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Internacional

Sudán: revolución popular, al Bashir fuera del poder y futuro incierto

Las protestas contra este régimen corrupto han conseguido una importante victoria. Pero queda mucho por hacer hasta que la democracia regrese a este país africano.

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Tras meses de protestas y sentadas en torno al cuartel general de las Fuerzas Armadas en Jartum, el presidente sudanés, Omar al Bashir, se encuentra en arresto domiciliario desde el 11 de abril, mientras las Fuerzas Armadas del país se preparan para un gobierno de transición.

Muchos han denominado este levantamiento sudanés como la “revuelta del pan”, que protesta contra la subida de la inflación. Pero la realidad es que el pueblo sudanés se ha echado a las calles por mucho más que un problema económico o por el precio del pan. Pide libertad, paz, justicia y el fin del régimen de al Bashir.

Y por fin lo han conseguido.

La generación que lidera el levantamiento ha vivido toda su vida bajo el mandato de al Bashir, que comenzó hace 30 años. Los manifestantes son en su mayoría jóvenes profesionales que se han visto directamente afectados por las políticas de islamización y de arabización del régimen.

Estas políticas han sido especialmente duras con los derechos y libertades de las mujeres, lo que explica por qué las jóvenes sudanesas constituyen el eje central de este levantamiento. Dichas políticas también desencadenaron años de conflicto e inseguridad en Darfur, Kordofán del Sur y en el Nilo Azul.

El sistema de gobierno de Sudán se encontraba ya muy deteriorado por culpa de años de autocracia, nepotismo, corrupción y conflictos violentos.

La destitución de al Bashir puede hacer temblar los cimientos del país si no se encuentra a un sucesor sólido que lo remplace. No obstante, en mi opinión, si se tiene en cuenta la historia de gobierno de Sudán, es poco probable que las preferencias democráticas de muchos jóvenes manifestantes vayan a verse reflejadas en la realidad. Sus expectativas de una democracia funcional, con elecciones libres y justas y libertades constitucionales, no se cumplirán a menos que el próximo presidente del país sea un reformista.

Las primeras respuestas de al Bashir


El régimen respondió al levantamiento de tres maneras.

En primer lugar, al Bashir trató de volver a consolidar rápidamente su poder proponiendo cambios constitucionales que le habrían permitido ser reelegido en 2020. Esta medida se descartó rápidamente.

Entonces declaró el estado de emergencia nacional durante un año. El estado de emergencia prohibía reuniones y movimientos “no autorizados”. La violencia se desató mientras el régimen empleaba la mano dura para acabar con las protestas.

Al Bashir también disolvió el Gobierno y remplazó a los casi 18 gobernadores por oficiales del ejército. Ordenó al parlamento que retrasara la deliberación sobre las enmiendas a la constitución que se habían propuesto y que le permitirían presentarse a las elecciones del siguiente año.

Las protestas no cesaron, así que entonces apeló a un gran diálogo.

En un intento por mantenerse en el poder, al Bashir también acudió a quienes le habían apoyado económicamente en ocasiones anteriores: los países del Golfo Pérsico, Egipto y Rusia. Sin embargo, estos aliados no le ofrecieron mucho más que vagas declaraciones de apoyo.

También perdió el apoyo de quienes le respaldaban en Occidente: los antaño cordiales con al Bashir comenzaron a enviar severas advertencias.

Las protestas


Para cuando al Bashir dimitió, las protestas se habían expandido a más de 35 ciudades del país. La gente se echó a la calle en más y más lugares, siguiendo la primera manifestación en Atbara, una ciudad del norte del Nilo.

El actual levantamiento se desató a raíz de la decisión del gobierno de eliminar subvenciones a productos de primera necesidad y subir drásticamente el precio del pan. En cuestión de semanas, las protestas de Atbara llegaron a la capital, Jartum, a 349 kilómetros.

