos propietarios de las empresas privadas que los han desarrollado.

Solon Barocas, que investiga las cuestiones éticas y políticas de las inteligencias artificiales, hablaba en 2013 de la “gobernanza de los algoritmos” y de la necesidad de cuestionar estos artefactos y analizar sus efectos desde una perspectiva legal y de políticas públicas.

El congreso FAT*, cuya tercera edición se celebrará en Barcelona en enero de 2020, se ha convertido en el encuentro de referencia para los que quieren abordar cuestiones de transparencia, justicia y rendición de cuentas de los sistemas automatizados.

Europa vs. EE UU


En Europa, el artículo 22 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) nos obliga a garantizar que haya supervisión humana y derecho de apelación de las decisiones tomadas por sistemas automáticos y de perfilado (profiling).

En EE UU, fallos como la incapacidad de algoritmos, entrenados con bases de datos con una sobrerrepresentación de fotos de personas blancas, para identificar a personas de color, también motivan la voluntad de abrir y auditar estos sistemas.

Estos casos, junto a otros más inquietantes en el ámbito jurídico y policial, han sido tomados como ejemplos de la falta de sensibilidad entre los programadores sobre las cuestiones raciales y de género. Así lo argumentan Sarah Myers West, Meredith Whittaker y Kate Crawford en el libro blanco Discriminating Systems: Gender, Race, and Power in AI (Sistemas discriminatorios: género, raza y poder en las IA).

La publicación está en línea con otros autores como Andrew Selbst, que investiga los efectos legales de los cambios tecnológicos. Pretende llamar la atención sobre la necesidad de contextualizar cualquier discurso sobre desarrollo tecnológico y analizarlo como sistema tecnosocial, como ya hacen los estudios de ciencia, tecnología y sociedad.

La automatización de procesos de decisión conlleva un gran desafío técnico, legal, de gestión corporativa y moral. Esto ocurre en todas las áreas, que van desde la detección de noticias falsas y fraudes hasta el diagnóstico médico y la encarcelación de sospechosos. Por ello, es necesaria la creación de un espacio de dialogo multidisciplinar.

Los sistemas de inteligencia artificial siempre serán producto de los sesgos, la heurística y los puntos ciegos de los programadores . Abrir un debate sobre qué valores queremos grabar en nuestros sistemas para que la humanidad florezca es responsabilidad de todos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Inauguran primer terminal de carga con energía solar para bicicletas eléctricas en la Región de Los Ríos

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Esta semana se inauguró la primera estación de carga para bicicletas y dispositivos eléctricos, a través de energía solar, en la ciudad de Valdivia. La iniciativa ayudará a descongestionar la Ruta T-350, camino a Niebla y beneficiará a los cerca de 200 mil habitantes de la zona, además de turistas.


El proyecto liderado por Cervecería Kunstmann, en colaboración con el Programa de Apoyo a la Inversión Productiva (IPRO) de Fomento Los Ríos – Corfo, posiciona a los cerveceros como la primera empresa no eléctrica en desarrollar una iniciativa sustentable de esta magnitud.

La actividad contó con la participación de autoridades de la zona, entre ellos, Carlos Riquelme Caro, director de Fomento Los Ríos y Armin Kunstmann, presidente y fundador de la cervecería. “Buscamos incentivar el uso de transportes alternativos con energías renovables poniendo a disposición de los vecinos, turistas y nuestros colaboradores, esta innovadora infraestructura. Queremos mejorar la calidad de vida de los valdivianos, contribuyendo a la disminución de la emisión de gases, mejorando la movilidad en la ciudad y promoviendo la construcción de ciclovías”, indicó Armin Kunstmann.

La electromovilidad es una tendencia internacional a la que Chile se sumó en los últimos años, posicionándose como uno de los líderes mundiales en reutilización de energías. “Se está invirtiendo en buses, autos, scooters y bicicletas eléctricas, hoy impulsadas en Valdivia; demostrando que nuestra ciudad es amigable con el medio ambiente. Apoyamos este tipo de iniciativas ya que van en línea con nuestra motivación, ser un motor de cambio en la región”, agregó Riquelme, director de Fomento Los Ríos.

El terminal está ubicado en las inmediaciones de la fábrica y restaurant de los cerveceros, en el sector de Torobayo, donde se puede recargar bicicletas eléctricas, celulares y objetos electrónicos de bajo consumo. Incluye doce paneles solares con batería de litio, que almacenan una energía de 7.200 watts/hora. El proyecto, que contó con una inversión total de $25 millones, es de uso público y no tendrá costos asociados a su utilización.

