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Economía

Dólar continúa en descenso: En cinco sesiones se hundió mas de $30

Constanza Mena

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El dólar continúa en descenso luego de la baja sufrida el día jueves, que marcó la mayor caída en casi 10 años para la moneda.

La moneda concluyó la sesión con las siguientes cifras: $663,90 vendedor y $663,60 comprador, tras caer $5,50. De esta forma, según informo el portal Emol, el dólar cedió $23,6. Pero el descenso se extiende hasta los $32,8, al considerar las últimas cinco cotizaciones a nivel local.

La diferencia en el cambio de la moneda en la conversión en pesos chilenos, tendrá varias repercusiones a nivel local. Expertos señalaron a Emol, «que por lo menos pasarán tres semanas antes de que la baja de precios del dólar que estamos viendo hoy día se transmita hacia los consumidores». El analista indicó que con esto, se espera que las bencinas deberían descender su valor en $5 por libro a mediados de octubre.

También durante la misma jornada, se destacó una fuerte alza en la Bolsa de Metales de Londres, para el cobre. El cual repuntó 2,41% con un valor de hasta US$2,41 por libra.

Frente a esto, Carlos Quezada, analista de Mercados XTB Latam señaló «Claves para el recorrido del tipo de cambio en los próximos días, será la posible alza de tasa de interés». Haciendo énfasis también en que «la variable más importante será el precio del cobre».

El panorama del dólar afecta directamente a la economía nacional, por lo que se espera ver el resto de sus repercusiones durante los próximos meses.

Economía

¿Cambiarán Facebook y Libra las reglas de la economía?

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Libra es la criptomoneda que Facebook ha anunciado tendrá operativa a partir del 2020. El trabajo se está realizando desde un consorcio denominado también Libra del que forman parte 28 multinacionales, entre las que destacan Visa, MasterCard, Paypal, Vodafone, Uber o Coinbase. La noticia ha provocado la reacción de diferentes reguladores anunciando que controlarán de cerca la iniciativa. La información que se tiene de momento ha sido suministrada por el consorcio, el proyecto está en desarrollo y quedan todavía muchas incógnitas por despejar.

Facebook ha demostrado a lo largo de su historia, especialmente durante estos últimos años, una gran capacidad de adaptación y aprendizaje. Ha tenido múltiples escándalos, asociados con la protección de datos, con las noticias falsas o con perfiles falsos, y de cada uno ha ido saliendo reforzado. En 2011 compró Instagram por 1.000 millones de dólares y en 2014 Whatsapp por 21.800 millones, superando en 2019 los 1.560 millones de usuarios diarios.

La competencia china de Whatsapp, WeChat, ha superado en 2019 los 1.000 millones de usuarios y permite realizar pagos y enviar dinero entre contactos desde hace años, con gran éxito. Ni Facebook ni occidente pueden quedarse atrás en esta carrera. Poder tener dinero y transferirlo mediante aplicaciones de mensajería supone un importante ahorro de tiempo y de costes por comisiones para los usuarios del servicio. Adicionalmente, puede dotar de infraestructura financiera a aquel que no la tenga, y aquí es donde Facebook parece que está decidido a hacer su gran apuesta.

Tecnología y pobreza


En apenas 20 años, las zonas más pobres del planeta han pasado de no tener infraestructura telefónica a tener una red de móviles que pueden comunicarse por Internet a través de aplicaciones como Whatsapp. La evolución tecnológica de las comunicaciones ha saltado en estos sitios de cero a Internet habiéndose saltado las redes de cable, las compañías de teléfono fijo y las operadoras móviles.

Adicionalmente, según el Banco Mundial, 1.700 millones de personas adultas no tenían cuenta corriente en el año 2017. La propuesta de Facebook es dar acceso a todas estas personas a un sistema financiero. Probablemente, tampoco esté despreciando como público objetivo a los jóvenes o a los delincuentes que, aunque por diferentes motivos, también tendrán fuertes incentivos a usar un sistema financiero paralelo.

