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Columna de Opinión

¿Cuánto vale nuestro voto?

El código postal es importante en las elecciones. De dónde vivamos y si está o no muy poblada nuestra provincia depende el valor de nuestro voto a la hora de elegir a los diputados del Congreso.

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Los ciudadanos de España con derecho a voto están llamados a las urnas en los numerosos procesos electorales que se celebrarán durante las próximas semanas. La primera cita en el calendario es el día 28 de abril, día en que se celebran las elecciones a Cortes Generales y Valencianas. Apenas un mes más tarde, el 26 de mayo, tendrá lugar el gran día de la participación ciudadana, con elecciones locales, autonómicas y europeas.

En las elecciones municipales se elegirá a los concejales de los 8.124 municipios de España.

En las elecciones autonómicas serán elegidos los parlamentarios de todas las Comunidades Autónomas, exceptuando Andalucía, Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana y el País Vasco, además de en las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

Por último, en las elecciones europeas se designará a los 54 diputados españoles de la Eurocámara. Hacía 20 años que no coincidían las elecciones municipales y las europeas. Estas últimas se celebran cada 5 años, mientras que las municipales tienen una periodicidad cuatrienal.

Legislación electoral


Todos los procesos electorales están regulados en nuestro país por la Constitución Española y por la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), así como leyes específicas en las diferentes comunidades autónomas.

El objetivo es el mismo en todos ellos: elegir a los representantes para cada administración. Sin embargo, el voto que emiten los ciudadanos no tiene el mismo valor según los comicios.

El verdadero valor de nuestro voto lo determinan, por un lado, el número de representantes que conforman cada institución y, por otro lado, la forma de elegirlos. En el caso del Congreso, los diputados se eligen a través de circunscripciones provinciales.

Según la LOREG, cada provincia es representada por un mínimo de dos diputados, salvo las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla, que cuentan con un diputado cada una. De esta forma se reparten 102 diputados. El resto, hasta 350, se asignan de forma proporcional a la población de derecho de la provincia. Concretamente, según la reciente convocatoria de elecciones a Cortes Generales, Madrid es la provincia con más diputados (37), mientras que Soria cuenta únicamente con 2. Esta forma de distribuir los escaños garantiza la representatividad de los territorios de menor población.

Reparto de escaños


Para repartir los escaños en cada provincia, en primer lugar se elimina a aquellos partidos que no hayan superado el 3% de los votos. En segundo lugar, la distribución de escaños entre los partidos políticos no se hace de forma proporcional, sino aplicando un sistema ideado en 1878 por Victor D’Hont, matemático y abogado belga que trabajó como profesor en la Universidad de Gante.

Este sistema es adoptado por un gran número de países (por ejemplo, Portugal, Países Bajos, Austria o Bélgica), aunque existen algunas otras alternativas, como los métodos Sainte-Laguë o Sainte-Laguë modificado y otros basados en cuotas de representación proporcional.

Según lo expuesto, la cuestión es: ¿vale lo mismo el voto de los ciudadanos de diferentes provincias al elegir sus representantes en el Congreso?

La respuesta es que no, porque en cada provincia el número de votos necesarios para elegir a cada diputado es diferente. Por especificar los casos extremos, en 2016 fueron necesarios 96.272 votos por escaño en Madrid, mientras que en Soria se necesitaron solo 24.809 votos.

En resumen, según dónde vivamos y cómo de poblada esté nuestra provincia, así será el valor de nuestro voto a la hora de elegir los diputados del Congreso.

En las elecciones autonómicas la situación es diversa: puede haber circunscripciones electorales (como en el caso de las elecciones en Cataluña o Castilla-La Mancha, en el que las provincias tienen una determinada representación en el Parlamento autonómico) o no (como ocurre en el caso de comunidades uniprovinciales).

Las elecciones europeas y municipales son diferentes, ya que la circunscripción es única. En estos casos no es necesario garantizar la presencia de ningún ‘subterritorio’. Eso hace que los resultados de aplicar el método de D'Hont en estos comicios sean similares a los obtenidos en un sistema de proporcionalidad directa.

Digamos, por tanto, que el lema ‘un ciudadano un voto’ casi se cumple en las elecciones municipales y europeas. Pero solo casi porque, en cualquier caso, una vez que se han producido las votaciones, no existe una forma de reparto totalmente justa.