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El despliegue de las redes 5G, o la geopolítica digital

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Conseguir conexiones a internet rápidas y fiables constituye ya un objetivo prioritario para cualquier país que quiera no perder el tren de la nueva economía digital. Esta conectividad es ya un factor de competitividad clave para la economía de los estados, al igual que lo han sido en el pasado otras infraestructuras no digitales como las de energía o las de transporte.

La propia UE lo ha entendido así y, por eso, ha incluido entre sus metas el despliegue adecuado, rápido y fiable de las redes de comunicación 5G. Según sus planes, en 2020 todos los países miembros deberán disponer de, al menos, una ciudad principal con 5G disponible comercialmente y en 2025 el despliegue deberá ser total.

Las inversiones que requiere esta nueva red suponen, según la Comisión Europea, 910 000 millones de euros adicionales al PIB de la Unión y la creación de 1,3 millones de puestos de trabajo. Sin este esfuerzo inversor no se logrará un mercado único digital y Europa quedaría por detrás de EE. UU. y China en la carrera por el dominio tecnológico mundial.

Ahora bien, si es tan importante no perder esa carrera, cabe plantearse qué hace tan relevante desde el punto de vista geopolítico una cuestión aparentemente, y en puridad, solo tecnológica. La conectividad 5G no es simplemente una mejora de lo ya existente como en su día supuso el paso del 3G al 4G. Es un cambio profundo en la conectividad que va a permitir, entre otras cosas, un tiempo de respuesta de la red de un milisegundo y una velocidad de conexión 100 veces más rápida que la actual red 4G, además de un ahorro de energía del 90% respecto a los sistemas actuales.

Un impulso económico transversal


Esa velocidad y fiabilidad de la conexión va a ser, como afirma el Plan Nacional 5G aprobado por el Gobierno de España en 2018, una pieza clave en la transformación digital de la sociedad y la economía, ya que el pleno desarrollo del internet de las cosas, la conducción autónoma, la impresión 3D, la industria 4.0, la telemedicina, el uso masivo del big data, la robótica avanzada o la realidad virtual, entre otras realidades, se soportará sobre la base del 5G.

Se espera que el despliegue alcance su madurez tecnológica y comercial a partir de 2020 y que su impacto mejore la productividad, la eficiencia y la eficacia de empresas y administraciones públicas logrando un efecto de impulso económico transversal sobre el conjunto de la economía.

El modelo elegido en la mayoría de los países para su implementación consiste en permitir que los operadores celebren acuerdos voluntarios entre ellos para la distribución, colocación y uso compartido de las costosas infraestructuras, casi siempre sobre la base de un operador dominante que permite utilizar sus recursos a los demás operadores sobre la base de acuerdos y compensaciones.

Es necesaria una gran inversión que deberá ser costeada por las empresas privadas de telecomunicaciones que asuman ese reto. Y ello porque es necesario desplegar infraestructura adicional a la ya desplegada con el 4G: más fibra e instalar miles de small cells cada centenar de metros para cubrir todo el territorio. Además, las administraciones públicas deberán asegurar una correcta gestión del espectro radioeléctrico, que es de dominio público, con el objeto de liberar ancho de banda.

El ring geopolítico del 5G


Pero lo que está en juego es algo más que una correcta utilización de las oportunidades que ofrece la tecnología. También está en juego la preponderancia tecnológica. Así lo han entendido en los últimos años Estados Unidos y China, ambos metidos de lleno en una carrera para lograr la supremacía tecnológica: la prevalencia de las tecnologías y sistemas otorga a aquel que logra esa posición una ventaja competitiva indudable a la hora de poder imponer sus intereses geopolíticos, económicos, comerciales o incluso culturales.

El 5G también se ha convertido en arena conflictiva en el que ambas potencias compiten en una guerra comercial, utilizando en ocasiones razones de seguridad nacional que, probablemente, también incluyen una buena dosis de protección a empresas nacionales y disputa por la imposición de la tecnología propia. No es de extrañar que esa disputa se haya agudizado en el último año porque es mucho lo que está en juego. Forma parte del conflicto abierto más amplio e importante relativo a los microchips, que son críticos para todos los sistemas, aunque especialmente relevantes para la industria de seguridad y defensa.

