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Los pirómanos no son la causa de los grandes incendios forestales

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Los incendiarios no son la causa de los grandes incendios forestales. Tampoco lo son las colillas, los tendidos eléctricos, los estercoleros ni las negligencias agrícolas. Ni tan siquiera un pirómano tiene la capacidad de provocar un incendio. Estos factores solo crean la ignición. Pero un incendio no es una ignición.


Un gran incendio forestal resulta de mezclar, como en un cóctel, cuatro ingredientes: combustible (léase estructura de la vegetación), humedad, ignición y meteorología (fig. 1). Y al igual que en cualquier cóctel, aquí también resulta importante el orden, o la secuencia y escala temporal, de cada uno de estos elementos. La ignición es el penúltimo factor y, aunque imprescindible, su origen o causa es casi anecdótica y de escasa trascendencia para el problema de los grandes incendios.

Fig. 1. Sucesión de eventos que conducen a un gran incendio forestal en base a los 4 ingredientes: acumulación de combusible (1), humedad del combustible (2), ignición (3) y meteorología (4). Boer MM, Nolan RH, Resco De Dios V, Clarke H, Price OF, Bradstock RA (2017), ‘Changing weather extremes call for early warning of potential for catastrophic fire’. ‘Earth’s Future’, Author provided

¿Por qué la fuente de ignición es poco relevante?

El papel de la causa de la ignición en el desarrollo de un incendio se puede asemejar al del origen de un balón para el desarrollo de un partido de fútbol. Esto es, el resultado del partido no se verá afectado por el país de fabricación del balón, por si ha sido comprado o regalado, por su número de serie, etc. Otros factores, como la calidad de los jugadores, el campo o los árbitros son mucho más importantes para determinar el marcador.

De la misma forma, es hasta cierto punto indiferente si la causa de la ignición es una colilla o un rayo: siempre se producirán igniciones, sean de la índole que sean, y centrándonos en ellas no lograremos frenar los grandes incendios forestales. Esto es porque los otros tres ingredientes antes comentados son mucho más importantes para determinar la incidencia de los grandes incendios forestales. Pasamos a examinarlos uno a uno.

Ingrediente 1: combustible

El primer ingrediente es la cantidad de combustible. Los incendios son raros, por ejemplo, en desiertos como los de Monegros o Tabernas. Cuando ahí se produce una ignición, ésta no suele prosperar, ya que la energía liberada por la poca vegetación existente no sería suficiente para propagar el incendio.

Sin embargo, nuestros matorrales y bosques, sean mediterráneos o atlánticos, albergan acumulaciones notables de combustible. Cualquier frente de llama de más de 3 m de altura está más allá de la capacidad de extinción. Por tanto, la acumulación de combustible y su estructura, principalmente en el sotobosque, es uno de los elementos centrales que determina el potencial para que un incendio arda con gran intensidad, más allá de la capacidad de extinción, y se convierta en un gran incendio forestal.

Ingrediente 2: humedad

Acumulaciones importantes de combustible son necesarias, pero no suficientes para que se dé un gran incendio. El combustible durante la parte lluviosa del año no está disponible para el fuego. El combustible va perdiendo humedad durante las épocas secas y, a partir de un valor determinado de sequía, cruza un umbral de disponibilidad que convierte las masas forestales en combustible inflamable.

Cabe destacar que no nos estamos refiriendo a la humedad de las plantas, si no al de las ramas, hojas y demás materia muerta que se encuentra en la superficie del suelo: la hojarasca (fig. 2). De la misma forma que para encender una chimenea necesitamos ramillas, cáscaras de nuez u otros combustibles finos y secos, la propagación inicial del incendio está íntimamente ligada a la humedad de la hojarasca.