Todo lo anterior está muy bien, pero está en un plano teórico-ideológico. De la teoría a la práctica hay una gran distancia que la tecnología va a ser capaz de recorrer en poco tiempo. Aun así, tratar de pronosticar cómo se va a realizar este recorrido está dentro de la economía ficción. Pensar que Facebook va a ser el catalizador de este proceso es un buen propósito, y también un brindis al sol. De momento hay una declaración de intenciones y un grupo de empresas que forman parte del consorcio.

En cualquier caso, hay gran incertidumbre, nadie sabe lo que va a pasar, y esto determina las posiciones estratégicas que están tomando los diferentes participantes en el juego. Por un lado, hay que protegerse de las posibles amenazas: pérdida de cuota de mercado, posibles competidores o aparición de nuevos productos o servicios. En paralelo, hay que estar en posición de poder aprovechar con rapidez las oportunidades que vayan surgiendo. En este sentido, para Visa, Mastercard o Paypal formar parte del consorcio Libra tiene un componente más defensivo que proactivo.

Aunque no tengan un especial interés en que triunfe un servicio de pagos alternativo al que ellos ofrecen, formar parte del consorcio les permite disponer de información de primera mano. En el caso de que triunfe Libra o algún servicio similar, además, podrán responder con rapidez o incluso podrán aportar su propia infraestructura.

‘Stable coin’


Desde un punto de vista regulatorio, todo parece indicar que la criptodivisa caerá por analogía dentro del marco regulatorio de las “entidades de dinero electrónico”, que pueden crear dinero en unas condiciones determinadas, pero no pueden ni recoger depósitos en dinero tradicional o participar en la política monetaria concediendo crédito como si hacen los bancos.

Desde un punto de vista regulatorio están localizados en Suiza, pero también pretenden ser internacionales.

Desde un punto de vista regulatorio el futuro cercano del proyecto promete dar mucho juego a los analistas, y dolores de cabeza a los supervisores.

Técnicamente la propuesta habla también de blockchain y de algoritmos. Todo parece indicar que, si se repite tres veces la palabra blockchain, alternándola con dos repeticiones de la palabra algoritmo se está en condiciones de acabar con la pobreza en el mundo, y lograr el fin de los grandes monopolios.

El tiempo decidirá si Facebook está invocando un inmenso poder, capaz de acabar en primer lugar con el propio Facebook, o estamos simplemente ante un paso más en el imparable avance de Internet.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Economía

¿Ganamos con la guerra comercial entre EEUU y China?

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La guerra comercial que la Administración Trump tiene con China es apasionante para los que estudian los efectos económicos de las políticas comerciales. En la teoría económica existe consenso a la hora de evaluar el efecto global de una guerra comercial: el bienestar global mundial tiene más probabilidades de caer que de mejorar. Pero ese bienestar enmascara que hay y habrá ganadores y perdedores. ¿Y España? ¿Estamos en el grupo de los ganadores o en el de los perdedores?

Podemos intentar saber si hay posibilidades de estar entre los ganadores. Cuando un país grande y con influencia económica como EEUU impone aranceles, los precios mundiales de los bienes cambian. La teoría económica y los datos históricos nos dicen que los estadounidenses verán abaratadas las importaciones que lleguen a su frontera.

A estos abaratados productos que llegan a la frontera se les fija un nuevo impuesto que llamamos arancel. Y este impuesto, como cualquier otro impuesto del mismo tipo, afecta negativamente al bienestar de los consumidores estadounidenses y positivamente a sus productores, porque ahora pueden vender los mismos bienes a precios más altos. Estos son los efectos económicos de mayor dimensión de un arancel y, si el arancel no es muy grande, no es extraño que para países como EEUU el efecto global sea positivo. Pero, ¿y para los productores españoles?

Qué importamos y exportamos

Lo primero es ubicar nuestro “patrón comercial” en relación a los de EEUU y China.

El patrón comercial se define como el tipo de bienes y servicios que exportamos e importamos. Examinando nuestro patrón comercial, observamos que es más parecido al de EEUU que al de China. Esto implica que importamos y exportamos bienes similares a los de los estadounidenses.