En el ámbito del despliegue de las redes 5G va a tener una especial relevancia la fabricación de las small cells, que van a ser parte importante de la arquitectura del sistema. Son cinco los fabricantes principales de estos elementos: Nokia, Ericsson, Samsung, Huawei y ZTE, las dos últimas empresas chinas. Esa es la razón por la que la utilización de tecnología de estas dos compañías ha producido enfrentamientos entre EE. UU. y China.

Ya en 2012, la Comisión de Inteligencia del Congreso de los Estados Unidos avisó que tanto ZTE como Huawei podrían ser una amenaza para la seguridad nacional. Estas disputas geopolíticas se refieren sobre todo a la posibilidad de que fabricantes chinos introduzcan en sus productos dispositivos que permitan el envío de información de forma encubierta o que, sencillamente, puedan escapar al control del operador de esos equipos poniendo en peligro la seguridad, integridad o confidencialidad de los sistemas.

La seguridad nacional también está implicada para el resto de países y no solo para esas superpotencias, ya que la dependencia tecnológica o la opción por unos u otros sistemas pueden ser opciones estratégicas que condicionen su futuro desarrollo.

Una manifestación de esa preocupación sería, por ejemplo, la prohibición por parte del Gobierno de Nueva Zelanda dirigida a un operador de redes de telecomunicaciones, Spark, sobre la utilización de sistemas de Huawei para el despliegue de su red 5G. El Ejecutivo sigue así los pasos de Australia y Estados Unidos, que ya impiden que el equipamiento de ese fabricante se integre en sus redes de comunicaciones.

Recientemente, Alemania se ha unido a este veto a la tecnología china para el despliegue de las redes 5G alegando razones de ciberseguridad. Por ello, China afirma que Estados Unidos están presionando a sus aliados para que tomen partido en esta nueva guerra tecnológica.

La ciberseguridad, una preocupación global

Los aspectos relativos a la ciberseguridad de redes y sistemas son esenciales para asegurar el desarrollo de la economía mundial. En su informe sobre riesgos globales, el Foro Económico Mundial de Davos de 2019 señaló los ciberataques como la amenaza más probable solo por detrás de los eventos climatológicos extremos, de los desastres naturales y el robo masivo de datos. No obstante, lo que no parece serio es restringir las libertades económicas que amparan el libre comercio mundial sin motivos sólidos, fundados y no apriorísticamente determinados por categorías completas de empresas según la nacionalidad.

Existen serias sospechas sobre el cumplimiento de las normativas sobre privacidad o propiedad industrial de algunos fabricantes, así como el temor con base en hechos constatados, de que esa tecnología disponga de puertas traseras. Dado que cabe la sospecha de que algunas de esas prevenciones sean reforzadas por razones comerciales o económicas, no se puede por menos que insistir en la necesidad de que los estados estén presentes a la hora de determinar cuáles son los estándares y los requisitos a cumplir a la hora de asegurar ese nivel adecuado de ciberseguridad.

En este sentido, es especialmente útil la realización de auditorías de ciberseguridad sobre todos los nuevos elementos que se incorporen a las redes. Han de estar libres de toda sospecha tras el correspondiente examen, análisis y certificación por autoridades públicas competentes en la materia. La tecnología que se va a emplear por las empresas a la hora de desplegar esas redes 5G, venga de donde venga, debe ser fiable en la medida de lo posible.


Una versión de este artículo fue recogida originalmente en la publicación CIBER Elcano del Real Instituto Elcano, colaborador de contenido de The Conversation España.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Huawei busca aliados en Africa frente al bloqueo de Estados Unidos

Michel Nahas Miranda

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Phys.org

Mientras EE.UU. encabeza una campaña para que occidente rechace a Huawei por temores de seguridad, el gigante tecnológico chino ha tratado de fortalecer su posición en África, donde ya está bien establecido. Huawei ha asumido un papel de liderazgo en el desarrollo de redes de teléfonos móviles 5G de próxima generación en todo el mundo. Pero ha estado en crisis desde que Washington cobró que su equipo podría servir como un caballo de Troya para los servicios de inteligencia chinos.


El segundo marcador de teléfonos inteligentes del mundo niega con fuerza las acusaciones, pero EE. UU. Ha instado a los países a evitarlo y varias empresas se han distanciado. Incluyen Google, cuyo sistema operativo Android funciona con la mayoría de los teléfonos inteligentes. Y mientras Washington y Beijing se enfrentan en una escalada de la guerra comercial, las naciones de todo el mundo se enfrentan al dilema de tener que elegir un lado entre las dos principales economías del mundo.

