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Así pueden los partidos y empresas analizar sus opiniones en Twitter

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Las personas expresamos continuamente nuestras opiniones y sentimientos de muchas maneras: mediante expresiones gestuales, de forma oral y también por escrito. Esta última forma ha ido adquiriendo mayor importancia debido al uso, cada vez más extendido, de las redes sociales, donde la comunicación se realiza principalmente publicando e intercambiando mensajes.

La proliferación de esta modalidad de comunicación lingüística ha generado un gran interés por los programas para procesar automáticamente textos y detectar y clasificar sentimientos y opiniones.

Para las empresas es cada vez más importante conocer la opinión que se tiene sobre sus productos y servicios, lo que se ha venido a llamar gestión de la reputación. La monitorización de la opinión ciudadana expresada en redes sociales complementa a los métodos tradicionales basados en encuestas: las redes sociales se han convertido en una fuente de fácil acceso a grandes cantidades de palabras, frases y textos que expresan opiniones de manera espontánea.

De las webs especializadas a las redes sociales


Los primeros foros donde los usuarios podían compartir opiniones fueron aquellos relacionados con las reseñas turísticas y de productos para el ocio (libros, películas, dispositivos electrónicos, etc.), como por ejemplo TripAdvisor, Booking, Amazon y los portales para cinéfilos IMDb y RottenTomatoes.

Hoy en día las las redes sociales (Facebook, YouTube, Instagram, Twitter, etc.) han ganado en popularidad a estas webs. Mientras que los foros de Tripadvisor reciben 270 contribuciones (opiniones) por minuto, se publican alrededor de 6 000 tuits por segundo en el mundo. Solo en España hay 6,4 millones de usuarios de Twitter.

El crecimiento exponencial de los datos en forma de textos escritos disponibles permite que se utilicen cada vez más las técnicas de procesamiento del lenguaje natural, basadas en inteligencia artificial. Se trata de algoritmos que analizan el lenguaje humano para detectar sentimientos y opiniones con respecto a productos, organizaciones (partidos políticos, empresas, etc.) o temas en concreto (Brexit, Unión Europea).

¿Es amor u odio?


Los sistemas que mejores resultados obtienen son los que utilizan categorías simples para clasificar los fragmentos de texto. Tienen en cuenta dos variables: la subjetividad (determinan si un texto es objetivo o subjetivo) y la polaridad (determinan la connotación o sentido de un texto).

A su vez, esta polaridad se clasifica en tres categorías según la opinión tenga carácter positivo, negativo o neutro, en base a una escala numérica (0-5). Veamos algunos ejemplos de tuits:

  1. “Nos planteamos el porqué de su estrella y nos dolió el bolsillo”.
  2. “Buen ambiente, servicio mediocre”.
  3. “@USER jajajaja la tuya y la d mucha gente seguro!! Pero yo no puedo sin mi melena me muero”.

Las frases 1 y 3 expresan sentimientos negativos. Sin embargo, no resulta fácil asignar una polaridad a la frase 2.

La gran mayoría de los primeros sistemas que analizaban sentimientos clasificaban las opiniones usando un baremo como el de las reseñas de películas. Es decir, se simplificaba la clasificación haciendo que el sistema pudiera detectar una única polaridad de la opinión (lo que valdría para las frases 1 y 3).

El texto 2, sin embargo, demuestra la necesidad de analizar el mensaje más detalladamente, ya que en realidad expresa dos opiniones: una sobre el ambiente del local (positiva) y otra sobre el servicio (negativa). Dos aspectos sobre el mismo tema que forman parte de la opinión.

Las redes sociales son espacios de opinión. Tracy Le Blanc/Pexels

Así, cada objeto o tema puede incluir diferentes aspectos. En el caso de que el tema sea restaurantes, los aspectos a tener en cuenta podrían ser el ambiente, el precio, el servicio, la calidad de la comida, etc. Mientras que si el tema es sobre cámaras de fotos, los aspectos se corresponderían, por ejemplo, con las características del dispositivo.

Finalmente, en los ejemplos anteriores se ponen de manifiesto algunas de las dificultades a las que se enfrentan los sistemas de análisis de sentimientos: por ejemplo, la expresión “nos planteamos el porqué de su estrella” no indica explícitamente la polaridad de la opinión y las expresiones idiomáticas como “doler el bolsillo” y el lenguaje informal característico de las redes sociales como Twitter (“jajaja”) suponen obstáculos adicionales para el análisis automático.

¿Depende del idioma?