Un sistema injusto


Como se ha podido comprobar, la injusticia en el reparto de los escaños se debería más al hecho de la división en circunscripciones y la asignación de escaños en cada una que al propio método de reparto elegido. En este sentido, si el reparto de diputados asignado a cada una de las circunscripciones se hiciera de forma proporcional, entonces el valor del voto sería más equitativo en las diferentes provincias, pero las provincias más despobladas no tendrían apenas representación parlamentaria.

Cada vez que se celebran elecciones en España se aviva la polémica sobre si hay o no que reformar nuestra normativa electoral. Sin embargo, esta polémica desaparece al constituirse los nuevos parlamentos que emanan de las urnas. No obstante, es importante que al emitir el voto –un derecho y un deber ciudadanos- seamos conscientes de su verdadero valor, que es muy elevado.The Conversation


Luis Felipe Rivera Galicia, Profesor Titular de Universidad. Métodos Cuantitativos para la Economía y la Empresa, Universidad de Alcalá

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.


 

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Votar no es igual de simple para todos

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Pixabay

La mayoría de los modelos del voto incluye los costes relativos a la actividad de votar como uno de los factores clave a la hora de explicar por qué la gente acude o no a las urnas. Estos costes comprenden tanto los relativos al desplazamiento al colegio electoral como los costes de información acerca de a qué partido votar.


Incógnitas en el voto

En realidad, no sabemos aún las razones por las que Downs, o el modelo de elección racional, se equivocó a la hora de anticipar que la abstención sería la norma, ni tampoco los motivos que empujan a una gran cantidad de gente a tomarse la molestia de ir a las urnas.

El porqué de que muchos consideren el acto de votar como un deber o el porqué de que muchos piensen, equivocadamente, que su voto tiene efectos relevantes en los resultados finales de los comicios, son asuntos interesantes que exigen un análisis más profundo.

Tampoco es que sepamos mucho acerca de por qué ciertas personas perciben que los costes del voto son más altos, o más bajos, que otras. En resumidas cuentas, el ejercicio del voto constituye, aún en nuestros días, una actividad relativamente “enigmática” y los estudios sobre comportamiento electoral siguen sin resolver cuáles son los determinantes de los costes de votar a nivel individual.

Percepciones de los costes del voto

En un trabajo publicado en The Journal of Elections, Public Opinion and Parties, nos hemos enfrentado al último reto, y lo hemos hecho con la ayuda de la base de datos “Making Electoral Democracy Work”, que contiene información acerca de los costes relativos a la actividad de votar y sus determinantes potenciales para las elecciones nacionales en Francia, Alemania, España, Suiza y Canadá.

De manera novedosa, hemos podido vincular el modelo de elección racional del voto, que considera irracional molestarse en ir a las urnas porque el voto individual “no cuenta”, con los modelos sociológico y psico-sociológico, que señalan que la gente vota porque lo considera un deber y/o porque obtiene una satisfacción personal al hacerlo.

Así, hemos puesto a prueba si determinados factores socio-demográficos y/o actitudinales pueden afectar a los costes de votar.

Figura 1. Author provided

En la Figura 1 mostramos los resultados de nuestros análisis. Tal vez no sorprenda a nuestros lectores que los costes de votar se reduzcan con la identificación partidista, la educación, la pertenencia a sindicatos y el tiempo vivido en el lugar en el que se convocan las elecciones, ya que todos estos factores deberían disminuir los costes informativos del voto, es decir, los costes asociados a recabar la necesaria información para mejor decidir a qué partido votar.

El signo negativo y el positivo de la edad al cuadrado significan que los costes de votar muestran una relación en forma de U con la edad: primero son altos, luego bajan (posiblemente porque los ciudadanos, al dejar de ser jóvenes, conocen mejor su entorno político y les cuesta menos decidir a quién votar), y finalmente, a partir de una cierta edad, vuelven a subir (posiblemente porque a los ciudadanos más mayores les resulta más gravoso acudir a los colegios electorales).

También hemos podido comprobar que los costes de votar son menores para los hombres y los urbanitas, pero, y esto probablemente sí que les resulte sorprendente, la presencia de hijos en el hogar no parece afectar a estos costes.

Finalmente, hemos visto que los costes se reducen con el interés político y con la importancia que se atribuye a las elecciones, posiblemente porque quienes están muy interesados y creen que las elecciones son muy importantes tienden a minimizar los costes que les supone el voto.

