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Columna de Opinión

Voto secreto: ¿derecho u obligación?

En la Unión Europea es generalmente obligatorio pasar individualmente por la cabina de votación. En Croacia, España, Hungría o Letonia es solamente una posibilidad. ¿Es irrelevante esta diferencia?

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¿Para qué sirven las cabinas de votación? En España parece que están de adorno, que solamente son para los despistados o para quienes han olvidado el sobre electoral en casa. Son muy pocos los que pasan por allí. Otros países, en cambio, obligan a los electores a pasar por ellas antes de depositar el voto. De hecho, en toda la Unión Europea, España es de los pocos países en los que no es obligatorio. ¿Ganas de molestar y hacer perder el tiempo? Evidentemente esta obligación tiene su razón de ser.

La mera posibilidad de que alguien pueda saber a qué partido se prefiere, o que el sistema electoral no preserve al cien por cien el secreto del voto, puede hacer cambiar la decisión del elector. Efectivamente, éste puede cambiar su voto para agradar a la persona u órgano que sabe o puede saber fácilmente el contenido del voto. De hecho, cuando esto sucede es porque el elector percibe que si no se opta por la opción que “agrada”, puede tener consecuencias negativas para su vida pública, profesional o incluso personal.

La incomodidad de saber


Piénsese por ejemplo que en el ámbito familiar, el hecho de evitar discusiones puede condicionar la emisión del voto. O en entornos profesionales, en los que por diversas circunstancias las preferencias políticas puede determinar un ascenso. Asimismo, en contextos muy polarizados políticamente por concurrir circunstancias muy excepcionales, puede resultar incómodo y disuasorio que simplemente un vecino o vecina conozca tu opción política, como en Cataluña en la actualidad. Los riesgos de un voto no del todo secreto son evidentes igualmente en caso de violencia o terrorismo. Por ejemplo, hasta hace no mucho la presión podía ser considerable en algunos municipios de Euskadi.

En definitiva, el sistema electoral tiene que garantizar que la información sobre el partido al que se vota forme parte de la privacidad de una persona, al igual que su ideología, creencias religiosas, orientación sexual, etc. En este sentido, nuestra Constitución exige que el sufragio sea “libre, directo y secreto”. Es decir, la decisión de votar a un partido debe ser fruto de una decisión estrictamente personal no forzada por ninguna fuerza o poder del Estado, ni por una empresa o institución, ni por personas con las que se mantienen vínculos personales estrechos (“libre”).

Voto directo y secreto


Por esto mismo el voto debe ser “directo”, esto es, no puede ejercerse a través de representante al objeto de que éste no influya en la decisión del representado. Y por supuesto, no hay libre formación de la voluntad ni un libre ejercicio del derecho al voto si éste no es secreto; esto es, si tanto los distintos poderes, organizaciones o instituciones del Estado, así como si otros entes privados e incluso otros particulares, conocen o pueden conocer o identificar de una forma sencilla cuál ha sido la opción elegida por la persona que vota. Es el modo de garantizar que la voluntad real coincide con la manifestada en la urna.

¿Pero garantiza nuestra normativa ese voto “secreto” que exige la Constitución? Dado que en virtud de esta legislación, los partidos envían las papeletas y sobres oficiales (no siempre de la misma tonalidad y por ello a veces identificables) al domicilio de los ciudadanos, la mayoría de las personas acuden al colegio electoral sin pasar por la cabina. Incluso es más frecuente utilizar las papeletas existentes en el propio colegio que están a la vista del público, fuera de la cabina electoral, que pasar por ella. En este contexto, es difícil superar la presión familiar o de un colectivo cuando se acude a votar al colegio precisamente en familia (parejas, hijos) o en colectivo, puesto que resultaría sospechoso para quien ejerce la presión que la persona se retirase a la cabina.