Mientras las manifestaciones estallaban por todo el país, agentes del poderoso Servicio Nacional de Inteligencia y Seguridad y la policía antidisturbios comenzaron a perseguir a los manifestantes. Sin embargo, las Fuerzas Armadas se abstuvieron de intervenir. Empezaron a correr rumores sobre la intención de al Bashir de ceder el poder a los militares. Pero Hassan Ismail, ministro de Información y portavoz del Gobierno, desmintió rápidamente esta información.

En los días anteriores a la renuncia de al Bashir, miles de manifestantes llegaron a la sede ministerial en Jartum. Allí también se encuentra la residencia del presidente, el cuartel general de las Fuerzas Armadas y la sede del Ministerio de Defensa.

Entonces los manifestantes fueron más lejos e intentaron conseguir el apoyo del ejército. Parecía que los oficiales más antiguos estaban debilitándose o que esperaban utilizar las protestas para presionar a determinadas facciones de la élite gobernante.

Los manifestantes utilizaron distintas tácticas para mantener el impulso del movimiento, entre ellas, hacer uso de las redes sociales, como Facebook, Twitter y WhatsApp. Las redes tuvieron un papel importante, a pesar de los esfuerzos del Gobierno por bloquear a los usuarios. Además, se utilizaron redes privadas virtuales para intentar acceder al único chat de mujeres en Facebook, llamado “Minbar Chat”.

Los vídeos grabados por los manifestantes fueron cruciales para documentar los crímenes perpetrados por las fuerzas de seguridad durante las protestas pacíficas. También fueron el medio principal para informar a la población sudanesa y a la comunidad internacional de la brutalidad del régimen de al Bashir.

Ahora que al Bashir ha dimitido, probablemente tenga que abandonar el país mediante un acuerdo de paso seguro a un país amigo, tal vez que con destino a algún lugar de Egipto o Qatar. La única forma de que se pueda quedar en Sudán es mediante un acuerdo previo con los militares que garantice su seguridad. Es posible que los nuevos generales a los que nombró tras la declaración del estado de emergencia lo apoyen. De hecho, su apoyo podría haber sido una de las razones por las que al Bashir decidió que podía renunciar.

Respecto al futuro, con o sin al Bashir, puede que las protestas continúen si el pueblo de Sudán entiende que muchos líderes del régimen opresivo siguen en el tablero de juego.


Este artículo, publicado originalmente en The Conversation África, ha sido traducido al español por Silvia Munín con la colaboración de Casa África.The Conversation Andrew Edward Tchie, Editor, Armed Conflict Database; Research Fellow, Conflict, Security and Development at International Institute for Strategic Studies, King's College London. This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.


 

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Trump afirma que Rusia retiró personal enviado a Venezuela

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este lunes que Rusia le informó el retiro de una gran cantidad de personal ruso que se encuentra en Venezuela.

Por medio de la red social twitter el mandatario norteamericano dio a conocer la información. Sin embargo, Rostec, un conglomerado industrial-militar ruso que opera en Venezuela negó lo manifestado por Trump.

Cabe recordar que Estados Unidos y Rusia están enfrentados actualmente debido a la postura que han mostrado frente a la crisis humanitaria que vive el país comandado por Nicolás Maduro.

Rusia junto a China y Cuba han brindado ayuda a la gestión de Maduro. Asimismo Estados Unidos junto a otros países han reconocido a Juan Guaidó como el presidente encargado del país.

En marzo de este año el gobierno ruso envió un avión a Venezuela con un equipo de alrededor de 100 efectivos. Esta situación provocó la respuesta inmediata de Donald Trump, quien emplazó a Putin a retirarse del territorio.

En cuanto a la información difundida, Rostec desmintió un informe publicado por el diario norteamericano The Wall Street Journal. En la publicación, el medio afirmaba la reducción del contingente ruso en Venezuela.

El conglomerado ruso afirmó que el periódico exageró las cifras publicadas en el artículo y que desde que llegaron al país en cuestión su personal ha sido de 10 personas.

Hasta el momento el gobierno ruso no ha emitido una declaración formal desmintiendo la información enunciada por Donald Trump.