Y eso significa que, a causa del arancel estadounidense, los bienes que llegan a nuestras fronteras también se verán abaratados. Ahí tenemos un efecto positivo para nuestro bienestar, porque aumenta nuestra capacidad de compra de productos extranjeros. Pero, además, como aquí no se ha fijado ningún arancel, nos libramos del efecto negativo.

Como conclusión podríamos decir que ganaríamos, y sin llevarnos la fama de pendencieros que se ha ganado la Administración Trump.

Espionaje industrial


Hay otras ganancias que pueden surgir en este caso concreto. Por ejemplo, EEUU le exige a China que tome medidas en relación a la falta de protección de la propiedad intelectual que perciben en el gobierno chino en relación a la actividad de muchas empresas chinas. En breve: les piden que tomen medidas contra el pirateo.

Hay empresas en España que, después de gastar mucho dinero en investigación y desarrollo, han visto como en poco tiempo sus innovaciones eran también incorporadas por empresas chinas. Y esa imitación parece que sólo se puede explicar por la existencia de espionaje industrial. Esto, evidentemente, hace mucho daño. Todo lo que reduzca el espionaje industrial chino, en principio, es positivo para nosotros.

¿Quiere todo lo anterior decir que nos viene de maravilla esta guerra comercial? No. Quiere decir que hay aspectos positivos. Los aspectos negativos son también muy grandes: mayor incertidumbre en los negocios internacionales, mayores riesgos para nuestras empresas con intereses en China o en EEUU, represalias de China, el uso que haga China de su poder financiero (adivinen qué país es el mayor prestamista para el gobierno de EEUU), etc.

No es muy arriesgado decir que estos efectos negativos pueden llegar a superar a los positivos. Tampoco hay que olvidar que la Administración Trump antes atacó, entre otros, las lavadoras coreanas, el acero canadiense, los tomates mexicanos, y que en breve amenaza con meterse con el sector del automóvil europeo.

Como decía hace poco un antiguo alumno de la Universidad Pública de Navarra, ahora alto funcionario en la Unión Europea, es mejor que las empresas se concentren en el mercado propio. En nuestro caso, como somos Unión Europea, significa intentar aumentar la actividad con los otros 27 países que no nos pueden cambiar las normas comerciales del consolidado Mercado Único Europeo. ¡Ay, no!, que tenemos el Brexit. Pero esa es la otra historia apasionante para los profesores de Comercio Internacional.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en el blog Traductor de ciencia de la UPNA.The Conversation


Antonio Gómez Gómez-Plana, Profesor del Departamento de Economía. Investigador de INARBE, Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Economía

¿Por qué es tan difícil ahorrar?

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El Banco de España ha recomendado que la población en edad de trabajar destine más ingresos a constituir un ahorro para la jubilación. Pero, ¿cómo se puede ahorrar si no se puede llegar a final de mes? Hay dos factores que dificultan el ahorro: la precariedad de los salarios y la psicología.

España se encuentra en la parte baja de los países europeos en cuanto al salario medio y este hecho no se tiene suficientemente en cuenta. El margen es excesivamente pequeño para las familias. Además, incluso cuando se habla de la generosidad del sistema de pensiones todo queda distorsionado. Si el último salario es bajo, aunque la pensión lo sea también, es normal que la denominada “tasa de sustitución” sea alta.

Es decir, da la impresión de que las pensiones son buenas porque porcentualmente se acercan al salario que percibía el trabajador justo antes de jubilarse. La baja tasa de ahorro y la elevada tasa de sustitución, en el fondo, son reflejo de salarios medios bajos.

Mejor ahora que luego

El otro elemento que dificulta el ahorro es nuestra condición humana. Como norma general preferimos un premio inmediato a la promesa de una recompensa futura, aunque ésta pueda llegar a ser elevada. Se han realizado experimentos de laboratorio para concluir que la decisión no parece racional y que una persona inteligente, aquella que calcularía todas las posibilidades y elegiría la de mayor expectativa de ganancias, se deja llevar por su instinto. En la práctica, todos somos humanos, caemos en la tentación del consumo y dejamos el ahorro para más adelante.