Ahora bien: ¿cómo es un programa capaz de reconocer nuestros sentimientos y saber si nuestras opiniones en las redes sociales son positivas o negativas, independientemente de que escribamos en lenguaje no estándar y en diferentes idiomas?

Resumiendo, se podrían distinguir tres métodos principales para detectar y clasificar sentimientos en un idioma concreto:

  • El primero consiste en generar previamente diccionarios de palabras tipo que indican si una frase es positiva o negativa (doler, mediocre, morir, “ja”) e identificar automáticamente esas palabras en el texto a clasificar.
  • El segundo consiste en la generación manual de reglas. Una regla como “adjetivo buen + nombre” podría ser buena para detectar expresiones con polaridad positiva. Estas reglas pueden llegar a ser muy elaboradas teniendo en cuenta la complejidad que puede alcanzar la estructura sintáctica de las oraciones.
  • El tercero consiste en aplicar técnicas de aprendizaje automático sobre un conjunto de textos generados previamente para entrenar modelos de clasificación estadística. Una vez se les enseña qué es positivo y qué es negativo, pueden hacer predicciones para clasificar otras publicaciones y mensajes.

Los tres métodos se aplican a un solo idioma y los tres asumen que se va a trabajar con lenguaje correcto gramatical y ortográficamente. Esto supone que, en casos como el texto 3 (jerga de Twitter) hay que transformar las expresiones a lenguaje estándar.

¿Hasta qué punto son fiables?


Los sistemas de análisis de sentimientos se evalúan mediante métodos cuantitativos y cualitativos.

  • La evaluación cuantitativa compara automáticamente los resultados del análisis del sistema respecto a un conjunto de textos y se calcula el margen de error. Esta evaluación permite guiar el desarrollo del sistema de análisis de sentimientos para modificarlo y paliar fallos.
  • La evaluación cualitativa la realizan personas con el objetivo de valorar si el sistema proporciona información relevante y útil para una aplicación en concreto. Por ejemplo, para detectar la bajada en clientes de una cadena hotelera, la explicación de los malos resultados electorales de un partido político, entender la pérdida de suscriptores de un medio digital, etc.

Ambas evaluaciones se realizan con respecto a una colección amplia de textos (miles de ellos), ya que al valorar si el sistema ha funcionado bien solo para una frase podríamos encontrar un acierto o fallo puramente anecdótico.

El valor de los sistemas de análisis de sentimientos y opiniones reside, por tanto, en la agregación de miles o millones de mensajes y publicaciones sobre un tema específico. Y sí, son fiables. Aunque, como el resto de las tareas de procesamiento del lenguaje natural, sigan teniendo margen de mejora. Pero son ya tan fiables que desde hace años sus aplicaciones para las empresas y para las administraciones no deja de crecer.The Conversation


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Inauguran primer terminal de carga con energía solar para bicicletas eléctricas en la Región de Los Ríos

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Esta semana se inauguró la primera estación de carga para bicicletas y dispositivos eléctricos, a través de energía solar, en la ciudad de Valdivia. La iniciativa ayudará a descongestionar la Ruta T-350, camino a Niebla y beneficiará a los cerca de 200 mil habitantes de la zona, además de turistas.


El proyecto liderado por Cervecería Kunstmann, en colaboración con el Programa de Apoyo a la Inversión Productiva (IPRO) de Fomento Los Ríos – Corfo, posiciona a los cerveceros como la primera empresa no eléctrica en desarrollar una iniciativa sustentable de esta magnitud.

La actividad contó con la participación de autoridades de la zona, entre ellos, Carlos Riquelme Caro, director de Fomento Los Ríos y Armin Kunstmann, presidente y fundador de la cervecería. “Buscamos incentivar el uso de transportes alternativos con energías renovables poniendo a disposición de los vecinos, turistas y nuestros colaboradores, esta innovadora infraestructura. Queremos mejorar la calidad de vida de los valdivianos, contribuyendo a la disminución de la emisión de gases, mejorando la movilidad en la ciudad y promoviendo la construcción de ciclovías”, indicó Armin Kunstmann.

La electromovilidad es una tendencia internacional a la que Chile se sumó en los últimos años, posicionándose como uno de los líderes mundiales en reutilización de energías. “Se está invirtiendo en buses, autos, scooters y bicicletas eléctricas, hoy impulsadas en Valdivia; demostrando que nuestra ciudad es amigable con el medio ambiente. Apoyamos este tipo de iniciativas ya que van en línea con nuestra motivación, ser un motor de cambio en la región”, agregó Riquelme, director de Fomento Los Ríos.