España: crecen los ocupados que viven en hogares pobres

 

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España: crecen los ocupados que viven en hogares pobres

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En muchos países desarrollados la desigualdad de ingresos y la pobreza económica han crecido durante las últimas cuatro décadas. Los estudios sobre el tema ligan este progresivo aumento a la falta de mejoras de las políticas sociales que corrijan la creciente vulnerabilidad económica de amplias capas de la población, que sufren cada vez más precariedad laboral ligada al empleo temporal, a tiempo parcial y a los bajos salarios.

Un Estado que interviene menos de lo necesario


Así, a falta de una mayor intervención del Estado, el proceso de deterioro de las condiciones laborales desde los años setenta hasta hoy estaría detrás del progresivo crecimiento de las desigualdades y del empobrecimiento de la población en muchos países ricos.

La fuerte recesión económica de la última década, aderezada en Europa con políticas de consolidación fiscal, no habría hecho sino contribuir a deteriorar aún más el poder adquisitivo de muchos hogares con ingresos medios y bajos ampliando las diferencias de renta y aumentando el número de familias con ingresos inferiores al umbral de la pobreza, sobre todo en los países del sur del continente europeo.

Desigualdad de ingresos en aumento


Los autores del último informe sobre desigualdad global publicado por el World Inequality Lab en 2018 concluyen que la desigualdad de ingresos se ha incrementado en prácticamente todas las regiones del planeta en las últimas décadas, aunque a distintas velocidades.

Desde 1980, esa desigualdad de ingresos ha crecido en EE.UU., China, India y Rusia, y también en los países europeos, pero con importantes diferencias en el nivel y en la tendencia. Es decir, se observa que países con un nivel similar de desarrollo tienen niveles de desigualdad muy distintos, lo que muestra la relevancia de las políticas y las instituciones nacionales para influir en ella.

Prueba de ello es que Europa y Estados Unidos tenían niveles de desigualdad de ingresos similares hace tres décadas y en cambio hoy se sitúan en posiciones muy diferentes.

WID.world (2017).

WID.world (2017).

Centrando la discusión en los países más desarrollados, el informe concluye que en Estados Unidos la participación del 1 % más rico en la renta nacional se ha duplicado en las últimas tres décadas, mientras que en los países de la Europa Occidental esta participación aumentaba de forma mucho más moderada.

Además, en Estados Unidos ha caído más de un tercio la participación de la mitad más pobre de la población en la renta nacional, mientras que en Europa se ha mantenido casi estable y solo se ha reducido ligeramente.

Diferencias entre EE.UU. y Europa


Según los autores, las claves para entender estas diferencias entre Estados Unidos y Europa son, en primer lugar, la enorme desigualdad educativa americana que no deja de crecer e impulsa la desigualdad salarial y, en segundo, el creciente aumento de la desigualdad de las rentas de capital en ese país y su cada vez menos progresivo sistema tributario.

Si nos situamos dentro del continente europeo, es importante subrayar que tanto en la dimensión de la desigualdad como en su tendencia también se observan importantes divergencias entre países a lo largo de las últimas décadas, lo que está íntimamente ligado a un distinto funcionamiento del mercado de trabajo en cada país y a la diferente intensidad protectora de cada sistema de Estado del bienestar.

En esta línea, los trabajos recientes sobre el tema constatan que los 27 países europeos son distintos en cuanto a la dimensión de los efectos redistributivos de sus sistemas de prestaciones e impuestos y que su evolución temporal a lo largo de la última década ha sido también diversa dependiendo de la evolución de las rentas de mercado y de las reformas llevadas a cabo durante la recesión.

Políticas de austeridad y aumentos de desigualdad


En general, la evidencia empírica reciente apunta a que las políticas de austeridad en muchos países de la Unión Europea han estado asociadas a aumentos en la desigualdad de renta disponible, principalmente en la parte alta de la distribución. No así en el caso de los países periféricos como España, donde los aumentos en los ingresos públicos se consiguieron a través del aumento de impuestos personales y de consumo, más que aumentando impuestos sobre los beneficios o las ganancias de capital.