Qué pasa en Europa


En cambio, en la gran mayoría de los países de la Unión Europea, no solamente el voto es secreto, sino que el secreto del voto es una obligación. Esta obligación ofrece a cada votante un momento privado, en un sitio donde nadie le puede presionar y evita que quien pueda hacerlo obtenga indicios de si se han seguido o no sus indicaciones. Si no existe esta obligación, como sucede en España, Hungría o Croacia, la responsabilidad de garantizar el secreto del voto incumbe al propio votante, y ejercerla ante quienes le están presionando resulta ya sospechoso frente a ellos.

Algunos pensadores como Alexis de Tocqueville, John Stuart Mill o Rudolf von Gneist han defendido el voto público. Sería sin duda lo más eficiente en un escenario de democracia ideal, en el que todas las personas aceptáramos las opiniones del resto hasta el punto de que éstas no fueran a influir en nuestras relaciones personales o públicas y por ello nadie tuviera miedo o presión alguna a manifestarla. Lamentablemente, a día de hoy, estamos muy lejos de ese escenario.The Conversation


Annick Laruelle, Profesora IKERBASQUE de Fundamentos del Análisis Económico, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Aitor Zurimendi Isla, Catedrático de Derecho Mercantil, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.


Columna de Opinión

Aires de Cambio

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Quienes pasamos los 40, recordamos vivamente aquellos días de invierno en que el aire de Santiago era simplemente irrespirable y no pocas veces había que quedarse en la casa para evitar las enfermedades respiratorias. Aunque desde hace décadas se han implementado numerosas medidas, desde la restricción vehicular hasta la prohibición del uso de la leña, hasta el presente parece ser un problema insoluble.

No es casual que la mayor preocupación ambiental para los chilenos sea la contaminación del aire.  La percepción de los chilenos es confirmada por informes internacionales, que ubican a nueve comunas chilenas entre las diez ciudades sudamericanas más contaminadas.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en Chile mueren seis mil personas al año por contaminación ambiental, mientras que a nivel mundial el 92% de los habitantes no respira aire limpio, pereciendo por esta causa más de siete millones de personas en el mundo entero. De esta cifra, 300 mil decesos se producen en el continente americano y casi cuatro millones en la región de Asia y el Pacífico.

Por esta razón, este año el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada 5 de junio desde 1972, estará dedicado a la lucha contra la contaminación del aire y China será el anfitrión global de este evento. Según ONU Medio Ambiente, China se ha convertido en un nuevo líder de la acción climática, por su alto y sostenido crecimiento en energías renovables y movilidad eléctrica.

En un año clave para las decisiones mundiales frente al cambio climático, el Día del Medio Ambiente es una oportunidad propicia para que nosotros, los ciudadanos, impulsemos a los gobiernos y a la industria a dar una respuesta más rápida y efectiva a esta emergencia global, especialmente teniendo en cuenta que la contaminación del aire es generada, entre otras fuentes, por el uso de combustibles fósiles, incidiendo directamente en el cambio climático y haciendo a nuestro país más vulnerable a sus efectos adversos.

En el caso de Chile, la principal fuente de contaminación del aire en las ciudades del centro sur del país es la calefacción de las viviendas por leña, particularmente por el uso de leña húmeda,  a lo que se suman las emisiones del sector transporte y las actividades industriales, lo que nos ha posicionado en el podio del triste ranking de las ciudades con mayor polución atmosférica de Sudamérica.

Si bien se han desplegado esfuerzos y distintos instrumentos del Estado para hacer frente al problema, el avance ha sido lento e insuficiente. Chile aún no cumple con los estándares establecidos en las normas de calidad primaria y secundaria vigentes. La calidad del aire continúa siendo un serio problema en el Gran Santiago, pero en Osorno, Coyhaique y Valdivia, la contaminación en el período invernal alcanza niveles insostenibles.

Es por eso que la próxima COP 25 representa una gran oportunidad no sólo para visibilizar los problemas ambientales que nos aquejan, sino también para lograr mayor conciencia ciudadana en torno a los cambios que cada uno de nosotros debe hacer para mejorar el aire que respiramos y, de paso, reducir el avance del calentamiento global.