Fig. 2. Humedad de la hojarasca el 26 de junio de 2019, día en que empezó el gran incendio de Torre del Español en Tarragona. La humedad estaba en torno al 8 %, un valor muy por debajo del umbral a partir del cual acontecen los grandes incendios. À. Cunill Camprubí a partir de Nolan RH, Resco De Dios V, Boer MM, Caccamo G, Goulden ML, Bradstock RA (2016), ‘Predicting dead fine fuel moisture at regional scales using vapour pressure deficit from MODIS and gridded weather data’. ‘Remote’, Author provided

Ingredientes 3 y 4: ignición y meteorología

Una vez tiene suficiente combustible y está lo suficientemente seco, el bosque se encuentra en estado inflamable. Si en este momento se produce una ignición (tercer ingrediente), que el fuego propague y se convierta en un gran incendio dependerá de la meteorología de ese momento (cuarto ingrediente). Aun cuando tengamos los tres primeros ingredientes, necesitamos de condiciones tales como una ola de calor o altas velocidades de viento para que el incendio propague.

Decir que la causa de un incendio es un estercolero, como se ha dicho del incendio de Tarragona de la semana pasada, es un absurdo. Un incendio como ese se hubiera producido en cualquier otro momento, aun cuando la ignición hubiera sido generada por un tendido eléctrico en mal estado, por una colilla, por un rayo o por cualquier otra causa.

Volviendo al símil futbolístico, los balones son plenamente sustituibles entre sí y que usemos uno u otro no limitará el resultado de un partido de fútbol. Sin embargo, la lesión de uno de los jugadores más importantes sí puede condicionarlo. De la misma forma, centrarse en la causa de la ignición es errar el tiro ya que estas son sustituibles. Nos debemos centrar en otros aspectos.

Desmontando el cóctel: gestión forestal

De los tres ingredientes que nos quedan, que son el combustible, la humedad y la meteorología, solo hay uno que podamos gestionar: el combustible. Los otros dependen de factores meteorológicos y, por tanto, poco podemos hacer sobre ellos. La reducción de los grandes incendios pasa, por tanto, por el tratamiento y la gestión de nuestros paisajes. En qué debe consistir esa gestión será el tema de otro artículo.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Ciencia

Los niños pequeños aprenden palabras igual que los perros ¿Podrían hacerlo las máquinas?

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MaxPixel, CC BY

Los algoritmos y procesos de inteligencia artificial (IA) han recibido un impulso muy grande en los últimos años. A ello han contribuido las grandes bases de datos, la potencia de los nuevos microprocesadores y la mayor comprensión del funcionamiento matemático.

Sin embargo, las técnicas que están más de moda, como el famoso deep-learning, ya están dando muestras de agotamiento. Además, cada vez más científicos defienden que hay que desarrollar nuevas herramientas. En palabras de Pedro Domingos, “llevamos empleando los mismos principios desde 1950”.

En los últimos años, la inspiración que ha hecho avanzar a la IA proviene de la neurociencia y la psicología. Hoy parece mentira, pero en su origen estas dos disciplinas iban de la mano. Sin embargo, según se fueron desarrollando y especializando, cada vez se separaron más y más.

Hoy es el día en que la combinación de ellas puede arrojar luz sobre nuevos algoritmos de IA. En el presente artículo, quiero demostrar un caso particular, entre muchos, de alianza entre disciplinas.

¿Cómo aprenden palabras nuevas los perros?


Estos animales emplean una técnica muy curiosa. Pensemos que en un experimento disponemos de tres objetos: los nombres de dos de ellos son conocidos por los canes (por ejemplo, pelota y peluche), y el del restante, no (zapatilla).

Si pedimos al perro que nos dé la zapatilla, ¿cómo distinguirá el objeto correcto? A modo de descarte, elegirá el cuerpo cuyo nombre desconoce. Si nuestra respuesta es positiva, en adelante él aprenderá que zapatilla es ese objeto de tela de colores y goma.

No es la única manera en la que los perros aprenden palabras nuevas. Los investigadores afirman que, en esta manera de aprender, los canes lo hacen impulsados por una confusión mental. Los psicólogos llaman a este fenómeno el principio de mutua exclusividad.