Como consecuencia, en los países del sur de Europa la recesión económica junto con la consolidación fiscal ha impulsado el crecimiento de la desigualdad de la renta disponible y la reducción de la capacidad adquisitiva de muchos hogares modestos, colocados más bien en la cola baja de la distribución.

Como han revelado multitud de informes recientes, España es uno de los países de la OCDE en los que la desigualdad de ingresos ha crecido más durante la recesión y se coloca actualmente entre los 4 países con mayor índice de Gini de la Unión Europea, solo por detrás de Bulgaria, Lituania y Letonia.

Coeficiente de Gini de renta disponible 2017 - Encuesta EU-SILC Number. Eurostat

Por tanto, lo que mantenía nuestra desigualdad de rentas cerca del nivel de otros países era la compresión de las rentas de mercado y el peso del sistema de pensiones contributivo, lo que hacía poco visible que el resto de nuestro sistema de prestaciones e impuestos, ya en aquel momento, no conseguía reducir las desigualdades como lo hacían los de otros países de nuestro entorno.

Cuando llegó la recesión


En consecuencia, cuando llegó la recesión y crecieron tanto el desempleo como el subempleo, la creciente desigualdad de rentas de mercado dejó ver que nuestro Estado del bienestar era débil y que sin reformas progresivas estábamos abocados a colocarnos a la cabeza de la desigualdad de renta disponible en el conjunto de los países de la UE.

Desgraciadamente, la recuperación del crecimiento y la reducción de la tasa de desempleo desde 2015 hasta hoy, por sí solas, no han conseguido colocarnos en los niveles de desigualdad de ingresos previos a la recesión como concluyen los autores del Informe sobre Bienestar Económico y Material del Observatorio Social de La Caixa y es muy preocupante ver claros indicios de aumento en el peso poblacional de los trabajadores pobres y de la precariedad laboral en los últimos años.

En poco más de una década el peso poblacional del subempleo, personas que viven en hogares donde los empleados están por debajo de un 20 % de su potencial de trabajo, ha aumentado en nuestro país de un 3 a un 7 %, y los ocupados que viven en un hogar pobre han pasado del 14 al 16 %.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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¿Está resurgiendo el antisemitismo en Europa?

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¡Qué pronto olvidamos nuestra historia más reciente!

La palabra “antisemitismo” tiene un origen relativamente reciente, pues nace en la década de 1870, bajo la pluma de Wilhelm Marr, a partir del concepto de “lenguas semíticas”, pero para significar únicamente el odio hacia los judíos (sin que el concepto abarque el odio hacia otros semitas, como los árabes). Pero este odio, fundamentado en una serie de estereotipos históricos inciertos (el judío sólo piensa en acumular riquezas, es avaro, promiscuo, sectario e incluso seguidor del maligno), no es algo del siglo XIX, sino que arrastra una historia milenaria, que empieza en la Antigüedad greco-romana y culmina con la acusación de ser el pueblo responsable de la crucifixión de Cristo (el famoso mito del deicidio).

Sin embargo, durante el siglo XIX prosperó en Europa un tipo de odio racial, de base ciertamente darwiniana, que fue perfilando a los judíos como una “raza” inferior en la escala evolutiva y, por tanto, acreedores de un carácter antisocial y responsables de todos los males de la Humanidad (el mito de los protocolos de los sabios de Sion o la confabulación judeo-masónica para alcanzar el gobierno mundial).

Todo ello alcanzó su momento más álgido y dramático en la Alemania nazi, con todas las leyes de segregación racial y la posterior “solución final” para el tema judío. Pero el antisemitismo también echó raíces en otros países europeos: véase el caso Dreyfus en Francia, en el que un capitán judío del ejército francés fue falsamente acusado de traición por el Estado Mayor, los pogromos en la Rusia de los zares por su apoyo a los movimientos comunistas y la posterior persecución judía en la Unión Soviética, o el apoyo de los aliados títeres del régimen nazi durante la II Guerra Mundial.