Es también una gran oportunidad para potenciar las inversiones que nos permitan tener acceso a combustibles más limpios y a precios accesibles, de manera de avanzar en la protección del entorno y la salud  de nuestra población.

Desde que Chile inició su camino al desarrollo, respirar aire limpio se comenzó a volver un lujo y un recuerdo remoto de tiempos, ambientalmente, mejores que pareciera que no volverán. Pero entre el acostumbramiento a las nuevas condiciones atmosféricas y nuestro pesimismo endémico, algunas buenas noticias como el Plan de Descarbonización de la matriz energética, anunciado esta semana por el presidente Piñera, parecen mostrar una luz al fin del túnel.

Respirar aire limpio es un derecho esencial. Un derecho entre los más básicos que asisten a las personas y del cual, por obvio que parezca, no nos podemos olvidar.

Porque las cosas que damos por descontado, por sabidas se callan y por calladas se olvidan.


Giovanni Calderón Bassi - Director Ejecutivo, Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático

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¿Deberíamos convertir el desierto del Sahara en una inmensa planta solar?

El inmenso desierto del Sahara podría producir más de siete veces las necesidades de electricidad de Europa, con casi ninguna emisión de carbono.

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Siempre que visito el Sáhara me sorprende lo soleado y caluroso que es, y lo despejado que puede llegar a estar el cielo. Aparte de unos pocos oasis, hay poca vegetación, y la mayor parte del desierto más grande del mundo está cubierta de rocas, arena y dunas. El sol saharaui es bastante intenso para proveer a la Tierra de una energía solar considerable.

Las estadísticas son sorprendentes. Si el desierto fuera un país, podría ser el quinto más grande en el mundo -es más grande que Brasil y ligeramente más pequeño que China y los Estados Unidos.

Según estimaciones de la NASA, cada metro cuadrado recibe entre 2.000 y 3.000 kilovatios/hora de energía solar al año. Dado que el Sáhara tiene una superficie de alrededor de 9 millones de km², esto significa que la energía total disponible –es decir, si cada centímetro del desierto absorbiera cada gota de energía solar– es de más de 22.000 millones de gigavatios hora (GwH) al año.

Se trata de una cifra que requiere contexto: significa que un hipotético parque solar que cubriera el desierto entero produciría 2.000 veces más energía que las centrales más grandes del mundo, que tan solo generan 100.000 GWh al año. De hecho, la producción sería equivalente a más de 36.000 millones de barriles de petróleo al día, es decir, alrededor de cinco barriles por persona al día. En este supuesto, el Sáhara podría producir potencialmente más de siete veces las necesidades de electricidad de Europa, con casi ninguna emisión de carbono.

Irradiación horizontal global, una medida de la cantidad de energía solar recibida por año.Global Solar Atlas / World Bank

Además, el Sáhara también tiene la ventaja de estar muy cerca de Europa. La distancia más corta entre el norte de África y Europa es de sólo 15 km en el estrecho de Gibraltar. Pero, incluso si la distancia fuera mayor, a través de la parte más ancha del Mediterráneo, también sería posible transportar energía. Después de todo, el cable submarino más grande del mundo recorre cerca de 600 km entre Noruega y los Países Bajos.

Durante la última década, los científicos (incluidos mis compañeros y yo) hemos investigado cómo la energía solar del desierto podría satisfacer la creciente demanda local de energía, y finalmente, abastecer a Europa también, y cómo podría funcionar en la práctica. Y estas ideas académicas se han materializado en planes rigurosos.

El principal intento fue Desertec, un proyecto anunciado en 2009 que rápidamente adquirió una cantidad significativa de fondos de varios bancos y empresas de energía antes de colapsar cuando la mayoría de los inversores se retiraron cinco años más tarde, alegando altos costes. Estos proyectos se encuentran retenidos por una serie de factores políticos, comerciales y sociales, incluida la falta de un desarrollo en la región.