Nuestras mascotas no son las únicas que pueden manejar este principio. Se ha demostrado que los chimpancés y los niños pequeños también la emplean. En definitiva, se conoce desde hace mucho tiempo.

La opinión mayoritaria de los científicos es que, debido a la complejidad del cerebro humano, la mutua exclusividad no es el único mecanismo que interviene en el aprendizaje de palabras. Pero no hay ninguna duda sobre su existencia. Basta con ver a un niño para entender que no existe aún ninguna máquina parecida a la mente de esa criatura.

Ahora bien, ¿cómo trasladamos esta habilidad a los algoritmos de IA tradicionales? Las redes neuronales actualmente carecen de mutua exclusividad, y de muchas más características del aprendizaje humano.

Por ejemplo, estas herramientas funcionan muy mal para aprender ideas nuevas sin borrar las antiguas. Tampoco para elaborar generalizaciones (si sabes conducir un modelo de coche, sabrás conducir el resto de modelos).

Por esta razón, se está tendiendo a integrar las aportaciones provenientes de la neurociencia y psicología. No tenemos ninguna certeza de que lleguemos a imitar perfectamente todo el aprendizaje humano. Pero ese es el tipo de respuestas que persigue cualquier labor de investigación.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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¿Contribuyen las dietas veganas a la malnutrición en los países desarrollados?

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El hambre oculta afecta a más de dos mil millones de personas en todo el mundo. La causa es la falta crónica de micronutrientes esenciales en la dieta, como las vitaminas y los minerales. Puede que los efectos de estas deficiencias nutricionales no se aprecien de manera inmediata, pero cabe la posibilidad de que deriven en consecuencias realmente graves, entre las que se podrían encontrar una resistencia menor a las enfermedades, trastornos mentales e incluso la muerte.

Aunque la mayoría de los casos de hambre oculta se dan en países en vías de desarrollo, este fenómeno está comenzando a generar preocupación en la salud pública de los países más desarrollados. Por ejemplo, la falta de yodo es la causa más común de trastorno mental prevenible, y Reino Unido se sitúa séptimo en la lista de los diez países con mayor deficiencia de yodo. Por otra parte, los datos que llegan desde Estados Unidos revelan que más de un cuarto de los niños padecen falta de calcio, magnesio o vitamina A, y más de la mitad sufren una carencia de vitaminas D y E.

Confluyen varias causas que ocasionan el hambre oculta en países desarrollados. Una de las principales se halla en el consumo (generalmente por aquellas personas con menos recursos económicos) de alimentos baratos, hipercalóricos, bajos en nutrientes y altamente procesados. Incluso aunque se consuman alimentos frescos, estos contienen un menor número de micronutrientes que antaño debido a la pobre calidad del suelo, que ha empeorado por culpa del cambio climático y por una gestión agrícola deficiente.

La creciente tendencia del veganismo


La creciente tendencia del veganismo podría llegar a convertirse en otra de las causas del hambre oculta en el mundo desarrollado. Según datos de la Vegan Society (Sociedad Vegana), el número de personas que han adoptado una dieta vegana en Reino Unido se ha multiplicado por más de cuatro en la última década. Un estudio encargado por el Vegetarian Resource Group (Grupo de Investigación Vegetariana) reveló que cerca del 5% de la población de Estados Unidos es vegetariana, y alrededor de la mitad de ese número practica el veganismo. (Nota del editor: Según la consultora Lantern, el 7’8 % de los adultos residentes en España es veggie).

Consumir una dieta basada en vegetales puede reducir el riesgo de sufrir enfermedades de carácter crónico y es beneficioso para el medio ambiente, pero las dietas veganas confeccionadas de manera defectuosa, es decir, aquellas que no reemplazan los nutrientes esenciales que se encuentran en la carne, pueden producir importantes carencias de micronutrientes.

La salud de los huesos supone una preocupación para los veganos. Suelen ingerir menores cantidades de calcio y vitamina D, lo que se traduce en una menor densidad mineral ósea y un menor nivel de vitamina D en sangre, datos que son comunes en los veganos de todo el mundo. A esto se añade que el índice de fracturas de huesos es un tercio mayor en los veganos comparado con el resto de la población.