Librería antisemita en la rue Vivienne de París en 1901, fotografía publicada en Almanach de la Libre Parole en 1902. BNF / Gallica

Francia como ejemplo del nuevo antisemitismo


La concienciación internacional con el drama del Holocausto tras la guerra debilitó los movimientos de odio antijudío, y se fomentaron las reflexiones sobre los odios históricos hacia este pueblo, sobre todo desde diferentes instituciones cristianas (incluso el papa Juan Pablo II calificó al antisemitismo como un pecado).

Pero en las últimas décadas nos encontramos, fundamentalmente en Europa, con un rebrote de estas corrientes, siendo el caso de Francia, la patria de los derechos humanos y primer país que emancipó a los judíos, en 1791, especialmente preocupante, con un incremento de las agresiones antisemitas del 75% en 2018, pasando de 311 en 2017 a 541 en 2018.

Antes del año 2000 se contaban unas 100 agresiones anuales contra los judíos en Francia y a partir de ese momento se cifran entre 250 y 1000 por año (10.600 desde principios de la pasada década, según datos del Ministerio francés de Interior).

Evolución de los actos violentos antisemitas en Francia entre 1993 y 2017. Ministère de l’Intérieur. Francia.

Basten algunos ejemplos:

  • cruces gamadas sobre las lápidas del cementerio judío de Quatzenheim (Alsacia);
  • pasquines en los buzones de algunos barrios de París con cruces gamadas sobre el retrato de la expresidenta del Parlamento Europeo, Simone Veil, superviviente de Auschwitz;
  • ataque a una escuela judía de Toulouse, en 2012, con tres niños asesinados;
  • asalto a un supermercado kosher en 2015, con cuatro víctimas entre los rehenes;
  • asesinato en su domicilio de Mireille Knoll, una anciana de 85 años superviviente también de la Shoah, por su “pertenencia a la religión judía”;
  • negacionismo y saludos nazis de algunos integrantes del movimiento de los “chalecos amarillos”, con insultos antisemitas, incluso dirigidos al Presidente de la República, Emmanuel Macron, en recuerdo a su pasado como trabajador de la banca Rothschild, o al intelectual y académico de origen judío Alain Finkielkraut.

Desde el fin de la Guerra Mundial no se había asesinado a ningún judío en Francia sólo por su condición, pero desde 2004 ya se contabilizan 14 casos.

Imagen de la política francesa Simone Veil, superviviente del Holocausto, sobremarcada con una esvástica, en un buzón de correos de París, el 11 de febrero del 2019.

El rastro del antisemitismo en otros países


Aunque sin tanta relevancia, también existe evidencia de este rebrote del antisemitismo en otros países europeos, sobre todo alentados por movimientos fascistas y neonazis, como sucede en Alemania e Italia.

En otros casos es incluso auspiciado por las propias instituciones, como los Gobiernos de Polonia, con su proyecto de ley sobre el “Holocausto polaco”, o Hungría, que niega la participación de la burocracia de su país en el programa de exterminio nazi.

De acuerdo con un estudio realizado por Pew Research Center sobre el antisemitismo en Europa del Este, el porcentaje de la población que no concedería la ciudadanía a los judíos sería del 14% en Hungría, 16% en Grecia, 18% en Polonia, 19% en la República Checa, 22% en Rumanía y 23% en Lituania.

Por otro lado, según una encuesta realizada en 2018 por la Agencia de Derechos Fundamentales de la Comisión Europea, el antisemitismo es percibido como un gran problema por el 65% de la población de Francia, seguida de Alemania y Bélgica (43%), Polonia (39%) y Suecia (35%).

Una reflexión sobre las causas actuales del antisemitismo en Europa


Ante este panorama, cabe preguntarse cuáles son las causas de este resurgir del antisemitismo en Europa. Podríamos resumirlas en cinco:

  1. Un renacimiento de los milenarios prejuicios sobre los judíos, enmarcado en las corrientes negacionistas del Holocausto, y sobre la base de un déficit manifiesto del nivel cultural de las nuevas generaciones. Con el fallecimiento de los últimos supervivientes del Holocausto, el testimonio directo de su memoria se va perdiendo. A título de ejemplo, la mayoría de los jóvenes franceses desconocen qué fue la redada del Velódromo de Invierno, triste episodio de colaboracionismo durante la Ocupación nazi, y un 36% de ellos cree que “los judíos tienen una relación especial con el dinero”, según un sondeo de 2012 de la empresa CSA. Esto, probablemente, sea extrapolable a la juventud del resto de países europeos.
  2. El irresoluble conflicto entre el Estado de Israel y Palestina, especialmente utilizado por musulmanes y parte de la izquierda europea, que enmascaran el odio antijudío como antisionismo fanático, confundiendo al pueblo judío con las políticas de determinados gobiernos de Israel. De hecho, existe una correlación estrecha entre los momentos álgidos del conflicto palestino-israelí y los repuntes de actos violentos antisemitas en Europa.
  3. El auge de la ultraderecha en toda Europa, en cuyo patrimonio ideológico está siempre presente el antisemitismo y el negacionismo. Un ejemplo de ello es la adhesión de algunos seguidores de los “chalecos amarillos” al humorista Dieudonné M’bala, afín al Frente Nacional, que inventó la “quenelle”, ese gesto que se realiza apuntando un brazo hacia abajo en diagonal con la palma de la mano boca abajo, mientras se toca el hombro con la mano contraria, y quien ha manifestado públicamente su odio a Israel y a los judíos. El problema es la falta de respuesta a estas conductas por el resto del movimiento, lo que hace que se tornen en cómplices.
  4. El posicionamiento antisemita de parte de la ultraizquierda y de los populismos, que se han olvidado de la lucha de clases y la han reemplazado por la de las razas, hasta el punto de propiciar absurdas reuniones “sin mezcla de razas”, fomentando así un paradójico antirracismo neorracista, de corte claramente antisemita. Parte de los “chalecos amarillos” se han posicionado también en este sentido y han realizado pintadas con la palabra “Juden” (“judíos”, en alemán), en algunos almacenes de París, siguiendo la estela de las hordas nazis durante el triste episodio de “la noche de los cristales rotos”.
  5. El desarrollo de las nuevas tecnologías también ha contribuido. Bajo el anonimato que proporciona la red y su carácter apátrida, el ciberodio se está expandiendo de una forma imparable y a una increíble velocidad. Sin contrastar ninguna fuente, pues sus usuarios apenas recurren a los medios de información clásicos (periódicos, radio, etc.), en internet proliferan los mensajes de complots y contubernios de base antisemita. Un ejemplo es el caso del multimillonario y filántropo Georges Soros, de origen judío y húngaro, arquetipo de líder de confabulaciones judeo-masónicas que pretenden cambiar el orden político, y que ha sufrido una campaña de desprestigio alentada por el primer ministro húngaro Viktor Orban, bajo el lema “No dejes que Soros se ría de ti”.

Cementerio judío de Quatzenheim, cerca de Estrasburgo, con tumbas vandalizadas con símbolos nazis. (Quatzenheim, Francia, 20 de febrero de 2019). Hadrian / Shutterstock

La falta de control en la red en relación a los delitos de odio está motivando la exigencia de un cambio legislativo en la Unión Europea, tal como se ha propuesto recientemente en la Conferencia final del proyecto europeo Preventing Racism and Intolerance, celebrado en París, en la sede del Palais de Justice, y organizada por la Delegación Interministerial Francesa para combatir el racismo, el antisemitismo y la homofobia (DILCRAH).

El auge del antisemitismo puede corroer los cimientos básicos de la construcción europea y destruir sus históricos pilares.

Entre los grandes valores de la Unión Europea, recogidos en el Tratado de Lisboa y en su Carta de los Derechos Fundamentales, se encuentra el derecho a no sufrir discriminación por origen racial, étnico, o de religión, y la inviolabilidad de la dignidad humana. Debemos luchar para que estos principios sigan vigentes y Europa no vuelva a entrar en una edad oscura y fría, y combatir cualquier tipo de odio, como es el antisemitismo, frente a los intolerantes y fanáticos, pues, como decía el gran literato francés Victor Hugo, “cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga”.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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