El planeta Tatooine de La Guerra de las Galaxias fue filmado en el sur de Túnez.Amin Al-Habaibeh, Author provided

Entre las propuestas más recientes se encuentran el proyecto TuNur en Túnez, cuyo objetivo es suministrar energía a más de 2 millones de hogares europeos, o la central solar Noor Complex en Marruecos, que también pretende exportar energía a Europa.

En estos momentos existen dos tecnologías concretas para la generación de electricidad solar en este contexto: la energía solar por concentración (CSP) y los paneles solares fotovoltaicos convencionales. Cada uno tiene sus ventajas y desventajas.

Solar concentrada


La energía solar concentrada utiliza lentes o espejos para enfocar la energía del sol en un solo punto, que se vuelve muy caliente. Este calor genera electricidad a través de turbinas de vapor convencionales. Algunos sistemas utilizan sal fundida para almacenar energía, lo que permite que también se produzca electricidad por la noche.

Planta solar de concentración cerca de Sevilla, España. Los espejos enfocan la energía del sol hacia la torre del centro.Novikov Aleksey / shutterstock

La CSP parece ser la más adecuada para el Sáhara debido al sol directo, la falta de nubes y las altas temperaturas, lo que la hace mucho más eficiente. Sin embargo, las lentes y los espejos podrían quedar cubiertos por las tormentas de arena, y la turbina y los sistemas de calefacción de vapor siguen siendo tecnologías complejas. Pero el inconveniente más importante de esta tecnología es que haría uso de unos recursos hidráulicos que en el desierto resultan escasos.

Solar fotovoltaica


Los paneles solares fotovoltaicos, en cambio, convierten la energía del sol en electricidad utilizando directamente semiconductores. Es el tipo más común de energía solar, ya que puede conectarse a la red eléctrica o distribuirse para su uso a pequeña escala en edificios individuales. Además, proporciona un rendimiento razonable cuando el cielo está nublado.

Pero una de sus desventajas es que cuando los paneles se calientan demasiado su eficiencia disminuye. Esto no es recomendable en una parte del mundo donde las temperaturas estivales pueden superar fácilmente los 45°C a la sombra. Hay que tener en cuenta que la demanda de energía para el aire acondicionado es mayor durante las horas más calurosas del día. Otro problema es que las tormentas de arena podrían cubrir los paneles, reduciendo aún más su eficiencia.

Ambas tecnologías necesitan determinada cantidad de agua para limpiar los espejos y los paneles, lo que hace que el agua sea un factor importante a tener en cuenta. La mayoría de los investigadores sugiere integrar las dos tecnologías y desarrollar un sistema híbrido.

Una pequeña parte del Sáhara podría producir tanta energía como la que produce actualmente todo el continente africano. A medida que la tecnología solar vaya mejorando, la producción será más barata y eficiente. El Sahara puede ser inhóspito para la mayoría de las plantas y animales, pero podría producir energía sostenible para mantener vivo todo el norte de África y más allá.


Artículo traducido con la colaboración de Casa África por Daniela Magdaleno y Eduardo Puche.The Conversation


Amin Al-Habaibeh, Professor of Intelligent Engineering Systems, Nottingham Trent University

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.

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Opinión: La utilidad del voto en blanco

A pesar de que no favorece en principio a ningún partido, se considera válido. Y los votos válidos sirven para determinar el umbral mínimo de votos que ha de conseguir un partido para entrar en el reparto de escaños. En el caso de las elecciones generales, el 3%.

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En época de elecciones se insiste mucho en la utilidad del voto. Los candidatos de los partidos políticos importantes apelan al denominado “voto útil” para atraer el voto de los indecisos. Justifican sus argumentos indicando que es bueno que el voto que se emite, o bien se sume a la mayoría o bien limite la capacidad del partido que va a ganar haciendo que la oposición sea más fuerte.

Dentro de las opciones de voto que se presentan en España, aparte de los diferentes partidos que participan con sus listas cerradas, existen tres posibilidades: emitir un voto nulo, votar en blanco o, simplemente, no asistir a votar, en cuyo caso aumenta el porcentaje de abstención.