Los niveles de omega-3 y de yodo son también más bajos comparados con los de los consumidores de carne, así como los niveles de vitamina B12, la cual se obtiene principalmente mediante alimentos procedentes de animales. En los veganos se han descubierto índices más altos de falta de vitamina B12 comparados con los hallados en los vegetarianos y en los consumidores de carne. Los síntomas pueden llegar a ser importantes, desde cansancio y debilidad extremos hasta mala digestión, pasando por retrasos en el desarrollo en los niños. Si no se trata, la deficiencia de vitamina B12 puede originar un daño nervioso irreversible.

La obtención de una menor cantidad de vitamina B12 de lo recomendado es normal en mujeres embarazadas y en los países menos desarrollados. Sin embargo, la frecuencia de deficiencia entre los vegetarianos y los veganos de países más desarrollados varían de manera llamativa según los diferentes grupos de edad. Aunque no sean considerados deficientes, los bajos niveles de vitamina B12 pueden resultar perjudiciales para la salud, llegando a incrementar el riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca.

La falta de vitamina B12 es normal durante el embarazo. Anna Om/Shutterstock

Posibles soluciones


Los veganos pueden prevenir la deficiencia de micronutrientes mediante el consumo de alimentos enriquecidos (alimentos a los que se han añadido vitaminas y minerales) y de suplementos. Sin embargo, las personas que siguen una dieta basada en plantas a menudo no toleran los suplementos, ya que estos interfieren en la absorción de otros nutrientes importantes.

Además, los suplementos veganos derivados de las plantas suelen tener una actividad biológica baja en los humanos. Hay estudios que demuestran que los suplementos veganos de vitamina D2 resultan menos efectivos que los suplementos de vitamina D3 (utilizados habitualmente) a la hora de aumentar los niveles de vitamina D en sangre. Otros suplementos, como los de vitamina B12, casi con total seguridad no producirán efecto alguno en el organismo.

El hambre oculta es ampliamente reconocida y está siendo abordada en países en vías de desarrollo con la puesta en marcha de programas organizados de biofortificación a gran escala. Quizá se deba llevar a cabo alguna acción similar para afrontar este problema en el resto del mundo.The Conversation

 

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Ciencia

El ejército de Estados Unidos contamina más que 140 países: se impone reducir esta maquinaria de guerra

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Las fuerzas militares de los Estados Unidos dejan una huella de carbono inmensa. Al igual que las cadenas de suministro empresariales, utilizan una amplia red mundial de buques portacontenedores, camiones y aviones de carga para abastecer sus operaciones de todo lo necesario, desde bombas hasta ayuda humanitaria e hidrocarburos. Nuestro nuevo estudio calculó la contribución de esta descomunal infraestructura al cambio climático.

Para contabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero, normalmente se tiene en cuenta la cantidad de energía y combustible que consume la población civil. Pero, según han mostrado trabajos recientes, entre ellos el nuestro, las fuerzas militares de los Estados Unidos son uno de los mayores contaminantes de la historia, ya que consumen más combustibles líquidos y emiten más gases de efecto invernadero que la mayoría de los países de tamaño medio. Si fueran un país, solo su consumo de combustible las situaría en el puesto 47 de los principales emisores de gases de efecto invernadero del mundo, entre Perú y Portugal.

En 2017 las fuerzas militares norteamericanas compraron unos 269.230 barriles de petróleo al día y emitieron más de 25.000 kilotoneladas de dióxido de carbono con la quema de esos combustibles. Las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos adquirieron combustible por valor de 4.900 millones de dólares, la Armada, 2.800 millones, seguida por el Ejército, con 947 millones, y los Marines, con 36 millones.