El terminal está ubicado en las inmediaciones de la fábrica y restaurant de los cerveceros, en el sector de Torobayo, donde se puede recargar bicicletas eléctricas, celulares y objetos electrónicos de bajo consumo. Incluye doce paneles solares con batería de litio, que almacenan una energía de 7.200 watts/hora. El proyecto, que contó con una inversión total de $25 millones, es de uso público y no tendrá costos asociados a su utilización.

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El despliegue de las redes 5G, o la geopolítica digital

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Conseguir conexiones a internet rápidas y fiables constituye ya un objetivo prioritario para cualquier país que quiera no perder el tren de la nueva economía digital. Esta conectividad es ya un factor de competitividad clave para la economía de los estados, al igual que lo han sido en el pasado otras infraestructuras no digitales como las de energía o las de transporte.

La propia UE lo ha entendido así y, por eso, ha incluido entre sus metas el despliegue adecuado, rápido y fiable de las redes de comunicación 5G. Según sus planes, en 2020 todos los países miembros deberán disponer de, al menos, una ciudad principal con 5G disponible comercialmente y en 2025 el despliegue deberá ser total.

Las inversiones que requiere esta nueva red suponen, según la Comisión Europea, 910 000 millones de euros adicionales al PIB de la Unión y la creación de 1,3 millones de puestos de trabajo. Sin este esfuerzo inversor no se logrará un mercado único digital y Europa quedaría por detrás de EE. UU. y China en la carrera por el dominio tecnológico mundial.

Ahora bien, si es tan importante no perder esa carrera, cabe plantearse qué hace tan relevante desde el punto de vista geopolítico una cuestión aparentemente, y en puridad, solo tecnológica. La conectividad 5G no es simplemente una mejora de lo ya existente como en su día supuso el paso del 3G al 4G. Es un cambio profundo en la conectividad que va a permitir, entre otras cosas, un tiempo de respuesta de la red de un milisegundo y una velocidad de conexión 100 veces más rápida que la actual red 4G, además de un ahorro de energía del 90% respecto a los sistemas actuales.

Un impulso económico transversal


Esa velocidad y fiabilidad de la conexión va a ser, como afirma el Plan Nacional 5G aprobado por el Gobierno de España en 2018, una pieza clave en la transformación digital de la sociedad y la economía, ya que el pleno desarrollo del internet de las cosas, la conducción autónoma, la impresión 3D, la industria 4.0, la telemedicina, el uso masivo del big data, la robótica avanzada o la realidad virtual, entre otras realidades, se soportará sobre la base del 5G.

Se espera que el despliegue alcance su madurez tecnológica y comercial a partir de 2020 y que su impacto mejore la productividad, la eficiencia y la eficacia de empresas y administraciones públicas logrando un efecto de impulso económico transversal sobre el conjunto de la economía.

El modelo elegido en la mayoría de los países para su implementación consiste en permitir que los operadores celebren acuerdos voluntarios entre ellos para la distribución, colocación y uso compartido de las costosas infraestructuras, casi siempre sobre la base de un operador dominante que permite utilizar sus recursos a los demás operadores sobre la base de acuerdos y compensaciones.

Es necesaria una gran inversión que deberá ser costeada por las empresas privadas de telecomunicaciones que asuman ese reto. Y ello porque es necesario desplegar infraestructura adicional a la ya desplegada con el 4G: más fibra e instalar miles de small cells cada centenar de metros para cubrir todo el territorio. Además, las administraciones públicas deberán asegurar una correcta gestión del espectro radioeléctrico, que es de dominio público, con el objeto de liberar ancho de banda.

El ring geopolítico del 5G


Pero lo que está en juego es algo más que una correcta utilización de las oportunidades que ofrece la tecnología. También está en juego la preponderancia tecnológica. Así lo han entendido en los últimos años Estados Unidos y China, ambos metidos de lleno en una carrera para lograr la supremacía tecnológica: la prevalencia de las tecnologías y sistemas otorga a aquel que logra esa posición una ventaja competitiva indudable a la hora de poder imponer sus intereses geopolíticos, económicos, comerciales o incluso culturales.

El 5G también se ha convertido en arena conflictiva en el que ambas potencias compiten en una guerra comercial, utilizando en ocasiones razones de seguridad nacional que, probablemente, también incluyen una buena dosis de protección a empresas nacionales y disputa por la imposición de la tecnología propia. No es de extrañar que esa disputa se haya agudizado en el último año porque es mucho lo que está en juego. Forma parte del conflicto abierto más amplio e importante relativo a los microchips, que son críticos para todos los sistemas, aunque especialmente relevantes para la industria de seguridad y defensa.