Altos costes pueden reducir la propensión a votar, excepto para las mujeres

Otro hallazgo interesante, aunque de alguna manera podría calificarse como intuitivo, es que todos los factores que aumentan los costes de votar contribuyen igualmente a reducir la propensión a ir a las urnas.

Eso sí, con una importante e interesante excepción: las mujeres perciben costes más altos que los hombres y, sin embargo, votan en la misma o en mayor medida medida que ellos .

Junto con el sexo, la otra variable socio-demográfica que está también fuertemente relacionada con los costes de votar es, como ya vimos, la edad. Solo los grupos de edades medias “disfrutan” de costes comparativamente más bajos. Los que tienen menos educación, los que viven en el mundo rural y los recién llegados a la región están en la misma situación que las mujeres y los jóvenes (y los más mayores) en cuanto a su percepción de costes superiores.

Podría interpretarse que la situación descrita representa un serio quebranto de uno de los principales principios de nuestras democracias: el principio de igualdad política. Especialmente, porque, al depender de variables como el sexo, la edad o el lugar de residencia, los ciudadanos que se enfrentan a mayores costes pueden hacer poco o nada para modificar esta situación.

Además, estas desigualdades colocarían a los cinco países analizados, todos ellos desarrollados y con democracias consolidadas, en una posición que podría, guardando las distancias, asemejarse a la de los Estados Unidos, pues en este último la abstención no se distribuye al azar, sino que se concentra en las minorías étnicas y en los grupos más desfavorecidos.

Conclusiones

Nuestros resultados tienen por lo tanto importantes implicaciones políticas y normativas: si queremos hacer más atractiva la participación electoral y reducir los mayores costes que perciben las mujeres, los jóvenes y los otros grupos identificados, no basta con diseñar campañas para el público en general.

Es necesario centrarse en dichos grupos y analizar cuáles son las razones que les llevan a tener unos costes comparativamente más altos que el resto de la población. Asimismo, debe estudiarse si existen obstáculos a la participación electoral y eliminarlos allí donde se encuentren.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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La revolución rusa llegó al tenis para quedarse

Javier Negrete Yáñez

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Tenis ruso

Pasada la mitad de temporada en el ATP Tour y muchos movimientos se han presenciado en el ranking, sobre todo con las jóvenes promesas del deporte blanco. Vemos banderas solitarias como Austria, Grecia, Japón, Georgia, Sudáfrica y estandartes múltiples como la de Italia, Argentina, Canadá, España, Francia, pero sin duda la que está marcando tendencia en las ubicaciones más altas del circuito es la de Rusia.

Hay dos exponentes rusos en el top ten, Karen Khachanov (posición 8) y Daniil Medvedev (posición 10), acontecimiento que no ocurría desde el 2010. Por otro lado, un mentiroso ranking 49 de Andrey Rublev, tenista de 21 años que a sus 19 obtuvo su primer título ATP y que debido a lesiones no pudo seguir cosechando victorias, lo que privo su alza en la mejor posición que tuvo en el circuito (31). Sin embargo, está última semana mostró un buen desempeño, alcanzando la final en Hamburgo, torneo que entrega 500 puntos. Algo no menor.

Con lo sucedido vemos que Rublev vuelve a mostrar su potencial, luego de un largo tiempo en el que estuvo perdido en el circuito. Los jóvenes de Rusia se están afirmando y con un promedio de edad en el cual pueden seguir puliendo su tenis. Khachanov y Medvedev con 23 años y la tercera mejor raqueta del país más extenso del mundo, tiene tan solo 21.

Entre los tres poseen nueve títulos, destaca un Master 1000, específicamente en París, obtenido por el ocho del ranking. Ayer, iniciaron su participación en el ATP 500 en Washington o más conocido como el Citi Open. Si bien el mejor posicionado de los tres más el menor de estos tenistas quedaron fuera inmediatamente, no significa nada en cuanto a la temporada que pueden logar.

Jugadores más que temibles para cualquiera, sobre todo para el Big Threeque con la aclamada próxima generación, encabezada por Tsitsipas y Zverev, ya han tenido más que un disgusto. ¿Será esta la nueva supremacía de Rusia en el tenis? Claramente puede ser, ya tienen dos jugadores dentro de los diez mejores y un tercero que de a poco recupera su nivel y lo levanta cada vez más.