Buque de guerra perteneciente a la Armada de los Estados Unidos repostando frente a la costa de California. Jason Orender/Shutterstock

No es ninguna casualidad que las emisiones ocasionadas por las fuerzas militares de los Estados Unidos se suelan pasar por alto en los estudios sobre el cambio climático. Resulta muy difícil obtener datos coherentes del Pentágono y los departamentos gubernamentales estadounidenses. De hecho, los Estados Unidos insistieron en que se los eximiera de notificar las emisiones militares en el Protocolo de Kyoto de 1997. Ese vacío jurídico se subsanó en el Acuerdo de París, pero con la administración Trump, tras la retirada del acuerdo en 2020, volverá a producirse.

Nuestro estudio se basa en datos extraídos de numerosas solicitudes presentadas, de conformidad con la Ley sobre Libertad de Información, ante el Organismo de Defensa Logística de los Estados Unidos, el gran organismo burocrático encargado de gestionar las cadenas de suministro de las fuerzas militares estadounidenses, incluidas sus adquisiciones y su distribución de hidrocarburos.

Las fuerzas militares de los Estados Unidos han comprendido hace ya tiempo que no están a salvo de las posibles consecuencias del cambio climático, y reconocen que este fenómeno constituye un “multiplicador de amenazas” que puede agravar otros riesgos. Muchas bases militares, aunque no todas, se han estado preparando para las consecuencias del cambio climático, como, por ejemplo, la subida del nivel del mar. Tampoco han ignorado las fuerzas militares su propia contribución al problema. Como ya hemos mostrado en anteriores ocasiones, las fuerzas militares han invertido en el desarrollo de fuentes de energía alternativas como los biocombustibles, pero estos abarcan una parte insignificante del gasto en combustibles.

La política sobre el clima adoptada por las fuerzas militares norteamericanas presenta contradicciones. Se han hecho intentos de “ecologizar” algunos aspectos de sus operaciones, por ejemplo incrementando la generación de electricidad renovable en las bases, pero las fuerzas militares de los Estados Unidos siguen siendo, por sí solas, el consumidor institucional de hidrocarburos más grande del mundo. Además, en los próximos años no tendrán más remedio que utilizar sistemas de armas basadas en hidrocarburos, al depender de las aeronaves y los buques de guerra existentes para sus operaciones.

Los defensores del medio ambiente deben luchar para que se tomen medidas más exigentes que no se limiten a ‘ecologizar’ la infraestructura militar.EPA/Mohammed Messara

No se trata de “ecologizar”, sino de reducir las fuerzas militares


El cambio climático se ha convertido en un tema candente en el período de campaña para las elecciones presidenciales de 2020. Destacados candidatos demócratas, como la senadora Elizabeth Warren, y miembros del Congreso, como Alexandria Ocasio-Cortez, están pidiendo que se lleven a cabo iniciativas de envergadura en relación con el clima, como el Nuevo Pacto Verde. Para que cualquiera de esas medidas resulte eficaz, es preciso que las políticas internas y los tratados internacionales sobre el clima afronten el problema de la huella de carbono que dejan las fuerzas militares de los Estados Unidos.

Nuestro estudio muestra que la labor de lucha contra el cambio climático exige que se abandonen enormes secciones de la maquinaria militar. Hay pocas actividades en el mundo tan desastrosas desde el punto de vista ambiental como librar una guerra. Si se recortara de forma significativa el presupuesto del Pentágono y se redujera su capacidad para librar guerras, disminuiría enormemente la demanda del mayor consumidor de combustibles líquidos del mundo.

De nada sirve hacer pequeños ajustes en el impacto ambiental de la maquinaria de guerra. El dinero gastado en adquirir y distribuir combustible a lo largo y ancho del imperio estadounidense podría invertirse, en cambio, como dividendo de paz, ayudando a financiar un Nuevo Pacto Verde, sea cual sea la forma que adopte. No son pocas las prioridades políticas que podrían aprovechar este empujón financiero. Cualquiera de estas posibilidades sería mejor que abastecer de combustible a una de las fuerzas militares más grandes de la historia.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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