En el ámbito del despliegue de las redes 5G va a tener una especial relevancia la fabricación de las small cells, que van a ser parte importante de la arquitectura del sistema. Son cinco los fabricantes principales de estos elementos: Nokia, Ericsson, Samsung, Huawei y ZTE, las dos últimas empresas chinas. Esa es la razón por la que la utilización de tecnología de estas dos compañías ha producido enfrentamientos entre EE. UU. y China.

Ya en 2012, la Comisión de Inteligencia del Congreso de los Estados Unidos avisó que tanto ZTE como Huawei podrían ser una amenaza para la seguridad nacional. Estas disputas geopolíticas se refieren sobre todo a la posibilidad de que fabricantes chinos introduzcan en sus productos dispositivos que permitan el envío de información de forma encubierta o que, sencillamente, puedan escapar al control del operador de esos equipos poniendo en peligro la seguridad, integridad o confidencialidad de los sistemas.

La seguridad nacional también está implicada para el resto de países y no solo para esas superpotencias, ya que la dependencia tecnológica o la opción por unos u otros sistemas pueden ser opciones estratégicas que condicionen su futuro desarrollo.

Una manifestación de esa preocupación sería, por ejemplo, la prohibición por parte del Gobierno de Nueva Zelanda dirigida a un operador de redes de telecomunicaciones, Spark, sobre la utilización de sistemas de Huawei para el despliegue de su red 5G. El Ejecutivo sigue así los pasos de Australia y Estados Unidos, que ya impiden que el equipamiento de ese fabricante se integre en sus redes de comunicaciones.

Recientemente, Alemania se ha unido a este veto a la tecnología china para el despliegue de las redes 5G alegando razones de ciberseguridad. Por ello, China afirma que Estados Unidos están presionando a sus aliados para que tomen partido en esta nueva guerra tecnológica.

La ciberseguridad, una preocupación global

Los aspectos relativos a la ciberseguridad de redes y sistemas son esenciales para asegurar el desarrollo de la economía mundial. En su informe sobre riesgos globales, el Foro Económico Mundial de Davos de 2019 señaló los ciberataques como la amenaza más probable solo por detrás de los eventos climatológicos extremos, de los desastres naturales y el robo masivo de datos. No obstante, lo que no parece serio es restringir las libertades económicas que amparan el libre comercio mundial sin motivos sólidos, fundados y no apriorísticamente determinados por categorías completas de empresas según la nacionalidad.

Existen serias sospechas sobre el cumplimiento de las normativas sobre privacidad o propiedad industrial de algunos fabricantes, así como el temor con base en hechos constatados, de que esa tecnología disponga de puertas traseras. Dado que cabe la sospecha de que algunas de esas prevenciones sean reforzadas por razones comerciales o económicas, no se puede por menos que insistir en la necesidad de que los estados estén presentes a la hora de determinar cuáles son los estándares y los requisitos a cumplir a la hora de asegurar ese nivel adecuado de ciberseguridad.

En este sentido, es especialmente útil la realización de auditorías de ciberseguridad sobre todos los nuevos elementos que se incorporen a las redes. Han de estar libres de toda sospecha tras el correspondiente examen, análisis y certificación por autoridades públicas competentes en la materia. La tecnología que se va a emplear por las empresas a la hora de desplegar esas redes 5G, venga de donde venga, debe ser fiable en la medida de lo posible.


Una versión de este artículo fue recogida originalmente en la publicación CIBER Elcano del Real Instituto Elcano, colaborador de contenido de The Conversation España.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Huawei busca aliados en Africa frente al bloqueo de Estados Unidos

Michel Nahas Miranda

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Phys.org

Mientras EE.UU. encabeza una campaña para que occidente rechace a Huawei por temores de seguridad, el gigante tecnológico chino ha tratado de fortalecer su posición en África, donde ya está bien establecido. Huawei ha asumido un papel de liderazgo en el desarrollo de redes de teléfonos móviles 5G de próxima generación en todo el mundo. Pero ha estado en crisis desde que Washington cobró que su equipo podría servir como un caballo de Troya para los servicios de inteligencia chinos.


El segundo marcador de teléfonos inteligentes del mundo niega con fuerza las acusaciones, pero EE. UU. Ha instado a los países a evitarlo y varias empresas se han distanciado. Incluyen Google, cuyo sistema operativo Android funciona con la mayoría de los teléfonos inteligentes. Y mientras Washington y Beijing se enfrentan en una escalada de la guerra comercial, las naciones de todo el mundo se enfrentan al dilema de tener que elegir un lado entre las dos principales economías del mundo.