El presidente ruso, Vladimir Putin, intervino el viernes, rechazando el intento de Washington de "empujar sin ceremonias" a Huawei fuera del mercado global. A principios de semana, el gigante ruso de telecomunicaciones MTS firmó un acuerdo con Huawei para desarrollar una red 5G en el país. El presidente chino, Xi Jinping, invitado de Putin en un foro económico en San Petersburgo, dijo que China está "lista para compartir invenciones tecnológicas con todos los socios, en particular la tecnología 5G".

¿Pero la escalada de la lucha llevará a que las naciones africanas tengan que elegir entre China, el principal socio comercial del continente, y los Estados Unidos? "Para los países africanos, esta guerra comercial puede terminar como una opción binaria. Será muy difícil para África simplemente ignorarla", dijo Aly-Khan Satchu, un analista económico independiente con sede en Nairobi. 'Estrategia muy agresiva' Huawei, ahora un factor importante en las tensiones entre Estados Unidos y China, buscó fortalecer sus lazos en África, y la semana pasada firmó un acuerdo para reforzar su cooperación con la Unión Africana. "Esta fue una manera de demostrar que Huawei todavía está presente en África y que quieren seguir siendo un jugador importante al posicionarse en este sector de crecimiento tan importante", dijo Ruben Nizard, economista y especialista en África subsahariana en el departamento financiero francés. Empresa de servicios Coface.

El acuerdo se produce después de que el periódico francés Le Monde informara en 2018 que China había espiado la sede de la UA en la capital etíope de Addis Abeba, citando fuentes dentro de la organización. El informe dijo que el espionaje comenzó en 2012 después de la finalización de la nueva sede de la UA que fue financiada por China, y solo se notó cuando los técnicos descubrieron que los datos de los servidores del edificio se estaban enviando a Shanghai. Tanto China como la UA rechazan las acusaciones.

Huawei se ha establecido en toda África desde su lanzamiento en Kenia en 1998, y ahora opera en 40 países, proporcionando redes 4G a más de la mitad del continente. También presentará 5G, la red de telefonía móvil de próxima generación que transmitirá datos a velocidades mucho mayores, en Egipto para la Copa Africana de Naciones, que se llevará a cabo del 21 de junio al 19 de julio "África es un mercado que Huawei había identificado y que conquistaron gracias a una estrategia muy agresiva basada en el financiamiento barato y la velocidad de ejecución", dijo Satchu a AFP.

"El hecho de que Huawei haya equipado a la UA lo dice todo", agregó. La presencia de Huawei en África va más allá de vender teléfonos inteligentes y construir redes móviles. En Sudáfrica, proporciona capacitación en las principales universidades del país, y este año se lanza un curso especializado en 5G. El gobierno de Kenia firmó un acuerdo de 17.5 billones de chelines (172 millones de dólares) con Huawei en abril para construir un centro de datos y servicios de "ciudad inteligente".

El gigante chino también ofrece un programa de vigilancia de "ciudad segura". Esta iniciativa, según el sitio web de la firma, "puede prevenir los delitos dirigidos a ciudadanos, turistas, estudiantes, personas mayores, etc., antes de que ocurran". Se ha implementado en la capital de Kenia, Nairobi, así como en Maurittius, con 4.000 cámaras de video de vigilancia "inteligentes" instaladas en 2.000 sitios en toda la nación isleña del Océano Índico. Algunos medios de comunicación en Maurittius han condenado el sistema como "dictadura digital" de "Gran Hermano Beijing".

Pero el ministro de seguridad de Ghana, Albert Kan-Dapaah, por su parte, dice que la tecnología de videovigilancia de Huawei ayuda a atrapar delincuentes. "Cuando se cometió un crimen, gracias a las cámaras, trabajamos mágicamente", dice Kan-Dapaah en un video promocional para la firma china. Huawei Marine, el brazo de cable submarino de la compañía, está ayudando a desplegar un sistema de cable clave de 12,000 kilómetros (7,450 millas) que conecta África con Asia. Con Huawei tan profundamente arraigado en África, al continente le puede resultar difícil evitar convertirse en una víctima colateral de la revuelta entre China y Estados Unidos"África está atrapada en medio de una guerra comercial en la que no deberían participar, porque no tienen nada que ganar", dijo Nizard.

Este artículo fue publicado originalmente a Phys.org, haga click aquí para leer el artículo original.

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