Contra toda autoridad
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Columna de Opinión

Contra toda autoridad

Constanza Mena

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Estudiantes contra las fuerzas de seguridad de orden público, han sido tema de conversación desde que las revoluciones estudiantiles han tenido un mayor protagonismo en occidente. Diversas fotografías han recorrido el mundo, mostrando los diversos actos de violencia que se han llevado a cabo desde ambos bandos de la disputa, presentando a los policías y estudiantes como eternos rivales. Acaso, ¿no es algo icónico al recordar el mayo francés de 1968, cuando miles de estudiantes salieron a protestar a las calles por la educación? ¿O a la propia revolución pingüina ocurrida en Chile?

Las demandas mutan, los uniformados jubilan, y las generaciones cambian, pero el problema sigue discutiéndose como la primera vez que se presenció. Las opiniones están divididas en cuanto a la forma correcta de actuar en estos casos, por un lado se postula que existe un abuso de fuerza hacia los estudiantes, mientras que por el otro, que los estudiantes abusan de su posición y agreden sin control a la policía. Pero, ¿cuál es realmente el caso? y ¿la solución?

El problema es más profundo de lo que aparenta. No es simplemente el uso de violencia de un estudiante contra un carabinero, en el caso de Chile, que lo está “reprimiendo”,  sino que es algo que va mucho más allá. Es el uso de violencia contra la autoridad, y a la vez contra todo lo que esta representa para los jóvenes que se encuentran comprometidos con una causa.

El Chile reciente


En los casos ocurridos el pasado mes en el Liceo de Aplicación, cinco carabineros resultaron heridos con bombas molotov y objetos contundente en uno de los tantos días de enfrentamientos. Es importante nombrar las formas de agresión, porque son clave para entender que no sucedieron en contexto de legítima defensa, sino que en un contexto de profunda rabia.

Incontables casos como el mencionado anteriormente han ocurrido lo largo de los años, pero pareciese que últimamente van subiendo cada vez más de tono. Lo que significa que algo ha cambiado en las generaciones estudiantiles frente a la figura de Carabineros como institución, y que existe menos miedo por parte de los jóvenes frente a posibles represalias.

Existen dos grandes motivos, desde mi punto de vista, para explicar lo ocurrido. Por una parte, la gran degradación que ha sufrido frente a los ojos de la población, la institución de Carabineros como tal, y la perdida de confianza y de respeto que ha venido en consecuencia. Por otra parte, lo mencionado anteriormente, que tiene que ver con la situación de rabia en la que se encuentran los estudiantes frente a la autoridad.

Un problema de interés


No estoy legitimando el uso de la violencia para conseguir los ideales que se tengan, pero sí estoy dando paso a una conversación que indaga en un problema más profundo del que se cree. No creo que estemos frente a niños malcriados que no tienen consciencia de sus acciones, y que solo quieren cometer vandalismo, sino que estamos frente a una generación enojada, que tacha de culpables a todo un Estado.

Sí, utilizo la palabra Estado en consciencia de que me refiero a toda una sociedad de ciudadanos chilenos. Porque me parece que desde la perspectiva estudiantil, hay un sentimiento de desolación, un sentimiento de que les han fallado. Y con esto no estoy pensando en una solución utópica en la que el Gobierno,

El gran problema de los jóvenes en estos momentos, es que sienten que sus peticiones no están siendo escuchadas realmente, que no existe un interés real por llegar a un consenso, sino que existe un interés porque dejen de causar “problemas” y que las soluciones solamente se toman en base a eso. ¿Avalo los actos de violencia contra carabineros? No. Pero sí creo que la culpa va más allá de los jóvenes y que se debe pensar en medidas diferentes a las que se han presentado, y que estas no debiesen ir enfocadas precisamente en “calmar” a los estudiantes.

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