El presidente ruso, Vladimir Putin, intervino el viernes, rechazando el intento de Washington de "empujar sin ceremonias" a Huawei fuera del mercado global. A principios de semana, el gigante ruso de telecomunicaciones MTS firmó un acuerdo con Huawei para desarrollar una red 5G en el país. El presidente chino, Xi Jinping, invitado de Putin en un foro económico en San Petersburgo, dijo que China está "lista para compartir invenciones tecnológicas con todos los socios, en particular la tecnología 5G".

¿Pero la escalada de la lucha llevará a que las naciones africanas tengan que elegir entre China, el principal socio comercial del continente, y los Estados Unidos? "Para los países africanos, esta guerra comercial puede terminar como una opción binaria. Será muy difícil para África simplemente ignorarla", dijo Aly-Khan Satchu, un analista económico independiente con sede en Nairobi. 'Estrategia muy agresiva' Huawei, ahora un factor importante en las tensiones entre Estados Unidos y China, buscó fortalecer sus lazos en África, y la semana pasada firmó un acuerdo para reforzar su cooperación con la Unión Africana. "Esta fue una manera de demostrar que Huawei todavía está presente en África y que quieren seguir siendo un jugador importante al posicionarse en este sector de crecimiento tan importante", dijo Ruben Nizard, economista y especialista en África subsahariana en el departamento financiero francés. Empresa de servicios Coface.

El acuerdo se produce después de que el periódico francés Le Monde informara en 2018 que China había espiado la sede de la UA en la capital etíope de Addis Abeba, citando fuentes dentro de la organización. El informe dijo que el espionaje comenzó en 2012 después de la finalización de la nueva sede de la UA que fue financiada por China, y solo se notó cuando los técnicos descubrieron que los datos de los servidores del edificio se estaban enviando a Shanghai. Tanto China como la UA rechazan las acusaciones.

Huawei se ha establecido en toda África desde su lanzamiento en Kenia en 1998, y ahora opera en 40 países, proporcionando redes 4G a más de la mitad del continente. También presentará 5G, la red de telefonía móvil de próxima generación que transmitirá datos a velocidades mucho mayores, en Egipto para la Copa Africana de Naciones, que se llevará a cabo del 21 de junio al 19 de julio "África es un mercado que Huawei había identificado y que conquistaron gracias a una estrategia muy agresiva basada en el financiamiento barato y la velocidad de ejecución", dijo Satchu a AFP.

"El hecho de que Huawei haya equipado a la UA lo dice todo", agregó. La presencia de Huawei en África va más allá de vender teléfonos inteligentes y construir redes móviles. En Sudáfrica, proporciona capacitación en las principales universidades del país, y este año se lanza un curso especializado en 5G. El gobierno de Kenia firmó un acuerdo de 17.5 billones de chelines (172 millones de dólares) con Huawei en abril para construir un centro de datos y servicios de "ciudad inteligente".

El gigante chino también ofrece un programa de vigilancia de "ciudad segura". Esta iniciativa, según el sitio web de la firma, "puede prevenir los delitos dirigidos a ciudadanos, turistas, estudiantes, personas mayores, etc., antes de que ocurran". Se ha implementado en la capital de Kenia, Nairobi, así como en Maurittius, con 4.000 cámaras de video de vigilancia "inteligentes" instaladas en 2.000 sitios en toda la nación isleña del Océano Índico. Algunos medios de comunicación en Maurittius han condenado el sistema como "dictadura digital" de "Gran Hermano Beijing".

Pero el ministro de seguridad de Ghana, Albert Kan-Dapaah, por su parte, dice que la tecnología de videovigilancia de Huawei ayuda a atrapar delincuentes. "Cuando se cometió un crimen, gracias a las cámaras, trabajamos mágicamente", dice Kan-Dapaah en un video promocional para la firma china. Huawei Marine, el brazo de cable submarino de la compañía, está ayudando a desplegar un sistema de cable clave de 12,000 kilómetros (7,450 millas) que conecta África con Asia. Con Huawei tan profundamente arraigado en África, al continente le puede resultar difícil evitar convertirse en una víctima colateral de la revuelta entre China y Estados Unidos"África está atrapada en medio de una guerra comercial en la que no deberían participar, porque no tienen nada que ganar", dijo Nizard.

Este artículo fue publicado originalmente a Phys.org, haga click aquí para leer el artículo original.

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