Los expertos han recomendado en los últimos años que el ahorro se estimule con lo que denominan el nudging. Esta teoría afirma que para que realicemos determinadas acciones, como ahorrar, es necesario que haya incentivos que resulten prácticamente invisibles y difíciles de evitar.

Como imponer mandatos no se ha visto que tenga el efecto deseado, e incluso a veces tiene el contrario, la tendencia actual es pensar que el ahorro debe conseguirse con mecanismos casi automáticos, dado que es imposible luchar contra el bombardeo comercial que nos incita a gastar lo más posible y lo antes posible, para conseguir una satisfacción rápida.

La teoría del codazo

El nudging es el concepto de empujar o dar un codazo suave para inducir a una acción. Ya se refieren a ello Thaler y Sunstein en 2008 en su libro Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness publicado en español como Un pequeño empujón (nudge): el impulso que necesitas para tomar las mejores decisiones en salud, dinero y felicidad. Este libro ha sido best seller en Estados Unidos y recomendado por el Financial Times.

Sin embargo, si nos proponemos ahorrar mediante esos nuevos principios, tenemos el riesgo de usar una teoría simplista que dice que dejar de tomar un café diario a lo largo de toda una vida laboral puede suponer acaparar un capital nada despreciable el día de la jubilación. Unos 250 días laborables a euro el café, por 35 años, son 8.750 euros.

El caso es que, aunque nos lo propongamos, o no nos acordaremos o usaremos el dinero para algo diferente en algún momento, o siempre habrá quien diga que por saltárnoslo un día no pasará nada. Todos estamos de acuerdo en que no se puede someter a una familia a un estricto régimen de ahorro que imposibilite cualquier tipo de ocio.

Entre lo más innovador para inducir al ahorro se propone un sistema por el cual el redondeo a un valor en euros superior a lo que compramos con tarjeta de crédito se ingresa en una cuenta de ahorro. Así, sin esfuerzo, y automáticamente, se va llenando la hucha.

Más psicología que finanzas

Parece que el problema es más psicológico que financiero, y las fintech han visto el filón en este sistema. Pero la fórmula magistral no existe y hay quien señala, sin falta de razón, que ahorrar es también invertir bien. El ejemplo de los cafés es interesante para ilustrar lo que ocurre. Pongamos por ejemplo que los cafés que nos hemos ahorrado los invertimos al 1%; en términos nominales acabaríamos con 10.415 euros, un 19% más que si los hubiéramos colocado en un bote.

Sin embargo, si el coste de la vida ha subido un 2% anual en esos 35 años, en el fondo el valor real de ese capital acumulado sería muy inferior. Invertir bien es lograr que el valor real del ahorro logre por lo menos mantener el poder adquisitivo superando el incremento de la inflación. Hay algunas formas de conseguirlo, pero siempre tienen un cierto riesgo, como invertir en bolsa, por ejemplo.

El ahorro requiere control y una de las principales fuentes de error es no hacer una diagnóstico sistemático de las propias finanzas. Ver el presupuesto familiar, analizarlo y comparar con ejercicios anteriores para detectar dónde se están produciendo las desviaciones y el déficit es fundamental. La inmensa mayoría de las familias no lo hacemos. Es esta falta de costumbre y nuestra propia condición humana la que nos impide ser lo suficientemente racionales, sistemáticos y rigurosos.

En la esfera pública queda solucionar un problema endémico de salarios bajos sin disparar la inflación y, en nuestra propia consciencia, decidir si seguimos el juego a las empresas que premian sus beneficios por encima de una dignidad salarial aumentando la creciente desigualdad económica y restringiendo o imposibilitando el ahorro de las familias.The Conversation

Montserrat Guillen i Estany, Catedrática de Econometría, Estadística y Economía Aplicada, Universitat de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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