Desde el 2011 que no se ven tenistas rusos con tanto potencial, el último fue Mijaíl Yuzhny,más atrás Davydenko, Safin, entre otros. Por esta razón de cara a lo que resta de torneos importantes y sobre todo el US Open, hay que ver con cierto cuidado lo que pueden hacer estos tres deportistas, ya que la revolución rusa está, y llegó para quedarse en el circuito del tenis profesional.

Karen Khachanov obtiene el Master 1000 de París


Revive los mejores momentos a la fecha de Daniil Medvedev


Ve lo mejor de la victoria de Rublev ante Thiem en Hamburgo


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Aires de Cambio

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Quienes pasamos los 40, recordamos vivamente aquellos días de invierno en que el aire de Santiago era simplemente irrespirable y no pocas veces había que quedarse en la casa para evitar las enfermedades respiratorias. Aunque desde hace décadas se han implementado numerosas medidas, desde la restricción vehicular hasta la prohibición del uso de la leña, hasta el presente parece ser un problema insoluble.

No es casual que la mayor preocupación ambiental para los chilenos sea la contaminación del aire.  La percepción de los chilenos es confirmada por informes internacionales, que ubican a nueve comunas chilenas entre las diez ciudades sudamericanas más contaminadas.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en Chile mueren seis mil personas al año por contaminación ambiental, mientras que a nivel mundial el 92% de los habitantes no respira aire limpio, pereciendo por esta causa más de siete millones de personas en el mundo entero. De esta cifra, 300 mil decesos se producen en el continente americano y casi cuatro millones en la región de Asia y el Pacífico.

Por esta razón, este año el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada 5 de junio desde 1972, estará dedicado a la lucha contra la contaminación del aire y China será el anfitrión global de este evento. Según ONU Medio Ambiente, China se ha convertido en un nuevo líder de la acción climática, por su alto y sostenido crecimiento en energías renovables y movilidad eléctrica.

En un año clave para las decisiones mundiales frente al cambio climático, el Día del Medio Ambiente es una oportunidad propicia para que nosotros, los ciudadanos, impulsemos a los gobiernos y a la industria a dar una respuesta más rápida y efectiva a esta emergencia global, especialmente teniendo en cuenta que la contaminación del aire es generada, entre otras fuentes, por el uso de combustibles fósiles, incidiendo directamente en el cambio climático y haciendo a nuestro país más vulnerable a sus efectos adversos.

En el caso de Chile, la principal fuente de contaminación del aire en las ciudades del centro sur del país es la calefacción de las viviendas por leña, particularmente por el uso de leña húmeda,  a lo que se suman las emisiones del sector transporte y las actividades industriales, lo que nos ha posicionado en el podio del triste ranking de las ciudades con mayor polución atmosférica de Sudamérica.

Si bien se han desplegado esfuerzos y distintos instrumentos del Estado para hacer frente al problema, el avance ha sido lento e insuficiente. Chile aún no cumple con los estándares establecidos en las normas de calidad primaria y secundaria vigentes. La calidad del aire continúa siendo un serio problema en el Gran Santiago, pero en Osorno, Coyhaique y Valdivia, la contaminación en el período invernal alcanza niveles insostenibles.

Es por eso que la próxima COP 25 representa una gran oportunidad no sólo para visibilizar los problemas ambientales que nos aquejan, sino también para lograr mayor conciencia ciudadana en torno a los cambios que cada uno de nosotros debe hacer para mejorar el aire que respiramos y, de paso, reducir el avance del calentamiento global.

Es también una gran oportunidad para potenciar las inversiones que nos permitan tener acceso a combustibles más limpios y a precios accesibles, de manera de avanzar en la protección del entorno y la salud  de nuestra población.

Desde que Chile inició su camino al desarrollo, respirar aire limpio se comenzó a volver un lujo y un recuerdo remoto de tiempos, ambientalmente, mejores que pareciera que no volverán. Pero entre el acostumbramiento a las nuevas condiciones atmosféricas y nuestro pesimismo endémico, algunas buenas noticias como el Plan de Descarbonización de la matriz energética, anunciado esta semana por el presidente Piñera, parecen mostrar una luz al fin del túnel.

Respirar aire limpio es un derecho esencial. Un derecho entre los más básicos que asisten a las personas y del cual, por obvio que parezca, no nos podemos olvidar.

Porque las cosas que damos por descontado, por sabidas se callan y por calladas se olvidan.


Giovanni Calderón Bassi - Director Ejecutivo, Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático

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