Abstención


El porcentaje medio de abstención en las elecciones generales al Congreso en España se sitúa en el 27,4% (línea horizontal en la Figura 1). Sin embargo, la tendencia que muestra dicho porcentaje es creciente desde 2004, y en los tres últimos comicios ha superado el 30%, llegando en 2016 al 33,5%, la cifra más alta de abstención en nuestro período de democracia actual.

Figura 1.
Elaboración propia a partir de Las Elecciones Generales en España 1977-2016

Nulo


El voto nulo es aquel que se deposita en la urna con alguna incorrección. Puede incluirse una papeleta que no es oficial o que se ha modificado de alguna manera, con alguna tachadura o inscripción no permitida. También son nulos los votos en los que hay dos papeletas de diferente partido. Sin embargo, un sobre que contenga más de una papeleta del mismo partido se considera válido y ese voto se asigna a dicho partido.

En España el porcentaje medio de votos nulos es del 1,05% (línea horizontal en la Figura 2). Lo importante del voto nulo es que no se tiene en cuenta a la hora de realizar los recuentos. Un voto nulo es un voto inútil, en el sentido de que no tiene ninguna importancia a la hora de asignar cada escaño a un partido.

Figura 2.Elaboración propia a partir de Las Elecciones Generales en España 1977-2016

Blanco


Se considera voto en blanco al que se emite de tal manera que el sobre que se deposita en la urna está vacío. En las elecciones generales al Congreso en España, el voto en blanco ha representado un promedio de 0,86% de los votos emitidos (línea horizontal en la Figura 3). Durante el período entre 1996 y 2011 se observaron altos índices de voto en blanco (llegando al 1,58% en 2000 y 2004), aunque en los dos últimos comicios este porcentaje se ha situado en torno al 0,75%.

Figura 3.Elaboración propia a partir de Las Elecciones Generales en España 1977-2016

Figura 3.Elaboración propia a partir de Las Elecciones Generales en España 1977-2016

A pesar de que el voto en blanco no favorece en principio a ningún partido, se considera como un voto válido.

La importancia de los votos válidos es que sirven para determinar el umbral mínimo de votos que ha de conseguir un partido para entrar en el reparto de escaños. En el caso de las elecciones generales al Congreso, este umbral es del 3%.

El 3% de votos


Si en una población aumenta el voto en blanco, esto hace que los partidos menos votados tengan más dificultad en alcanzar el 3% de votos necesarios para entrar en el reparto de escaños. Veamos varios ejemplos:

  • Consideremos una población de 1.000 personas, con un porcentaje del 20% de abstención y un 2% de voto en blanco. Eso quiere decir que hay 800 votos válidos, y que por tanto el número mínimo de votos que tiene que obtener un partido para participar en el reparto de escaños es de 24.
  • Supongamos, en primer lugar, que la mitad de los que se abstienen deciden votar en blanco, y se mantiene el mismo porcentaje de voto en blanco. Entonces habría 900 votos válidos y sería 27 el número mínimo de votos para poder optar a tener representación en la cámara. Los partidos minoritarios necesitarían más votos para entrar en el reparto de escaños.
  • Supongamos, en segundo lugar, que la abstención vuelve a ser del 20% pero que, en este caso, el voto en blanco llega al 10%. Entonces habría de nuevo 800 votos válidos, y el número de votos para participar en el reparto de escaños sería, de nuevo, de 24. La diferencia, en este supuesto, es que ahora sólo se han emitido 700 votos entre las diferentes candidaturas. Esto dificulta el acceso al reparto de escaños a los partidos minoritarios.

Como se puede apreciar, si el voto en blanco procede de los abstencionistas puede ser útil para aumentar el número de votos necesarios para entrar en el reparto de escaños, lo cual perjudica a los partidos minoritarios. Por otra parte, si el voto en blanco procede de los votantes habituales, sirve también para reducir las opciones de entrar en la cámara a los partidos que menos votos reciben.The Conversation


Luis Felipe Rivera Galicia, Profesor Titular de Universidad. Métodos Cuantitativos para la Economía y la Empresa, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.


 

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